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La recuperación de River es evidente. Se percibe nítidamente en la confianza que han recuperado varias de sus piezas clave. Se palpita otra vez en ese juego práctico e implacable al mismo tiempo. Se descubre en la voracidad ofensiva y en la actitud nuevamente desafiante. Lejos de todo aburguesamiento. Y si además se topa con Deportivo Español, deficiente, confundido y excesivamente limitado, la ecuación no puede arrojar otro resultado que no sea la comodísima victoria que construyó casi con liviandad en el Bajo Flores.
Las diferencias entre uno y otro equipo resultaron tan abismales que de inmediato cualquier atisbo de análisis debe comenzar por esa descompensación de fuerzas. Y eso que River no llegó a deslumbrar, porque con mucho menos esfuerzo le alcanzó igual. Ni siquiera estuvo ante el opresión de exigirse. Solamente apoyado en sus jugadores, de una categoría individual arrasadoramente superior a la de los pares que tuvo enfrente, se encargó de superar el partido como si se tratase de un mero trámite burocrático. Sin alarmarse. Sin perder jamás el control. Con un dominio a voluntad de todas las situaciones.
Se trató de una victoria aburrida para los dirigidos por Ramón Díaz porque no conocieron ni el temor, ni las presiones y menos las urgencias. A los 32 segundos River ya ganaba con un remate anunciado desde afuera del área de Marcelo Gómez. Y de allí en adelante sólo fue cuestión de que se lo propusiese para infundir miedo y generar descalabro en la endeble última línea de los locales. Un desborde con decisión y velocidad de Salas por la derecha -dejó desairado a Meske- habilitó a Juan Pablo Angel con un centro atrás, que el delantero colombiano sólo tuvo que empujar la pelota al segundo gol.
Demasiado fácil. Hasta River se pudo permitir el lujo de no manejar constantemente la pelota porque aun los dirigidos por Luis Blanco con el balón, sus torpezas le impidieron maniobrarlo con cierto criterio colectivo. Así, imposible aproximarse hasta Bonano, un espectador lejano y desinteresado.
Las equivalencias nunca existieron. Cuando en el comienzo de la segunda etapa Salas -la figura del encuentro por explosión e improvisación- bajó magistralmente un centro en el área y Reinoso lo derribó para que el mismo chileno ampliase la ventaja con la ejecución del penal, River advirtió que tenía puesto el dedo sobre el gatillo de la goleada catastrófica.
Pero Español se salvó del vergonzoso papelón. Y eso que se convirtió en el mejor aliado, con todas sus precariedades al desnudo. Como cuando Pablo Fernández remató a cualquier lado -menos al arco, por supuesto- un penal que Placente le convirtió a Wilson Núñez, que poco después se marchó expulsado por doble amonestación.
Un ritmo de juego tan rutinario, previsible hasta el hartazgo por la superioridad millonaria, encontró un condimento de interés con la expulsión de Bonano (también por doble amarilla), que obligó al risueño ingreso de Angel al arco de River, porque Ramón Díaz ya había agotado las tres variantes. Igualmente, los visitantes no se inmutaron y hasta convirtieron la cuarta conquista con un violento remate desde 35 metros del debutante Carlos Netto. Para completar la trilogía goleadora (Gómez, Angel y Netto) de las incorporaciones del club de Núñez para el Clausura.
Apenas para los números y la anécdota quedó el descuento de tiro libre de Juan Martín Parodi, ante el improvisado Angel que armó mal la barrera, se ubicó peor debajo de los tres palos y no experimentó ninguna reacción ante un remate suave. ¿Pero quién le podía reprochar algo? La realidad de River ya había pasado por otros carriles, esos que tienen que ver con la jerarquía y la contundencia. Esos que Español no transita.
Dirigió Fabián Madorrán (regular) y las formaciones fueron las siguientes:
Español: Yorno (4); Almandoz (3), Banegas (4; 43 del PT, Nicotra, 4), Meske (4) y Reinoso (3); Segovia (4), Pablo Fernández (capitán, 5) y Real (4; ST, Núñez, 3); Parodi (5); Carrario (4; 26 del ST, Cisneros) y Canobbio (4). DT: Angel Cappa.
River Plate: Bonano (6); Hernán Díaz (capitán, 7), Celso Ayala (6), Berizzo (6) y Placente (6); Escudero (6; 15 del ST, Netto, 6), Marcelo Gómez (7), Berti (6; ST, Solari, 6) y Aimar (6); Angel (6) y Salas (7; 19 del ST, Cardetti). DT: Ramón Díaz.
Primer tiempo: 32 segundos, Gómez (R), y 13, Angel (R).
Segundo tiempo: 4, Salas (R), de penal; 33, Netto (R), y 40, Parodi (E). A los 8, Pablo Fernández (E) desvió un penal; fueron expulsados, a los 18, Núñez (E), y a los 25, Bonano (R), ambos por doble amonestación.
Reserva: Español 1 v. River 2.
Uno en cada arco. Cuando Roberto Bonano se marchó de la cancha expulsado por el árbitro Fabián Madorrán, al partido todavía le quedaban 20 minutos y Ramón Díaz ya había realizado los tres cambios. Entonces las indicaciones desde el cuerpo técnico señalaron a Hernán Díaz como improvisado custodio de los tres palos. Pero el lateral derecho trató de convencer de la "propuesta" a Celso Ayala porque el paraguayo suele despuntar el vicio del puesto en las prácticas. Pero el defensor tampoco se dejó tentar por la "invitación" y entonces los jugadores de mayor peso en la cancha resolvieron que Juan Pablo Angel cubriese la valla porque con el triunfo asegurado (River ganaba 3 a 0) ya no era necesaria tanta presencia ofensiva.
"Nunca había estado ocupando un arco de fútbol y me sentí muy raro, pero sólo pensé en serle útil a River. ¿El gol de tiro libre de Deportivo Español? No tenía ni idea donde ponerme y la verdad que ni vi cuando la pelota entró", contó sonriente Juan Pablo Angel. Goleador y vencido en la misma tarde.


