Un calvario: los Pumas empezaron a perder mucho antes

La derrota ante Inglaterra deja a los Pumas al borde de la eliminación.
La derrota ante Inglaterra deja a los Pumas al borde de la eliminación. Fuente: AFP
Jorge Búsico
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5 de octubre de 2019  • 09:53

TOKIO.- Los Pumas no estaban listos para que la gloria los llevara en andas en este Mundial de Japón. La noche del sábado 5 de octubre de 2019 en Tokio quedará clavada en el calendario como una de las fechas más negativas en la historia del seleccionado argentino. Todo lo que no tenía que ocurrir, sucedió. Casi como un sino fatal para un equipo que necesitaba un milagro deportivo y que terminó golpeado de la peor manera: goleado por Inglaterra, con un jugador menos desde los 17 minutos (no se discute la roja a Tomás Lavanini, pero sí la diferencia de criterios que hay para este tipo de acciones) y afuera de la pelea -aunque haya que esperar Francia-Tonga- cuando aún le queda un partido por jugar. Pero fue antes y no hoy que los Pumas empezaron a dar señales de que este trayecto tenía corta duración.

Es imposible abstraerse de lo que pasó en la cancha para ir más allá en el análisis global de todo lo que fue la excursión de los Pumas al continente asiático. Porque la expulsión de Lavanini resultó determinante. No se podrá saber nunca si los argentinos podían con los ingleses 15 contra 15; lo que sí está claro es que en este nivel es imposible ganar con uno menos. No es el fútbol, en el cual un equipo puede aguantar de distintas formas. Aquí no hay manera. Y con todo lo que se jugaba el seleccionado, sabiendo que no existía otra posibilidad que la victoria para seguir en carrera, una tarjeta roja, encima de un segunda línea, ya liquidó el partido cuando recién se estaba acomodando. En el momento en que Nigel Owens, a instancias del TMO, decidió la expulsión, ya se supo que los Pumas se quedaban afuera con un tiempo y medio por disputar. Lo que siguió fue un calvario.

El saludo de los jugadores a los hinchas en Tokio, después de consumada la derrota.
El saludo de los jugadores a los hinchas en Tokio, después de consumada la derrota. Fuente: AFP

Hay que rescatar lo que hizo el equipo en lo que quedó del partido. Lo peleó como pudo ante un equipo duro y clínico por donde se lo inspeccione. Pero era otra la cara que se esperaba de los Pumas en esta Copa del Mundo. Quedaron muy lejos de las expectativas que se centraron sobre ellos, aunque si se hilaba fino en lo que transcurrió del 2016 para acá, podía pasar lo que pasó. La actuación brillante de Jaguares en el último Super Rugby no se trasladó al seleccionado. Quizá haya que entender que son universos distintos. Pero ese es sólo un punto.

La UAR arrancó una nueva etapa a largo plazo en 2016 que tuvo consecuencias en el seleccionado. Para construir a futuro se tomaron decisiones que fueron en detrimento de los Pumas. Ejemplos: descartar a los que estaban en Europa de un día para otro y priorizar más a la franquicia de Jaguares. Esos elementos no entran en tela de juicio porque formaban parte de un proceso y los procesos son positivos cuando se piensa en el mañana y no en el resultado de hoy.

En estos cuatro años que pasaron desde el cuarto puesto en Inglaterra 2015, los Pumas jugaron muy pocos partidos en buen nivel. Perdieron mucho, con los europeos especialmente (sólo una victoria ante Francia, en Tucumán, en 2016). Si bien a Japón llegaron 16 jugadores que nunca habían estado en un Mundial, el recambio no fue suficiente en número ni en calidad internacional. Se cambió el staff y también la manera de jugar. La lista de 31 también ofreció huecos. Entonces, había datos como para suponer que los Pumas iban a tener inconvenientes en pasar la primera rueda. Pero la historia del seleccionado, el grupo que ya venía jugando junto, un staff con condiciones y la oportunidad única que significa un torneo de este tipo prendían luces de esperanzas. Finalmente, en la cancha no sucedió nada distinto de lo que venía pasando. Peor aún: el rendimiento fue más deficitario.

Tomás Lavanini se retira expulsado.
Tomás Lavanini se retira expulsado. Fuente: AFP

No puede soslayarse todo lo que rodeó en estos días las concentraciones de los Pumas en Tokio y en Osaka. Aquí mismo y desde la Argentina se generó una usina de rumores para todos los gustos. Hubo de todo tipo de chismorreos: que buena parte del grupo estaba peleado con Ledesma; que los jugadores querían acá a Quesada; que Matera se había cruzado con el entrenador; que los jugadores estaban peleados entre ellos; que hubo trompadas. Todo lo que se puedan imaginar. Nada confirmado. Nada comprobable. Pero algo de esto se ventiló desde adentro mismo del plantel. Y eso, más los años que este cronista lleva cubriendo seleccionados y Mundiales, permitieron sospechar que no estaba todo lo bien que debería estar un equipo que apunta a tener un buen papel en una competencia de este tenor. Había un aire de que algo no venía bien desde antes. Que estaba roto. El partido con Francia lo ahondó. Las exclusiones de Sánchez y Creevy abonaron ese terreno de malestar.

Hubo errores de conducción y jugadores por debajo de su nivel. Sólo Guido Petti -uno de los mejores del mundo en su puesto- sostuvo un gran rendimiento en los tres partidos. El trabajo profesional a nivel mental sigue siendo un tema pendiente para el grupo. Acá se volvió a fallar estrepitosamente. Hay muchas veces discursos uniformes y vacíos. Como si todos estuviesen programados.

El resumen del partido

Tiene razón Ledesma cuando dice que hoy empezó el próximo Mundial. Es un proceso el que viene llevando el rugby argentino. Pero habrá que hacer una profunda autocrítica. También entender que la Argentina todavía no tiene una infraestructura profesional acorde para pelear un campeonato. Habrá que dejar de lado personalismos, egos y revisar ciertos manejos. La UAR también. Un aspecto, por ejemplo, es el vínculo -más allá del negocio- con su sponsor para las plataformas de comunicación. Como poner un plantel a disposición a toda hora o llegar a la insólita exclusividad para la foto oficial de la delegación que vino a Japón. Un sistema del que también participan dirigentes y jugadores.

En 2015, mientras los Pumas avanzaban, Inglaterra se iba del Mundial en su propia casa en idéntica situación a la que hoy viven los argentinos: a falta de un partido. Cuatro años después, la situación se revierte. Los procesos mundialistas son así, salvo para los All Blacks que siempre están en la pelea de arriba. No hay que dramatizar lo que pasó. Era posible. Los Pumas pueden ser candidatos en Francia 2023. Pero todos los involucrados deben mirarse en el espejo cuanto antes.

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