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PARIS.- Después de tres jornadas grises e inestables, un sol débil volvió a iluminar esta ciudad. Hay ocasiones en que el estado de ánimo depende mucho del clima, y si realmente fuera así, los argentinos lo demostraron ayer, con una práctica distendida, que incluyó bromas y risas, y ofreció las últimas sensaciones previas al trascendental choque de hoy frente a Irlanda, en el estadio Parc des Princes.
Con sinceridad, la mayoría de los integrantes del plantel reconoció que el objetivo central a lograr se modificó después de la victoria con Francia, el día del campanazo de largada de la Copa del Mundo. Si antes los Pumas se habían planteado como meta alcanzar los cuartos de final, la premisa ahora es la misma, pero con un aditivo más: hacerlo, pero clasificándose en el primer lugar de la zona D, el bautizado "grupo de la muerte".
"Sería decepcionante terminar segundo y perder con Irlanda. Hay que salir a matar o morir los primeros 30 minutos del partido. No quiero que exista ni siquiera la chance de salir segundo. No nos gusta perder a nada y sentimos que llegamos con bastantes más posibilidades de las que esperábamos, tal vez un poco más liberados", sostiene Rodrigo Roncero.
El horizonte se asomaría difuso y oscuro en caso de que los Pumas finalizaran segundos, por eso la definición contundente del pilar. "Ganar nos daría una gran motivación y un envión más para seguir en esta aventura tan linda", anhela el jugador del Stade Français, proyectándose a un futuro escenario de cuartos de final.
Para algunos jugadores la rivalidad con los irlandeses es especial, con historias de rencores y revanchas, y que hoy tendrá un tercer capítulo apasionante, que podría inclinar la balanza para un lado u otro, ya que los registros muestran un triunfo para cada equipo en los mundiales.
"Nos toca jugar contra ellos en tres mundiales seguidos, pero es necesario hacer a un lado la historia. Lo vivimos con mucha ansiedad, pero ya tuvimos la prueba en el partido inaugural que podemos desenvolvernos bien en medio de un clima de tensión y presión. Estamos bien de la cabeza y tranquilos", dice Lucas Ostiglia, uno de los sobrevivientes de la caída 15-16 en el Mundial de 2003, en Adelaida.
Aquella eliminación dejó heridas más marcadas en algunos jugadores. Es el caso de Gonzalo Longo, que hoy reemplazará a Juan Manuel Leguizamón. "Me acuerdo muy bien de la tristeza del vestuario, del llanto de bronca de muchos de mis compañeros, porque se nos había escapado un sueño enorme. Esta vez, vamos a estar tan motivados o más que en el partido inaugural, porque después de Francia sabíamos que nos quedaba una chance más. Ahora no es así, y creo que no somos favoritos, por más que la prensa ya dé a Irlanda por muerto. Tal vez, lleguemos más tranquilos que en 2003, pero también tenemos la obligación de ganar", comenta el subcapitán, uno de los seis jugadores que estuvo en ambos duelos con los Irish .
El abanico de posibilidades favorece por demás a los Pumas. La situación abrió un debate sobre los riesgos de jugar el partido pensando en las ventajas matemáticas. "Eso nos jugaría en contra. Si los jugadores entran en la trampa de pensar que están en una situación favorable, puede ser fatal", reconoce Daniel Baetti, la mano derecha de Marcelo Loffreda.
Si bien las frustraciones no existen cuando manda el corazón, da la sensación de que aún no es el momento de despedida de los Pumas. Ellos quieren seguir en su aventura, como dijo Roncero. Y también, claro, borrar las secuelas que dejó Irlanda hace cuatro años.


