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Le llevó un buen tiempo materializar en decisión final sus pensamientos. Desde hace algunos meses la idea le daba vueltas en la cabeza, pero como el fuego interior seguía encendido –tardará en apagarse del todo– fue postergando la determinación. Pero la mente, a partir de los requerimientos como padre de familia, venció al corazón Puma mientras acompañaba a su hijo Mateo –de 21 meses– en la guardia de un hospital de la ciudad inglesa de Leeds, donde reside desde hace dos años.
Mientras cuidaba al mayor de sus hijos –afectado por un virus–, Diego Luis Albanese chocó contra la realidad y se dio cuenta de que las necesidades ahora pasan por estar más cerca de la familia. Esa situación provocó el clic. Natalia, su esposa, y Lucas, el segundo heredero –de tres meses–, completan ese íntimo universo, a veces un poco relegado por sus obligaciones con el seleccionado nacional. Entonces, el wing, reconocido en su impecable trayectoria por el coraje sin límites, tomó impulso y resolvió retirarse de la actividad internacional. A días de su cumpleaños N° 31 asumió esta determinación.
Primero se lo comunicó a su mujer: "Listo, decisión tomada, no juego más", le expresó. Pero después dio otro paso, para el que necesitó armarse de valentía. Desde el Reino Unido llamó a Marcelo Loffreda, el entrenador del plantel nacional, y con la voz entrecortada le transmitió la noticia. "Me temblaban las manos cuando hablaba con el Tano", confesó. Ese diálogo, sorpresivo y emotivo, significó el final del vínculo de nueve años entre Albanese y la emblemática camiseta celeste y blanca, la misma que supo lucir y defender con irrefrenable pasión en los 55 tests que disputó.
"Varios fueron los motivos que motivaron esta decisión. El nacimiento de nuestro segundo hijo –en mayo último– hizo que me quedara en Inglaterra (no participó de los tests con Gales y la gira por Nueva Zelanda) y tuviera tiempo para pensar y descansar un poco del rugby. Venía de una vorágine muy intensa, y el desgaste, el trajín, es otro factor de peso.
"En ese lapso –continúa con el relato– empecé a darme cuenta de que mis prioridades habían cambiado radicalmente; me preguntaba si realmente tenía la energía y la motivación necesarias para dejar la familia sola, viajar continuamente, estar concentrado, extrañar a los chicos, etcétera. La familia empezaba a tirar mucho más que antes, y la verdad es que me costaba encontrar la respuesta, pues jugar para los Pumas es algo espectacular, y cuando uno empieza a tener estos cuestionamientos internos es porque ya no está completamente entregado mentalmente para estar en la selección. No podés jugar en los Pumas si no estás metido al 110%; no sería justo para el equipo", detalla Albanese con respecto a este paso trascendental.
Ya no habrá más conmovedoras arremetidas de este pequeño-gigante N° 11 con los colores Puma; ya no se lo verá guapear, pelear como un titán ante adversarios superiores en envergadura física, pero inferiores al compararlos desde los parámetros del coraje. "¡Fue algo tremendo!, una de las decisiones más difíciles que me tocó afrontar. Se mezclaron varias sensaciones, porque pasaron nueve años maravillosos. Eso también pesó a la hora de decidirme, porque con todo lo que me tocó vivir ya estoy más que realizado.
"Tengo algo de dolor y de alivio a la vez –se explaya–. Dolor por el simple hecho de no volver a vestir la camiseta de mi país, entrar en la cancha, escuchar el himno, compartir cosas con personas que después de tantos años se formaron lazos fuertes. Sé que a partir de ahora a muchos de los chicos los veré poco o casi nada... todo ciclo que se termina, y más uno como éste que me dio tantas satisfacciones, provoca una profunda nostalgia, consecuencias que ya estoy empezando a vivir", expresó el ex hombre del SIC.
No quedaron cuentas pendientes entre Albanese y el seleccionado: "Sé que voy a extrañar toda la adrenalina previa a un test-match; ¡no sabés lo que se siente cuando los All Blacks te hacen el Haka en la cara..! Es una emoción muy fuerte, como lo es jugar a cancha llena en la Argentina... pero cuando recuerdo eso me doy cuenta de que viví más de lo que alguna vez imaginé. Entonces, siento alegría por lo que me tocó. A la vez, estoy tranquilo porque siempre me brindé por entero y disfruté de cada momento al máximo. Eso hace sentirme más seguro de que éste es el momento justo para dar el paso al costado y dejarles el lugar a los más jóvenes, que tan bien respondieron en los últimos partidos".
