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MENDOZA.- "¡Yamber, Yamber, vení maestro, firmame un autógrafo. Sos un genio!" El heladero, que pedaleaba la ciudad en busca de algunos billetes, se tiró de la bicicleta al ver que Sebastián Rambert pisaba dos baldosas de la plaza Independencia, en su querida ciudad. "Mostro, ¿sabés las veces que grité tus goles en Boca? Tomá, te regalo un palito ¿O mejor querés un bombón? ¡Tomá el bombón! Y firmame acá", le decía con las manos temblorosas, mientras revolvía sus bolsillos en un busca de un papel. Tenía muchos, pero los nervios no dejaron que la mano entrara en ese apretado bolsillo. "Dame que te firmo en el carro, que va a quedar lindo. Pero mirá que ahora estoy en River... ¿eh?", le dijo Rambert.
La dedicatoria, estampada con fibra negra, se alcanzaba a leer a la distancia: "Para mi amigo..." El hombre, deslumbrado, se esforzó para contener sus emociones. Después, siguió un abrazo y la inolvidable despedida. Bicicleta en mano, el vendedor ambulante se fue con su historia a cuestas. Con el sueño cumplido. Acá, a la distancia, los futbolistas de River despiertan la admiración de propios y extraños. Son como una especie de dioses caídos del cielo que pueden verse, pero que no comen ni duermen. Y por eso quieren tocarlos.
"¡Santiago, asomate a la ventana que te queremos sacar una foto! ¡Son dos segundos, mi vida!". Afuera del hotel Aconcacagua, donde se hospeda la delegación de River, un manojo de no menos de 20 mujeres también se desesperan por ver a los jugadores con pinta. Claro que a ellas no les importa tanto el fútbol. No saben si Monserrat hizo ocho goles en el campeonato o si Bonano debiera recuperar la titularidad. Las fans luchan por conseguir un beso de Santiago Solari y de Juan Pablo Sorin, los más buscados por las niñas y las no tanto. Se pasan horas de guardia hasta que la noche diluye la histeria.
Las tácticas para filtrarse en la intimidad del hotel y lograr una foto con los ídolos son muy conocidas por los hombres de seguridad de River. Distribuidos en todos los sectores por donde transite el plantel, cuidan celosamente que nadie interfiera en su camino. Claro que siempre logra pasar alguno; aunque nunca se sepa cómo.
También es normal encontrarse con esos padres que van con sus hijos y, una vez que logran convencer al portero ("para que se saque una foto el pibe"), el chico termina fotografiando a su papá que, por el entusiasmo, hasta es capaz de olvidárselo en el hotel.
Todos los chicos se enloquecen con Ramón Díaz. "Pelado, nos podemos sacar una foto?", le dice Luciano, un hincha fanático de Boca. Y van... "¿Cuántas nos sacamos? ¿Cinco? ¿Vas a hacer, un libro?", lo pelea Ramón con mucha gracia. El riojano está siempre dispuesto para satisfacer cualquier pedido. Berizzo, Gancedo y Bonano siguen también esa misma línea. Escudero, Monserrat y Aimar, en cambio, son más reacios.
El despertador marca las 7.30 de la mañana. El coordinador del plantel, Luis Wilson -que es una especie de computadora eficiente que nunca falla- se encarga de levantar a los jugadores, que están hospedados en el séptimo piso del hotel Aconcagua. Uno más abajo, se concentra el cuerpo técnico y los periodistas. Bonano, Escudero, Gancedo y Acosta son los primeros en sentarse frente a la tasa de café. ¿Los últimos?, Ayala y Ramón Díaz.
Las bromas en el ómnibus son propiedad de Berizzo y del Diablo Monserrat -porque Burgos está con el seleccionado, claro-. Aunque el arquero de River ya encontró un reemplazante: el juvenil José María Paz es el promotor de todas las chansas entre los pibes. El día, en esta ciudad, suele ser bastante monótono. Los muchachos de Ramón salen muy poco y se conocen los pasillos de memoria.
Por la tarde, hay siempre un recital en vivo y en directo. El Diablo Monserrat intenta imitar a Antonio Ríos y a La Mona Giménez y musicaliza el hotel a pura cumbia. Sorin, en cambio, prefiere el rock y le escapa bastante a la pachanga.
Cuando llega la noche, los jugadores ya sienten el cansacio. El Pipa Gancedo y Santiago Solari están en posición horizontal no más allá de las 10.30. Otros, un poco más tarde, seguramente prendidos con alguna película.


