Pedro Rubiolo, segunda línea de los Pumas: “Lo que hago no se ve mucho, pero si no está, se nota”
“Buscamos deportistas, en lo posible argentinos, para usarlos como inspiración”, dice quien más minutos tuvo en el ciclo de Contepomi
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Los héroes no siempre llevan capa. El plantel actual de los Pumas está plagado de estrellas que brillan partido tras partido con acciones rutilantes: un cambio de paso de Juan Cruz Mallía, un amague de Tomás Albornoz, un contragolpe electrizante de Santiago Carreras, una embestida de Pablo Matera, un tackle de Marcos Kremer. Hay un jugador, no obstante, que no aparece en los flashes de las mejores jugadas ni abulta las estadísticas, pero que en los últimos tres años ha emergido como imprescindible: Pedro Rubiolo, el segunda línea de 23 años que milita en Bristol Bears, de Inglaterra. No tira offloads, ni siquiera se suele verlo avanzar muchos metros con la pelota. Pero su aporte en otros aspectos menos visibles pero igualmente importantes, como la limpieza del ruck, el empuje en el scrum y el tackle, lo ponen a la altura de los mencionados.
Una sola estadística alcanza para sostener este enunciado: en lo que transcurrió del ciclo de Felipe Contepomi, de dos años y 25 partidos, Rubiolo es quien más minutos jugó, 1515 en 22 encuentros. Supera incluso al capitán, Julián Montoya (1512), el único que protagonizó todos los compromisos de 2025; los siguen Matera (1469), Juan Martín González (1393) y Mallía (1348).
“Me pone muy contento que confíen en mí, que me elijan, teniendo otros grandes jugadores”, dice Rubiolo en diálogo para LA NACION. “Creo que es un privilegio, también. Cada vez que me pongo la camiseta de los Pumas, lo vivo como si fuera la única, porque uno nunca sabe cuándo puede ser la última. Significa mucho para mí, así que cada vez que tengo la oportunidad, trato de tomarla bien fuerte, no soltarla, y hacer lo mejor posible mi trabajo”.
La voz del fornido segundo línea llega del otro lado del video directamente desde Bristol, localidad del sudoeste de Inglaterra (separada de Gales sólo por el estuario del río Severn). Allí se trasladó el argentino en la temporada anterior para contribuir a que los Bears se convirtieran en un animador de la Premiership. Surgido del Círculo Rafaelino de Rugby (CRaR) y de paso promisorio por Jaguares XV, provenía de Newcastle Falcons, al que llegó con sólo 19 años tras destacarse en los Pumitas (jugó el certamen del Hemisferio Sur en 2022, cuando el Mundial M20 seguía interrumpido por la pandemia) y saltar de inmediato a los Pumas, selección en la que debutó en el Rugby Championship frente a Sudáfrica en Durban. Su ascenso fue meteórico. Al año siguiente Rubiolo jugó el Mundial de Francia (actuó en cinco de los siete partidos), y no tardó en convertirse en un jugador fundamental en una posición que históricamente fue problemática para los Pumas y hoy ofrece recambio y variantes.
“Hace poco renové en el club hasta 2029. Estoy pasándola bien”, continúa. ”Fuera del rugby, el grupo está muy bueno. Me hice muy amigo de los chicos, me abrieron las puertas. Es un gran club que tiene muchas ambiciones y muy buenos entrenadores [el head coach es el samoano Pat Lam], que me sirven mucho para mejorar. Está compitiendo muy fuerte ahora y está yéndonos muy bien. El centro de entrenamiento es increíble: cancha techada, dos canchas afuera, un gimnasio increíble. Fue un gran cambio; estoy muy contento”.
Comparte Bristol, semifinalista de la Premiership en 2025, con otros cuatro argentinos: los hermanos Santiago y Benjamín Grondona, Benjamín Elizalde y Matías Moroni, la última incorporación, con quien también estuvo en Newcastle. “Somos muy compañeros, vivimos todos más o menos cerca y nos juntamos todos los días a comer. Literal. Eso lo hace más llevadero, más que nada ahora, en invierno, cuando se pone feo. También vamos todos los días al club. Por más que sea jornada libre, vamos a recuperarnos o hacer un poco de pesas”.

