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BRUSELAS (De un enviado especial).- La caminata es agradable. José María Núñez Piossek señala el horizonte y dice que la cúpula que se ve a lo lejos es la de una de las iglesias más grandes del mundo. Se refiere a la basílica de Koekelberg. Martín Schusterman observa intrigado, pero no pregunta. "Para la Grand Place todavía tenemos que caminar un poco más", apresura el paso el tucumano, azuzándole a su compañero con una palmada en la espalda.
El recorrido llega a su fin después de unas diez cuadras a ritmo intenso. Allí, majestuosa, sorprende la Grand Place, el punto más bonito y atractivo de esta ciudad, una plaza de adoquines y bohemia, rodeada de historia, palacios y monumentos.
Entre la ola de turistas, los jugadores de los Pumas pasan inadvertidos y no son reconocidos. Martín pasea y mira azorado. Saca fotos y camina. Se va. "Yo ya la conocía, es un lugar muy lindo. Cuando la visité por primera vez me quedé impactado", dice José, en el comienzo del diálogo con LA NACION, en el corazón de la Grand Place.
"De jugar no me olvidé. Me siento fresco y muy bien", advierte ante su regreso a la titularidad (mañana, ante Bélgica XV), después de una ausencia prolongada en los Pumas por una serie de lesiones. Su último partido importante fue ante Francia (26-27), en noviembre del año último. Desde entonces, la rodilla izquierda lo tuvo a maltraer; antes había sido una operación del hombro izquierdo. Dedicó seis meses a la recuperación por completo, en un trabajo silencioso, a puro sacrificio. Apenas disputó 25 partidos del torneo francés en las últimas tres temporadas, mucho menos que el resto. "No creo que esté en desventaja por no haber jugado tanto. Es lindo tener más partidos encima, es cierto, pero me preparé bien. En Huirapuca tuve algunos partiditos con los chicos, con contacto, y te digo que me siento fresco, mejor que nunca", cuenta el wing de 31 años, que actúa en Bayonne, aunque después del Mundial su destino sería un club inglés u otro del Top 14.
"Voy a jugar un año más en Europa y después me vuelvo a Tucumán. En realidad, nunca me quise ir, a pesar de que me tocó ser uno de los primeros en venir y hacerme profesional. La experiencia me fue llevando, y ya van siete años. Hacés lo que te gusta y ganás dinero. Pero en 2009 voy a estar jugando con mis amigos de Huirapuca. Es un deseo", dice, ya con la mente en el añorado regreso a casa.
La nostalgia lo inquieta. "Los domingos acá (en Europa) son fatales. No es como allá, que se pasa en familia, con los amigos. Por suerte, ahora estoy con mi esposa (Inés) y mi hija (Lourdes María, que tiene nueve meses y nació en Francia) y se tolera más", confiesa.
Dueño de una singular filosofía, para Núñez Piossek, el rugby, por más profesional que se haya vuelto, no dejó jamás de ser una llave a la amistad. Es amigo de todos. En su casa de Biarritz se reúne seguido con el neozelandés Kess Meeulus para comer asados, y ahora, para el Mundial, está dedicado a la búsqueda de entradas para unos compañeros tucumanos que viajarán a Francia.
La baja de Martín Gaitán, por un problema cardíaco, lo afectó mucho. "Compartíamos la habitación. No sabés cuando le tuve que preparar el bolso y él no estaba. Me entristece mucho porque sé del sacrificio que hizo para estar", se lamenta, incrédulo, aún sin entender bien qué es lo que le pasó al Negro.
Seis años pasaron ya desde el debut de Núñez Piossek en el seleccionado. En su foja cuenta con 26 test-matches. En Francia participará de su segundo mundial; sin embargo, reconoce no saber qué será de él y el resto de los Pumas después de Francia. "Hay varios que no sabemos qué vamos a hacer. Esta generación de jugadores les dio mucho al rugby en sí, no sólo al grupo. Los Pumas no son la realidad del rugby argentino. Creo que fomentamos el deporte y ayudamos para que se expanda y crezca. Además, logramos que nos respeten y nos tengan en cuenta", se entusiasma el hombre nacido en Concepción.
La proximidad a la Copa del Mundo no lo desespera. Pelea por un lugar con Lucas Borges, aunque sabe que su experiencia es un aporte que Marcelo Loffreda tiene muy en cuenta. Admite no conocer en detalle la cantidad de tries apoyados en los Pumas, pero se acuerda con fecha exacta el día que anotó nueve veces en un mismo partido; fue ante Paraguay, por el torneo Sudamericano de 2003. Con 30 conquistas, es el tryman del equipo. Por eso, su regreso no es menor. Núñez Piossek está de vuelta.

