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Las rivalidades no surgen porque sí. Todo tiene su razón de ser. Decir CASI-SIC o SIC-CASI, es hablar del enfrentamiento más importante del rugby argentino, de una pasión que divide a San Isidro y cuyo nacimiento constituye una de las páginas más pintorescas.
El cuento se retrotrae al 14 de julio de 1935. Ese domingo nació la revolución que gestó el duelo. El CASI había perdido con Gimnasia (9-3), y en el tercer tiempo, se produjo el quiebre. Mito, leyenda o realidad, dicen que después de la derrota, los rugbiers del Atlético decidieron pasearse tal cual vinieron al mundo. Desde 1933, el CASI era presidido por Julio César Urien, quien en la misma semana del suceso suspendió a toda la primera por dos años. Pero los jugadores, no se quedaron atrás: como el domingo siguiente había que jugar con Lomas, convocaron a una huelga. Todos se plegaron, menos la Tercera B, y tres jugadores que no habían formado parte del incidente: Horacio Savino, Adolfo Lavalle y Roberto Durrieu.
El 21 de julio la tercera jugó con Lomas. Cuando restaban pocos minutos para el final, Moeller, wing de Lomas, marcó un try que el segunda línea Burton convirtió en 5-0. Dice la crónica de LA NACION que “San Isidro reaccionó decididamente y, sobre la hora, Manuel (Lolo) Beccar Varela, encabezó un dribbling que ganó rápidamente terreno, y pudo llegar al in-goal.” La conversión quedó en los pies de Mariano Beccar Varela. Pero el primo de Lolo, esa vez, falló.
Cuentan que muchos de los sancionados estaban detrás de los palos y que la derrota por 5-3 sirvió para acercarse a Urien y pedir que levantaran la sanción. Tras negociaciones, la comisión directiva decidió reducir la pena de la mayoría en seis meses. Los rugbiers pidieron otra vez la condonación, pero los dirigentes contestaron con un rotundo no.
Entonces cuando surgió el Plan B: volver a la carga en las elecciones previstas para septiembre. El que tomó la defensa del grupo fue José María Pirán. En la adoquinada intersección de Alem y Rivadavia aún recuerdan un diálogo que Pirán y Urien sostuvieron al bajarse del tren.
–Julito, lo lamento, pero voy a tener que sacarte de la presidencia.
Al escucharlo, Urien tomó una moneda de su bolsillo y se la dio a Pirán: “Tomá, comprate un peine fino y desprendete esas ideas de la cabeza. Si ustedes ganan, yo me voy de San Isidro para siempre”.
Urien y Pirán se presentaron a las elecciones. Después de cerrado el escrutinio, Michingo O’Reilly (padre del ex entrenador de los Pumas) avisó que Urien había ganado ampliamente. Fue escuchar el resultado del escrutinio para que se desatara una batalla. Como si se tratase de una película de cowboys, volaron sillas, mesas y se destrozaron vitrinas.
A partir de esa elección, San Isidro, literalmente, se separó. Dos meses más tarde, el 14 de diciembre, en la quinta Pueyrredón, los 400 disidentes fundaron el San Isidro Club con Pirán como primer presidente. El 9 de mayo de 1937 se jugó el primer clásico con un triunfo para el SIC por 3 a 0. Desde ese día, hubo otros 105 capítulos memorables de una historia que forjó una fuerte rivalidad pero que, con el tiempo, fue dejando a un lado las diferencias. Y, paulatinamente, resurgieron las amistades. Haciendo del clásico una fiesta. Es que en realidad, son casi hermanos.



