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Con 35 años sobradamente cumplidos, 17 de los cuales los vivió dentro de una cancha, Oscar Alfredo Ruggeri está parado en la línea que demarca el pasado de gloria, el presente de lucha y el futuro lejos de la actividad que le dio todo lo que un futbolista puede aspirar. Eligió el adiós por voluntad propia. Lo había anunciado tibiamente en Chile, en las horas previas a la conquista de la primera Copa América, en 1991, con el seleccionado de Alfio Basile.
Después, analizó el retiro como una posibilidad cierta luego del Mundial 94, cuando jugaba para América, en México. Pero hubo un llamado de SanLorenzo y un nuevo desafío lo conmovió: lo querían para salir campeones, después de 20 años sin la alegría de una vuelta olímpica en la primera división.
El hombre nacido en Corral de Bustos, criado futbolísticamente en La Candela boquense, aceptó el reto. Y volvió a ser campeón. En esa gloriosa circunstancia, ¿quién podía hablarle del adiós?, si la meta por lograr era la Copa Libertadores, la gran asignatura pendiente del club de Boedo.
Ruggeri luchó a brazo partido por conquistarla. Pese a que el gran rival fue River, nadie le reprochó nada: dejó el alma en cada acción. Fiel a su estilo, tanto que en el desquite en el Monumental, un cabezazo suyo estremeció a las huestes de Ramón Díaz, por lo cerca que pasó la pelota, con el arquero sin chance.
Ahora, con la satisfacción del deber cumplido, en una lluviosa y fría mañana de agosto, a punto de librar otra batalla interna nada menos que con el presidente Fernando Miele (ver recuadro aparte), el dueño de la camiseta número 6, azulgrana (o de cualquier otro color), más con la razón afirma: "Dejo a fin de año, luego del Apertura, salvo que Miele (se ríe) opine lo contrario y apresure el desenlace".
Conociendo que posee el diploma de entrenador, se imponía la pregunta: ¿seguirá como técnico? "No. Para nada. Estoy en el tema de la publicidad, con otros tres amigos, y también con la posibilidad de un programa periodístico con Francescoli, del estilo de El equipo de primera. Pretendo que al otro día de mi despedida del fútbol esté ocupado en otra cosa. Que no tenga la duda que se les plantea a todos los jugadores que se retiran: ¿y ahora qué hago, dónde voy?"
Dar la vuelta olímpica con Boca y con River, ser campeón del mundo con la selección, sentir el olé final en el Real Madrid y conmoverse con el Cabezón, Cabezón, de la hinchada de SanLorenzo en el 95, forman parte de su incomparable patrimonio deportivo. Pero al mismo tiempo, su personalidad lo ungió como líder y caudillo en más de una oportunidad. Esa prosapia cobró mayor notoriedad en el último conflicto, cuando se convirtió en la imagen de la huelga, que se gestó en apoyo de los jugadores de Español. Sobre ese otro aspecto de su fama, Ruggeri opinó: "Ni líder ni caudillo. Nunca me sentí así. Pero jamás me escondí. Siempre fui de frente y no me guardé ninguna palabra. Tal vez otros piensan lo mismo que yo, pero no lo dicen. Prefieren callarse, no decir nada y que todo pase. Yo no tengo reproches para nadie. Pero desde chico, por la enseñanza de mis viejos, encaré los problemas. Dije siempre lo que pensaba".
-Muchos lo consideran un duro.
-Los que no me conocen, sí. Mis amigos, que son los mismos que conocí en los tiempos de La Candela, seguramente opinan lo contrario. No es el momento de aclararlo, pero soy un tipo sensible.
-También, un triunfador nato.
-Sí, ganar me gustó desde los tiempos del potrero en Corral de Bustos. Pero le digo: no cambio ninguno de los campeonatos ni de las copas que logré por la felicidad de tener la familia que formé, mi esposa y mis cuatro hijos. La alegría de disfrutar de los chicos no puede compararse absolutamente con ningún éxito en el fútbol, por más grande que haya sido. Y eso que, gracias a Dios, tuve muchas satisfacciones dentro de una cancha de fútbol. Pero realmente me importa mucho más lo que proviene de la formación familiar.
-¿Se arrepiente de algo?
-No, en absoluto en lo que tiene que ver con las actitudes. Eso sí, me hubiera gustado disfrutar mucho más de mis hijas mayores. Cuando eran chiquitas yo estaba siempre concentrado, jugando por algo. Cuando volvía a casa ya caminaban y en el regreso de otro viaje, hablaban. Y yo no había tenido la fortuna de escucharlas por primera vez. Pero ahora me desquito con los mellizos, que me divierten mucho, y con los que pienso gozar aún más cuando no tenga que entrenarme todos los días y jugar todas las semanas.