La elección no conlleva el alejamiento definitivo del papel de jugador, pues el acuerdo con Leeds rige hasta junio de 2005 y, repuesto de una operación del aductor derecho (el último sábado estuvo como suplente), está listo para cumplir con la quinta temporada en el profesionalismo. Con respecto a las motivaciones actuales, Albanese indicó: "No te voy a negar que después de tanto tiempo fuera del país se extraña mucho y eso hace que a veces cueste levantarse para ir a los entrenamientos. Pero quién que tenga la profesión que tenga alguna vez no siente esas ganas de quedarse en su casa. Por otro lado, hago lo que me gusta. Esta profesión te deja tiempo libre, y en ese contexto disfruto de ver crecer a mis hijos de una forma que con la rutina que tendría en la Argentina no sé si lo podría cumplir tanto como ahora. Eso quiero aprovecharlo.
"Desde lo deportivo –se extiende– todavía me sigo divirtiendo jugando en este nivel de exigencia y seguir aprendiendo de un deporte que cambia y evoluciona día tras día. Nunca me voy a olvidar de las palabras del Gringo Perasso (Emilio, actual presidente de la UAR y referente del SIC), que cuando en 1999 resolví ir a Francia me dijo: «Diego, te vas a otro rugby, pero nunca dejes de disfrutarlo y de divertirte». Ese consejo me quedó grabado, y así es como todavía vivo el rugby."
Se vistió de Puma por primera vez a los 21 años, en marzo de 1995, y desde esa aparición en la Copa Panamericana nunca más fue dejado de lado en las convocatorias; incluso, también se destacó como especialista de seven, equipo con el que logró la primera consagración internacional de la Argentina: el torneo de Toulon, en 1994.
En el horizonte aún se presentan desafíos, aunque no haya grandes definiciones: "Me queda un año de contrato con Leeds y aprovecharé el tiempo libre para hacer algunas cosas fuera del rugby. Una vez que se termine el campeonato inglés pensaremos en familia qué haremos. Así como se cerró el ciclo de los Pumas, soy consciente de que la etapa en Europa tendrá su final; puede ser este año, o no... no sé, no quiero adelantarme. Veremos qué pasa en algunos meses", contó.
Los afectos y las raíces lo tientan para regresar al terruño. La sangre zanjera aún fluye: "Esa sí que es una cuenta pendiente, porque cuando jugué contra Alumni, antes de ir al Mundial del 99, nunca sabía que sería mi último partido. Te lo juro, y no es verso, ¡no sabés la cantidad de veces que sueño que vuelvo a jugar en el SIC! Siempre sueño con ponerme de nuevo esa camiseta, y ¡ojo que eso no significa que quiera regresar para estar en la primera..!, sólo deseo disfrutar nuevamente con amigos en mi club de toda la vida. Ese sí es un ciclo que no se cerró", revela con emoción.
No se hace fácil asumir la despedida de uno los mejores jugadores que alguna vez llegaron al equipo nacional. Porque supo ser ejemplo de entrega, sacrificio, disciplina y respeto, valores de gran necesidad para el actual traspaso generacional. Ese es el codiciado legado que deja, así como supo regalar actos inolvidables, tal vez resumidos en el try a los irlandeses en el Mundial de 1999. El votó como mejor performance individual la alcanzada ante Francia en 2002 (llegó al in-goal después de una medialuna espectacular), pero en la épica noche de Lens, el Torito Albanese fue condecorado como héroe eterno. Y en este adiós aflora con naturalidad la certeza de que con su proceder demostró lo que significa ser auténticamente Puma.
Fue uno de los primeros en conocer la resolución de Albanese, y al consultarlo sobre esta baja para el plantel nacional el técnico Marcelo Loffreda expresó: "Es una pérdida muy importante. Nos va a doler y se va a sentir la ausencia de Diego. Por sus características humanas y técnicas, va a ser difícil poder encontrar un reemplazo para todo lo que él representaba dentro del grupo. Todo ese ímpetu que transmitía dentro de una cancha para ir hacia adelante también lo distinguía fuera de ella. Sobresalía por su seguridad, liderazgo, por la entrega incondicional, por la actitud de dejar todo... En cuanto a aspectos técnicos puntuales, aportaba una gran organización y disciplina; es un gran comunicador, y por eso resultaba una pieza clave en lo referente al funcionamiento defensivo".



