El espíritu de familia detrás de Floresta RC

Un entrenamiento del Floresta Rugby Club
Un entrenamiento del Floresta Rugby Club Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo
Jorge Búsico
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30 de julio de 2020  • 00:01

Javier Roberto fue filmado por un teléfono celular una mañana cuando se subía a su moto en medias. Segundos antes, le había regalado sus zapatillas a un chico que juntaba cartones y que iba por la calle casi descalzo. La imagen se viralizó tal la lógica de estos tiempos, que no sólo corresponden a la pandemia. Cuando las cámaras de distintos canales lo fueron a entrevistar, Roberto, más conocido entre sus afectos como el "Alacrán", los recibió con un barbijo de Floresta Rugby Club y con un concepto: "Lo que hice tiene que ver con lo que aprendí del rugby en mi club". Roberto nunca jugó al rugby, pero a través de su hijo forma parte de la vida diaria de Floresta desde los inicios del club, que el 3 de septiembre próximo cumplirá 15 años.

Uno de los espejos de Javier Roberto fue Jorge Palma, quien sí jugó al rugby desde chico en Newman hasta llegar al plantel superior. En 2007, Palma vio una nota sobre Floresta ilustrada con una foto en la que estaban Juan Marchetti, su fundador, y un grupo de chicos. Les faltaba de todo pero les sobraba la pasión. "El Gordo viene un día y me dice: "Frugo, me voy a entrenar a Floresta". Yo no sabía que existía Floresta Rugby Club. Cuando le pregunté por qué se iba, me dijo: "No tienen cancha, no tienen dónde entrenarse, pero le ponen unas ganas y voluntad increíbles, por lo cual los voy a ayudar", cuenta Fernando García Frugoni en un video que produjo la comunidad de Newman.

Una práctica del Floresta Rugby Club
Una práctica del Floresta Rugby Club Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo

"Un día estábamos con los chicos en una de las plazas de Floresta donde nos entrenábamos, y apareció Jorge en un taxi. "Vengo a sumarme", me dijo. Y se quedó con nosotros. Jugó, entrenó y nos ayudó mucho a crecer", relata Marchetti. En 2013, una muerte súbita se lo llevó a Jorge Palma. Tenía apenas 33 años. Como homenaje, la gente de Floresta le pidió a la de Newman jugar un partido con los compañeros de Jorge de la camada 80 del Bordó. "Fue una de las cosas más emocionantes que me tocó vivir", agrega García Frugoni.

La 80 de Newman está colaborando hoy con un emprendimiento solidario surgido del rugby de Floresta: asisten a los barrios pobres del sur de CABA con alimentos, remedios y pañales. Ya van por la decimoquinta entrega. También están organizándose para regalar juguetes por el Día del Niño. Otro hombre de Newman, Alejandro Oneto Gaona, quien además entrenó en M15 a Palma, está colaborando con Floresta en su especialidad: coaching mental. "Aquí te encontrás con el rugby en su pura esencia", completa Oneto Gaona.

Sin cancha y sin predio, pero todo vale para entrenarse en Floresta
Sin cancha y sin predio, pero todo vale para entrenarse en Floresta Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo

El andar de Floresta Rugby Club en estos 15 años no ha sido sencillo. Ya pasaron por 9 canchas y decenas de lugares de entrenamiento. Pese a las distintas promesas de los sucesivos gobiernos porteños de Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta, nunca se les cedió un espacio. A las dificultades que dejará la pandemia, al sueño del predio propio de Floresta se les presentan otras trabas producto de una ciudad que tiene un muy bajo índice -y desigualmente repartido- de espacios verdes por habitante (la mitad de Montevideo, por ejemplo; 4 veces menos que Nueva York), una política de venta récord de edificios y espacios públicos para negocios inmobiliarios, y una emergencia de villas que continúan en la precariedad.

"Hasta antes de la pandemia teníamos 300 jugadores, pero no sabemos cómo vamos a volver. Hay muchas familias con problemas de todo tipo y, ya que no todos tienen buena conectividad, no pudimos estar mucho en contacto", dice Marchetti, quien tampoco sabe si podrán seguir jugando en el Sindicato de Empleados de la AFIP, en Ciudad Evita, donde están desde 2017. "Sólo gracias el espíritu de familia de rugby que se ha construido pudimos afrontar tantos contratiempos", agrega. Pero como apunta Javier Roberto: "Jorgito nos está cuidando desde el cielo. Él nos enseñó a ayudar sin pensar en lo que te queda". El rugby tiene el don de construir estas historias.

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