Sasha Zverev, maestro y líder de la nueva generación: un joven que estuvo a la altura de las leyendas

Fuente: Reuters
Sebastián Torok
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18 de noviembre de 2018  • 22:47

A los jóvenes tenistas de elite se les reprocha, hasta el hartazgo, no estar a la altura de las leyendas del circuito que, más allá de los miles de kilómetros recorridos, siguen repartiéndose los trofeos grandes (Roger Federer, Rafael Nadal, Novak Djokovic). Muchas veces los integrantes de la nueva generación insinuaron más de lo que concretaron. Muchos, en infinidad de veces, pusieron en duda la categoría del recambio que, tarde o temprano, llegará. Sin embargo, el alemán Alexander Zverev (21 años) se ríe de todo eso. Competitivo y con golpes poderosos, viene ofreciendo, desde hace rato, huellas de grandeza. De hecho alcanzó el Nº 3 del mundo hace un año y ya ganó tres coronas de Masters 1000 (Roma, Canadá y Madrid). Sin embargo, se ganó el derecho de ser considerado el gran heredero de las estrellas al consagrarse en la Copa de Maestros de Londres, derribando al líder del tour (Djokovic, por 6-4 y 6-3).

"Durante algún tiempo he tenido mis dudas sobre si los jóvenes serían capaces de superar el juego de Federer en hierba, el de Djokovic en pista rápida y el de Rafael en tierra batida. Y he tenido la impresión de que el relevo se produciría más bien por el declive de unos que por el embiste de los otros (...) La final de Londres me ha hecho concebir dudas al respecto", escribió Toni Nadal en su columna del diario español El País. Lo que se plantea el tío Toni, formador tenístico del mejor tenista de la historia sobre canchas lentas, es prácticamente lo mismo que piensan aquellos que vieron a Zverev moverse y jugar con enorme autoridad en el O2 Arena londinense, un día después de haber eliminado en las semifinales a Federer.

El festejo de Zverev, el nuevo maestro

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Zverev tiene –casi– todo para dominar el circuito. Muy buena altura (1,98 metro), un cuerpo fuerte y fibroso, un saque potente y golpes hirientes (diestro, revés de dos manos). Hasta aquí, su mayor déficit fue la falta de concentración en las grandes citas (su mejor registro en un Grand Slam son los cuartos de final en Roland Garros, esta temporada; demasiado poco para un tenista de su categoría). Después de que fracasara su vínculo con el español Juan Carlos Ferrero (ex número 1), en agosto pasado Zverev tomó una decisión inteligente: a su grupo de trabajo, liderado por su padre Alexander, sumó a Ivan Lendl. "Estoy con Lendl para ganar los torneos más grandes", afirmó Zverev, confiado, al anunciar la sociedad antes del comienzo del US Open. El ex Nº 1, reconocido por su disciplina, en su momento fue clave en la explosión de Andy Murray en los Grand Slam: el escocés había perdido cuatro finales antes de espantar los fantasmas y ganar el US Open 2012, ya con Lendl en su box.

"Claramente, Sasha ha jugado mucho mejor que en la fase de grupos. Mereció ganar", se resignó Djokovic, que no pudo ganar su sexta Copa de Maestros. El miércoles pasado, en el Round Robin del grupo Guga Kuerten, Nole había vencido 6-4 y 6-1 a Zverev. Sin embargo, en la final todo fue distinto. El jugador nacido en Hamburgo se convirtió en el primer alemán en ganar el Masters desde el triunfo de Boris Becker en 1995. Además, es el más joven en ganar el exclusivo torneo que reúne a las ocho mejores raquetas del año desde que lo hiciera Djokovic, en 2008, también con 21 años. Esta vez sí, ovacionado por el mismo público que un día antes lo había silbado por detener un punto en el tie-break frente a Federer, Zverev se arrojó sobre el cemento del O2, sin ganas de que lo despierten de su gran sueño. Es el gran referente del recambio.

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