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RIO DE JANEIRO.- La difícil situación económica de Brasil llevó a que el Comité Organizador de Río 2016 recortara de 70.000 para 50.000 el número de voluntarios en estos Juegos Olímpicos. Sin embargo, para los miles de personas de todo el mundo que dejaron sus trabajos, estudios, familias y seres queridos para ayudar en la organización del megaevento, la recesión no pudo cercenar su entusiasmo.
“Tengo una gran pasión por el olimpismo y no me lo hubiera perdido por nada. Mi sueño era participar de unos Juegos Olímpicos en esgrima, pero lamentablemente pocos pueden llegar así que esta era una forma alternativa de ser parte del evento, aportar algo”, destacó el mendocino Luiz Andrés Abbiati, de 30 años y a punto de graduarse en Relaciones Internacionales, uno de los 600 argentinos que se desempeñará como voluntario en las competencias que comienzan este viernes.
La mayoría de los voluntarios, el 80% son brasileños, y el 40% de ellos del estado de Río de Janeiro, pero hay representantes de 156 países. Después de Brasil, los que más gente enviaron fueron Estados Unidos, Gran Bretaña, Rusia, Argentina, China, México, Alemania, Francia, Colombia e Italia, en ese orden. El 53% son mujeres, y si bien la inmensa mayoría son jóvenes (34% hasta 25 años, y 44% entre 26 y 45 años), hay un 22% de mayores de 45 años, según datos del Comité Organizador.
En el caso de Abbiati, quien habla inglés y en el par de semanas que lleva en Río ya se defiende con algunas palabras en portugués, se desempeñará en el área de asistencia a los comités olímpicos nacionales y le tocará dar asistencia a la delegación española en la Villa de los Atletas. Ya pensaba en presentarse como candidato desde que Río fue elegida sede, el 2 de octubre de 2009, y así lo hizo a mediados de 2014, cuando se abrieron las inscripciones. En noviembre de 2015, después de dos entrevistas online, fue seleccionado.
“De esta experiencia única me gustaría llevarme contactos para una oferta de trabajo en algún comité organizador. También me encantaría volverme con una novia…¡o varias!”, añadió.
Abbiati no conocía Río y ahora dice que le parece una ciudad “caóticamente bella”, llena de una energía contagiosa que le permitirá trabajar en largas jornadas, desde las 7 de la mañana hasta las 4 de la tarde al menos. Comparte un departamento en Copacabana con un mexicano, un español y una argentina, la bonaerense Chiara Berlese, de 23 años, originaria de Luján.

“Es una experiencia muy enriquecedora culturalmente, de gran aprendizaje para organizar eventos con mucha gente. Estoy segura de que me volveré con muchas nuevas amistades”, comentó Berlese, estudiante de Traducción de Portugués, quien trabajará en el área de comunicaciones en el Parque Olímpico de Barra de Tijuca.
Si bien los dos están muy informados sobre la serie de atentados terroristas que han sucedido en el mundo en las últimas semanas y recibieron aquí entrenamiento para saber cómo lidiar con paquetes y personas sospechosas, afirmaron no estar asustados.
“Llegué y me sorprendió la cantidad de controles, desde en el aeropuerto hasta en las calles, con mucha policía y militares. Pero nunca sentí miedo”, resaltó Berlese.
Como parte de las sesiones de capacitación online antes de llegar recibieron información sobre la historia de los Juegos, sus valores, la importancia del respeto a la diversidad y la inclusión, además de temas de salud y seguridad en el trabajo, liderazgo y servicios.
“Una vez aquí, se les enseñaron cuestiones relativas a sus actividades específicas, el transporte, cómo minimizar problemas con gente de distintas culturas, religiones y países, así como un entrenamiento muy puntual en torno a la seguridad, la importancia de chequear las credenciales, y estar atentos a actitudes sospechosas. Los Juegos ya tienen una preocupación adicional por el terrorismo desde hace muchas ediciones, pero se les resalta que todos tenemos responsabilidad por la seguridad en estos tiempos tan complicados”, explicó a LA NACION el director de Recursos Humanos del Comité Organizador, el brasileño Henrique González.
A cada voluntario el Comité le brinda un uniforme (tres remeras, dos pantalones, un par de zapatillas, tres pares de medias, una campera, una gorra, una mochila, una botella de para agua y un llavero), además de una comida diaria y una tarjeta de transporte. Al final, se llevarán un certificado de participación.
Para el carioca Rubens dos Reis, formado en Gestión de Recursos Humanos, quien se desempeñará con el público en general en el Campo de Golf, el desafío más grande es lograr que los Juegos en su ciudad natal sean todo un éxito pese a los problemas de infraestructura locales y el ambiente político turbulento que se vive por el proceso de impeachment a la suspendida presidenta Dilma Rousseff .
“Aún así creo que todo saldrá bien, que tendremos una experiencia fantástica, como si fuera un gigantesco Carnaval”, opinó el joven que desea hacer carrera en turismo.
La psicóloga Thirsha de Silva, 28, de Sri Lanka, comparte la actitud positiva frente a su nueva ocupación por los próximos 20 días. “Había escuchado tantas cosas malas de Río en las últimas semanas que pensé que me iba a encontrar con un infierno, pero la verdad es que me encanta lo que he visto hasta el momento. Estoy viviendo muy cerca de la playa y me parece lindísimo, con mucha gente alegre”, apuntó la ceilandesa, quien se divertía con unas nuevas amigas mientras uno de los tutores les impartía las “golden rules” (“reglas de oro”) a la hora de interactuar con los atletas internacionales.
Se les pidió que no les pidan fotos ni autógrafos, y que, bajo ninguna circunstancia, tengan sexo con ellos.
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