–¿Cómo es el día a día en Bristol?
–Vamos a la mañana temprano al club, tenemos desayuno ahí. El club labura mucho las skills [destrezas individuales]. Tiene una teoría; quiere que toquemos la pelota 1000 veces por semana. Así que estamos todo el día pasándonos la pelota, tirando espaldas. Eso me viene muy bien; creo que es algo que debo mejorar. Después, tenemos reuniones, almorzamos en el club, vamos al gimnasio y siempre tenemos entrenamientos cortos e intensos. Y siempre nos dan un tiempo para hacer cosas extras. Los entrenadores siempre están a disposición para que en lo que querramos mejorar, ayudarnos. Eso está muy bueno.
–Te fuiste solo a Inglaterra a los 19. ¿Cómo fue ese paso en tu vida profesional y personal?
–Al principio fue un poco duro, porque cuando llegué no hablaba una palabra de inglés. Pero en Newcastle estaban Tosti [Orlando], Mateo [Carreras], Tute [Moroni]. Me ayudaron mucho en el día a día. También los entrenadores de Newcastle; la gente del club es muy buena. Tuvieron un buen gesto conmigo: habían empezado a tomar clases de español. Es un detalle, pero suma. Hace sentirse cómodo.

–¿En qué sentís evolucionaste más como jugador en Inglaterra?
–Creo que mejoré un poco mi ataque. Estoy tocando un poco más la pelota. Acá quieren que todos los pases y las espaldas sean sin mirar, así que tuve que animarme a tirarlas. En sí mi juego mucho no cambia. No sé si tendré muchas de esas pelotas en un partido, pero a las que tengo, las hago bien.
–Te destacás por cosas que no se lucen tanto. ¿Te sentís valorado en eso?
–En los Pumas se le da mucha importancia al trabajo sin pelota. Yo me siento muy cómodo ahí. Me gusta estar en defensa, tacklear, pasar el ruck, estar en todos lados. Es algo que no se ve mucho, pero que si no está, se nota. Acá, en el club, trato de dar eso, que se necesita un poco. Acá todos mis compañeros siempre valoran mi trabajo. Está bueno que lo reconozcan, pero es el rol que tengo en el equipo y lo que tengo que hacer, así que tampoco tendrían por qué reconocérmelo.
–¿Cómo fueron tus inicios en el rugby?
–Empecé a jugar a los 10. En mi familia nadie jugaba al rugby, yo soy el primero. Había hecho un par de deportes: fútbol, tenis. Pero no me convencían mucho. Un día vi un partido de rugby por televisión y dije “che, quiero arrancar”. Desde entonces no paré. Todos los amigos que tengo son mis compañeros del club. Siempre que vuelvo a Rafaela, es el primer lugar que voy a ver.

–¿Cómo se dio tu salto al profesionalismo?
–Fue muy loco. Yo había empezado en la academia con 16, 17 años. Iba a la escuela todavía, y de un día al otro hubo una lesión en Jaguares XV, en el Super Rugby Americas de 2021, y me dijeron “Pedro, ¿estás para sumarte?“. Fue mi primer equipo profesional, una linda experiencia. Era muy chico todavía. No lo esperaba, pero creo que tomé la oportunidad.

–¿En qué momento consideraste dedicarte al rugby?
–Cuando estaba en la academia nos entrenábamos en Rosario y me iba todos los domingos en colectivo. Como estaba en el colegio, me volvía a los martes, porque no podía faltar toda la semana. Cuando terminé la escuela me quedaba de domingos a jueves y me volvía para jugar el sábado en Rafaela [a 244 kilómetros]. Era mucho ir y venir. Después de esa experiencia que tuve en Jaguares XV me dije “esto me gusta mucho. Quiero dedicarme a esto. Quiero jugar en los Pumas”. Siempre me gustó entrenarme mucho, le metía. Creo que es un medio de motivación extra para seguir metiéndole.
–Y también el salto a los Pumas fue muy pronto. ¿Qué recordás de ese momento?
–Que yo iba a ir a entrenarme solamente durante la semana de Buenos Aires, antes del partido que jugaron los Pumas en la cancha de Independiente contra Sudáfrica. Después alguien se lesionó, lamentablemente, y me dijeron de viajar a Sudáfrica. Y me tocó debutar contra los Springboks en Durban. Fue increíble. Yo no podía creer lo que era esa cancha, cómo vivía el rugby la gente de allá, tanta locura. Siempre que tengo una oportunidad, trato de tomarla. Creo que también tomé ésa.
–De ahí te fuiste a Newcastle, ¿no?
–Fui a la ventana en noviembre, pero no jugué, y viajé el 31 de diciembre. Llegué el 1º de enero a Newcastle. Pasé año nuevo arriba del avión.
–Llegaste también joven al Mundial y jugaste muchos partidos. ¿Cómo fue esa experiencia?
–Obviamente, yo quería ir, hice todo lo posible. Pero si no iba, lo entendía; era muy joven. Creo que los entrenadores confiaron en mí y me dieron la posibilidad de jugar mucho también en el Mundial, cinco partidos. Fue algo único para mí. Era la primera experiencia, yo no sabía cómo era y hay muchas emociones, se la vive muy intensamente. Hay mucha presión también. Creo que eso me agarró un poco desprevenido. No sé si fui el mejor Pedro, pero creo que aprendí de eso y hoy soy mucho mejor jugador que en ese momento.
–¿Sentís que el Mundial te costó por inexperiencia, por nervios?
–Sí, siento que me costó un poco. Creo que la intensidad y el contacto físico de un test match son el doble en un Mundial. No sé si me agarró de sorpresa o no estaba lo suficientemente preparado, como sí lo estoy hoy en día.