-De todo lo que ganó, ¿de qué etapa guarda el mejor recuerdo?
-Sin duda, el campeonato del mundo en México fue inolvidable. Era difícil lograr que de tantos jugadores notables en sus equipos, con Maradona en plenitud, sólo once pudieran jugar. Pero antes de comenzar el torneo, nos juntamos y resolvimos tirar todos para el mismo lado. Los que jugaban se rompían el alma y los que se quedaban afuera tenían que alentar y meter como si estuviesen adentro.
Con ese acuerdo, y con un fútbol de gran nivel, se logró la Copa del Mundo, en un ambiente que no era precisamente favorable para nosotros.
-Se suele decir que usted es el Passarella de los ´90. ¿Coincide?
-Tengo un gran respeto por la trayectoria de Passarella como jugador. Es más, cuando él fue capitán, en 1978, yo comenzaba a prepararme para tener una oportunidad en la primera de Boca y me gustaba su personalidad, su manera de salir a jugar cada partido difícil. Sí, es probable que tenga alguno de sus atributos, pero yo soy Ruggeri. Con mi propia personalidad.
-¿Cómo le gustaría que lo recuerden?
-Como un tipo que siempre fue de frente, que no le mintió a nadie y al que no le gusta que le mientan. Que está dispuesto a pedir perdón si cree que se equivocó, pero que nunca estuvo dispuesto a callarse una injusticia, dentro y fuera de la cancha.
-¿De quién aprendió más?
-De mis viejos. Ellos me inculcaron una manera de ser y de moverme en la vida.
"Todo bien". Cuando se planteó la posibilidad de la huelga de futbolistas por la libertad de acción de los seis jugadores de Español, aquella reunión en la sede Agremiados puso frente a frente a Oscar Ruggeri y a Diego Maradona.
Cuando se votó por el paro, quedó en claro que el subcapitán de San Lorenzo le había ganado la partida al capitán de Boca.
Sobre su relación con Diego, Ruggeri afirmó: "Antes de reunirnos por el tema de la huelga, dije que las opiniones que cada uno tuviera sobre las medidas por adoptar podían poner en peligro la relación o la amistad. Tenía en claro que allí no estaba en juego la amistad. Se trataba de puntos de vista diferentes en un momento difícil."
-¿Habló con Maradona después de lo que pasó?
-No, hasta el momento no. Pero estoy dispuesto a hablar con él cuantas veces sea necesario. Porque no tengo ningún prejuicio ni estoy enojado. Insisto en que votando por la huelga no ganó ni perdió nadie. Para mí, la relación con Diego sigue siendo la misma y espero que él también lo considere así.
-¿Ustedes estaban en contacto frecuentemente?
-Cada tanto nos comunicábamos por teléfono. No éramos íntimos amigos, pero los dos nos respetamos y particularmente siempre me preocupé por lo que a él le ocurría. De ninguna manera puedo creer que la huelga haya servido para que se tenga que quebrar el trato cordial que siempre tuvimos, más allá del algún cortocircuito pasajero. Es que a lo largo de tanto tiempo de compartir cosas en el fútbol no puedo creer que por una opinión diferente sobre una decisión se pueda generar un distanciamiento.
-¿Espera una llamada de él?
-Sí, pero no como una cosa decisiva ni para obtener una disculpa ni nada parececido. No tengo ningún reproche que hacer ni creo que nadie tenga nada de qué acusarme a mí. Por ahí, había expectativas diferentes, pero yo no me siento distanciado ni molesto con ninguno de los muchachos que votaron por jugar y Maradona, mejor que nadie, está incluido en esa consideración.
Solidaridad: para Ruggeri la huelga fue un apoyo vital para la libertad de los jugadores de Español y no se arrepiente.
La huelga de jugadores que paralizó al fútbol argentino durante dos semanas, tuvo un cara visible. El protagonista principal, la voz cantante de una de las principales partes del conflicto fue sin lugar a dudas Oscar Alfredo Ruggeri.
