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Este Regatas es un equipo en formación, uno que busca crecimiento y consolidación. Conocerse mejor, ensamblarse más sólidamente. Es un grupo que, con otros nombres, quiere recorrer el camino de aquella formación histórica que cosechó el subcampeonato de 2002, sólo superado por el invicto SIC. Pero para ello debe mejorar. Y sacarse algunos estigmas de encima.
Uno de ellos es el CASI. La camiseta cebrada siempre fue un fantasma para los de Bella Vista. Como le ocurre con los grandes de la URBA, obtener una victoria ante ellos es toda una proeza. Ayer lo lograron, pero no tuvo sabor a hazaña. Fue algo normal, como quien entiende que esto debe ser algo rutinario; que puede ganar o perder, pero que la derrota no es algo determinado de antemano. Así lo dejó ver en la cancha. Porque se impuso con solvencia, a pesar de un score exiguo (23-15).
Lo hizo con firmeza, se dijo. Sin temerle al pasado. Porque ya casi no quedan nombres en este Regatas de aquella hazaña (sí lo fue esa vez) de 2002. De los backs, sólo permanece firme en su puesto el medio scrum, Javier Spencer-Talbois; Sulpis emigró, pero quedó Joaquín Fernández Gill, que nada tiene que envidiarle a su patada; la explosión de Lisandro Carbó fue reemplazada por la de Manuel Ruiz; en los wings ya no vuelan Acevedo y Cuadros, sino que están dos chicos de 19 años con proyecto: Julián Paulini y Merello, y Mariano Lecot se hace fuerte en el centro de la cancha, para hacer olvidar a Cuesta Silva y Peire. Entre los gordos también hubo cambios de nombres, pero la presencia de Pablo Camerlinckx hace todo más sencillo.
A todos les falta rodaje, es cierto. Pero no le temen al crecimiento, experiencia que puede ser traumática en algunos casos.
Y en ese crecer de a poco que se pusieron como meta estaba este de los fantasmas. Lo esfumó con suficiencia. Soportando el asedio en el arranque de los dos tiempos y golpeando en momentos decisivos del partido.
En el amanecer del encuentro, fue el CASI el que llevó las riendas del partido. Fue el que dominó el territorio y las acciones. Pegó primero, entonces, con una conquista del veloz Santiago Rigo, sobre la bandera izquierda. Golpe tempranero para Regatas, que igual no lo sintió.
El partido era aburrido. Abundaban las imprecisiones en el manejo de ambos lados, se cometían numerosas infracciones en la marca y así el partido se hacía cortado; no había continuidad.
¿En qué se diferenciaron? En el primer tiempo, Regatas fue dominador de las formaciones fijas: sacó buenos réditos de la hilera e hizo retroceder (y perder la posesión) en varias ocasiones al pack del CASI. La otra gran diferencia fue la de los pateadores: Joaquín Fernández Gill acertó cada vez que intentó a los palos (tres penales y dos goles), mientras que su tocayo Puignau tuvo una efectividad nula.
Así, en el primer tiempo, los locales se fueron en ventaja por 13-5, por dos penales del apertura y un try penal concedido por el árbitro a causa de las infracciones del srum del Atlético.
Tras el descanso, otra vez presionó el CASI, que achicó distancias con un try de Alarcón (line y maul). Pero nunca existió la sensación de que el partido cambiaría de manos. La certeza de ello llegó a través de una conquista de Pablo Camerlinckx (metros ganados por el scrum) y otro penal del Nº 10.
Hubo tiempo, sí, para una conquista de Zaldívar Posse, pero Regatas ya lo tenía dominado. En esta etapa de crecimiento, aprobó otro duro examen. Y sigue invicto en el torneo. No es poco.
Festejo y regreso
Pablo Camerlinckx, capitán de Regatas, tuvo ayer una jornada feliz: en su cumpleaños Nº 34 marcó una try en el triunfo sobre el CASI. Además, en el Atlético se produjo el regreso, después de casi tres años, de Patricio Fuselli. El Colo había emigrado a Cavalieri Prato, de Italia, a mediados de 2001.