–Vienen de dos años muy buenos para los Pumas, por los resultados y por el rendimiento. ¿Cómo se sienten ustedes como equipo?
–El equipo viene creciendo año a año, partido a partido. Si seguimos trabajando así, vamos a estar muy bien. Por ahí falta mejorar un poco en consistencia, algo que se logró en noviembre. Es lo que tenemos que mejorar para llegar al siguiente nivel.
–¿Qué aspectos del juego les dan confianza para sentirse a la altura de cualquier equipo?
–Creo que nuestra defensa es muy buena. Si tenemos que defender todo el partido, vamos a hacerlo. Nuestro ataque mejoró mucho en los últimos años, porque hay que marcar puntos para ganar. En estos últimos años se vio una diferencia ahí.

–¿Cuáles son las virtudes o qué te gusta de Contepomi como entrenador?
–Más allá del rugby, creo que el tema de la mentalidad. Cuando tenemos una charla, siempre algo me queda; está muy bueno. Siempre abrimos la semana con una frase. Buscamos deportistas, en lo posible argentinos, para usarlos como inspiración. Conocí historias muy buenas. Recuerdo cuando nos habló Santiago Lange, al que habían operado de un cáncer de pulmón. Nos mandó un par de videos, nos contó su experiencia. Está muy bueno ver lo que los deportistas pueden hacer y cómo piensan y llegan a esos resultados. En cuanto al rugby, destaco que Contepomi pone más énfasis en el trabajo sin pelota y eso está dando sus frutos. Son cosas a las que no se ve, pero que en ese nivel marcan mucha diferencia.
Buscamos deportistas, en lo posible argentinos, para usarlos como inspiración
–¿Qué objetivos se plantearon para este año?
–Primero, empezar donde dejamos el año pasado, no más abajo, para seguir creciendo. Y después buscar esa consistencia para estar entre los mejores equipos.

–¿Tenés la ilusión de jugar el Mundial o todavía está muy lejos?
–Obviamente, lo tengo en mente. Me encantaría estar. Australia siempre nos trata bien. Pero es día a día. Ahora estoy en el club pensando en el partido que tengo este fin de semana, que es muy importante [el domingo, vs. Bordeaux Bègles, por la Copa Europea de Campeones]. Todo lo que hago es para estar en el mejor nivel para estar en Pumas.
–En los Pumas la segunda línea durante muchos años estuvo copada por Guido Petti Pagadizábal, Tomás Lavanini y Matías Alemanno. Ahora se abrió mucho. ¿Cómo ves esa lucha por el puesto?
–Lo merecían. Todos los que estamos, por algo estamos ahí. Son todos grandes jugadores y nos llevamos bien. La competencia interna hace mejorar a uno y al equipo. “Yo quiero ser mejor que vos”, “vos querés ser mejor que yo”. Uno siempre quiere jugar, pero pensando en el equipo. El que mejor está en la semana es el que tiene que jugar.
–Cuando Contepomi anuncia el equipo en conferencias de prensa, siempre insiste en que compiten por el puesto en la semana y después los que mejor están son los que terminan jugando. ¿Hasta qué punto es realmente así?
–Es real. Hasta el miércoles nos damos fuerte entre nosotros y después empujamos todos hacia el mismo lado. Si no toca jugar, obviamente duele. ¿Quién no quiere jugar con la camiseta de los Pumas? Nosotros realmente amamos los Pumas. Así que si ellos creen que es lo mejor, está perfecto.
–¿Qué jugadores de tu puesto admirabas?
–Crecí viendo a muchos de los que hoy son mis compañeros: Guido [Petti], Marcos [Kremer], Pablo [Matera]... toda esa camada. Siempre que podía, iba a verlos. Es muy loco hoy tenerlos al lado, aprender de ellos y convivir con ellos.
–¿Alguna figura internacional?
–Me gustaba mucho [el neozelandés Sam] Whitelock. Cuando me toca jugar contra grandes jugadores, y más en mi puesto, trato de ganarles la batalla, de competir y ver en qué nivel estoy yo. Me gusta compararme con esos grandes jugadores.
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