Por obra y gracia de su personalidad, de su confesada postura de no callarse nada, le permitieron cobrar ascendiente sobre muchos de sus colegas, pero al mismo tiempo su intervención genero resquemores sobre todo en los dirigentes. El paro y sus consecuencias, merecieron del defensor de SanLorenzo, una primera reflexión: "En primer lugar no tengo nada de qué arrepentirme. Desde el primer momento, cuando Sergio Marchi (representante de Futbolistas Argentinos Agremiados) vino a solicitar la opinión de los jugadores de SanLorenzo y la participación en las reuniones que se iban a realizar, entendí que teníamos que ser solidarios con los seis muchachos de Deportivo Español. Hoy, varios días después de la que la huelga terminó, rebobinando bien lo que pasó, volvería a actuar de la misma manera. Me echaron la culpa de ser intransigente, de no medir las consecuencias, pero pregunto: ¿puede ser que yo solo haya podido forzar la opinión de 160 jugadores? seguramente no. Además, afirmar una cosa así es desconsiderar a los compañeros que estuvieron de acuerdo con la medida de fuerza. No creo ser un fenómeno para movilizar en tan poco tiempo a tanta cantidad de afiliados."
Pero donde mayor repercusión negativa tuvo la gestión de Ruggeri fue en su propio club. SanLorenzo tenía que jugar el torneo Centenario, en Belo Horizonte, y por el conflicto los jugadores no viajaron a Brasil. El presidente Fernando Miele estaba en Europa y allí se enteró, con evidente desagrado, que el dinero por esa participación no podría cobrarse y que la seña debía devolverse.
Aquí, el vicepresidente de la entidad, Julio Lopardo, debió hacer frente a la situación y eso provocó el primer roce con Ruggeri. Sobre este problema, el defensor afirmó: "En aquel momento dije que había que esperar la llegada de Miele, no por subestimar a los dirigentes que estaban en Buenos Aires si no porque ellos mismos dijeron que aguardarían el arribo del presidente. Cuando yo lo dije, se tomó como un agravio y el que saltó fue Lopardo que en 15 días nunca vino a preguntarnos nada. Yo no tengo nada contra nadie. Inclusive, la noche del partido con Unión, que terminé jugando lesionado, Miele me abrazó y me felicitó. Por eso, voya hablar para aclarar todo."
Respeto. Cuando Boca salió campeón en 1981, con Maradona y Brindisi como principales figuras, Oscar Ruggeri festejó su primer título siendo todavía un pibe recién promovido del semillero. Hoy, recordando aquellos tiempos cuando mezclarse en las decisiones de los más grandes no era tan fácil, el protagonista, afirmó: "En aquel equipo, como el de 1980 cuando empece a alternar en primera, se respetaba lo que decía el capitán. Me acuerdo que el que llevaba la cinta era Rubén Suñé y cuando él hablaba se hacía un silencio que no se quebraba hasta que terminaba de expresarse.
"Si uno, que era un pibe, se metía , corría el riesgo de que le dieran una patada en el c... y lo sacaran por la ventana. Yo aprendí mucho del Chapa y de Pancho Sá, entre otros grandes tipos."
El enojo de Fernando Miele por la negativa del plantel de SanLorenzo (acatando la huelga) para viajar a Belo Horizonte donde debía jugar en el torneo Centenario organizado por el Cruzeiro, y el entredicho verbal entre Oscar Ruggeri y el vicepresidente primero, Julio Lopardo, dieron lugar a una importante reunión entre el presidente de la entidad y el subcapitán del equipo de la que también participaron otros dirigentes y el director técnico Jorge Castelli.
La cita fue en Puerto Madero, en las oficinas que Miele posee para atender los asuntos institucionales, comenzó después de las 20 y terminó a las 21.30. Al salir, Ruggeri, con parquedad, comentó: "Fue algo privado, lo que se dijo no lo voy a revelar. Mañana (por hoy) iré a entrenarme y ponerme a pensar en el torneo Apertura y en ganarlo con la camiseta de SanLorenzo.¿Si me voy a reunir con Lopardo?, es probable, porque él no estuvo presente en la conversación con el señor Miele."
Sin la presencia de Ruggeri, el presidente de San Lorenzo, en su despacho, siguió hablando con Castelli sobre el trabajo por desarrrolar con vistas al comienzo del certamen, la posibilidad de concretar algunos refuerzos y, aunque no se quiso expresar, se trató las relaciones de los históricos del plantel (Ruggeri, Passet, Galetto, Gorosito) con el cuerpo técnico y los dirigentes.
Durante la jornada, en torno de la reunión nocturna circularon muchas versiones. Una de ellas, consignaba que Ruggeri (se le adeuda dinero desde enero de este año) podría desvincularse de SanLorenzo y que terminaría su carrera profesional en Independiente, rumor sustendado en su amistada con el técnico del equipo de Avellaneda, Ricardo Gareca, y con el capitán, Jorge Burruchaga.
Previamente a la reunión con Ruggeri, el presidente de San Lorenzo conversó con el padre y representante del volante Lionel Scaloni, campeón mundial juvenil en Malasia, que quedó libre luego de su paso por Estudiantes de La Plata y que podría ser la nueva incorporación .


