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David Campese fue, es y será un monstruo del rugby. No caben dudas de ello. Algunos, lamentablemente, no lo vieron jugar; otros, bastante poco. Pero fueron muchos los que sí lo disfrutaron. A punto de cumplir 45 años, campeón mundial en 1991 y técnicamente un dotado, astuto e intuitivo, fue fullback y wing de los Wallabies, con 101 caps y 64 tries. Pero no es la idea circunscribirse a los números, sino partir de un concepto suyo que ayer provocó revuelo en el búnker de los Pumas, en momentos en que el seleccionado necesita tranquilidad y concentración.
"Francamente, el enfrentamiento entre Escocia y la Argentina no es rugby. Será muy aburrido. Un cuarto de final de este nivel no será gran publicidad para el rugby" , dijo Campese.
Está más que claro que, a partir de su condición de referente, Campese puede opinar y su punto de vista nunca dejará de ser enriquecedor. Lo que no se sabrá es si la frase fue casual, producto de una reflexión y gustos personales, o causal, coincidentemente con la suerte de debate que se ha generado sobre por qué los Pumas no son incluidos en una competencia regular internacional a pesar de la superación que evidencian.
Pongamos que fue casual. Cuesta creer que Campese haga hincapié en el tema publicitario del deporte; las derivaciones podrían ser numerosas si se considera lo que representa un Mundial, que ya se ingresa en zona de eliminación directa y los errores son más determinantes que lo habitual, que ya no importan los bonus. Llama la atención que una personalidad como él, de una potencia deportiva que en su momento necesitó reclutar al Topo Enrique Rodríguez y al Pato Noriega, no haya focalizado su comentario desde otra óptica; por ejemplo, "es enaltecedor que un país con tantas limitaciones, retrasado organizativamente en muchos aspectos, que debió pelear por mejoras y sigue desgastándose en rencillas con la dirigencia, haya mostrado semejantes progresos y esté donde está".
Si apelamos a la memoria, el propio Campese fue parte de un equipo formidable: los Wallabies, que ganaron el Grand Slam por las Islas Británicas en 1984, acompañado por el fenomenal Mark Ella, Michael Lynagh y Nick-Farr Jones; que más tarde se adjudicaron la Bledisloe Cup contra los All Blacks, y que... en el primer Mundial (1987) quedaron fuera de la final por retacear gran parte del talento que podían desplegar en la cancha. Aquel cuasi científico conjunto comandado por Alan Jones al que le faltó despegarse un poquito de los esquemas y que sólo mostró sus bondades en la recordada semifinal perdida de Sydney ante Francia.
Lo nocivo -y contradictorio- de la historia es que día tras día los Pumas, en medio de los elogios, tengan que estar reclamando reconocimiento. Aunque ellos, en verdad, lo asuman con hidalguía. Y acaso como una forma de motivación.


