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ROSARIO.- "De los segundos nadie se acuerda; si la noche que jugamos con Buenos Aires, Di Bernardo hubiese acertado más (en referencia a la primera fecha, cuando el N° 10 falló un penal factible en el minuto final y el cotejo terminó igualado 21-21) ahora estaríamos hablando de otra cosa. Pero estamos bien, porque, aunque no nos alcanzó para ser campeones, el equipo mejoró y ahora da pelea...".
Las palabras sinceras del experimentado Diego Silvetti reflejan un poco el sabor amargo con el que los rosarinos se despidieron del Argentino. La ilusión de dar la segunda vuelta olímpica después de 37 años (sólo ganaron el título en 1965) se frustró, pues si bien el seleccionado de Rosario venció a Tucumán por 21-20, casi sobre la hora con un penal de Di Bernardo, no pudo sumar el punto de bonus y eso lo alejó de Buenos Aires y lo colocó en el segundo escalón (antes de esta última fecha, ambos eran punteros con 16 unidades).
La lluvia limitó en tomo sentido una de las características de los rosarinos (el juego de manos), y favoreció el funcionamiento de los tucumanos (con gran oficio para el roce). En ese contexto y con la obligación de tener que ganar, resultó inevitable que se diera una intensa pulseada entre los forwards. Dicha batalla fue equilibrada, sólo que Tucumán encontró oportunidades en un par de fallas ajenas para marcar en el in-goal (el try de Terán, por ejemplo).
El tesón de Rosario -obstinado en perforar por el centro de la cancha- encontró como exclusivo aliado la puntería de Di Bernardo, autor de todos los tantos (convirtió siete penales). La defensa de la Naranja no ofreció ni una mínima brecha para que los locales cumplieran con su cometido.
Nadie celebró en el barrio Las Delicias, pero los rugbiers rosarinos no se permitieron que la desilusión los atrapara. Eso fue lo que por lo menos trató de demostrar Camilo Boffelli con sus declaraciones: "Ganamos un partido dificilísimo, el más complicado del campeonato. Pero una de nuestras falencias fue que no supimos rematar algunas veces. Lo que nos queda como satisfacción es que ahora Rosario aprendió el rugby de contacto; no jugamos como le gusta a la gente , pero antes, este tipo de encuentros los perdíamos. En el torneo se notó que para vencernos hay que luchar bastante".

