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El jefe del Servicio de Hemoterapia del Instituto Argentino de Diagnóstico, José María Roldán, fue relevado de su cargo debido a que no sólo no tenía matrícula profesional, sino que el número de la que aparecía en sus recetarios pertenecía a otro médico.
"Es un defraudador o un psicópata, esto último por esa habilidad para aparentar ser otra cosa, con la que había engañado a mucha gente, incluida quizá su propia familia", aseguró ayer Jorge Edo, director del centro asistencial donde el falso médico se desempeñó hasta principios del mes actual, situado en Marcelo T. de Alvear 2346 de esta Capital.
"Cuando se nos informó de esto -relató a La Nación el director del instituto-, lo intimé a que presentara la documentación que acreditara que era profesional, y como no lo hizo resolví relevarlo del servicio."
A José María Roldán no parece haberle preocupado mucho el solemne juramento hipocrático. Ni siquiera pensó en llegar a esa instancia, desde que luego de rendir anatomía -en su primer y único año universitario- decidió que ya era médico y podía dedicarse sin más al arte de curar.
No imaginaba por entonces que los más de 40 años en los que iba a ejercer ilegalmente la medicina lo situarían en el podio nacional de los usurpadores. Un amplio escaparate, por el que ya han desfilado otros "colegas", pero que también ha tentado a competidores de diversos rubros, como un juez, un diputado, algún sacerdote y otros impostores más modestos, como policías, bomberos, pedicuros o inspectores de algún ente recaudador.
El relieve alcanzado por Roldán, de 67 años, se desprende de su jerarquizado desempeño en el Instituto de Diagnóstico, tras haber ejercido en el hospital Rawson y otros centros de salud.
El voluminoso currículum del falso galeno incluye su condición de miembro fundador (hace 25 años) de la Asociación Argentina de Hemoterapia e Inmunohematología, además de haber participado en congresos locales e internacionales de la especialidad.
Sin embargo, su sólida carrera profesional terminó abruptamente, cuando un trámite efectuado por el Ministerio de Salud lo puso al descubierto.
Edo destacó que el falso médico "no ocasionó perjuicios, porque desarrollaba su labor en forma conjunta con otros integrantes del servicio".
Mientras, Roldán decidió olvidarse del estetoscopio y abandonó raudamente los lugares que solía frecuentar, entre ellos, su lujoso departamento en el barrio de Recoleta. Tal vez esté intentando ser incluido en el Libro Guinness de los Récords.
Los profesionales que hasta hace días se consideraban colegas de José María Roldán Bonadeo se mostraron sorprendidos y desilusionados ante la noticia de que el hasta entonces jefe de Hemoterapia del Instituto Argentino de Diagnóstico y Tratamiento no había finalizado sus estudios en la Facultad de Medicina.
Este sanatario, fundado en abril de 1928, es una prestigiosa institución que se propone desde sus inicios analizar las diferentes afecciones mediante el trabajo conjunto de especialistas.
Manuel Nolting , médico obstetra del Diagnóstico, fue, al igual que el profesional impostor, miembro del directorio de dicha institución.
"Jamás lo hubiera sospechado. Es como si mañana me dijeran que Favaloro no es médico. Fue una sorpresa para todo el mundo, porque era un médico muy destacado", aseguró Nolting. Un cirujano muy reconocido dentro y fuera de la institución -que no quiso que su nombre fuera revelado- se esmeró en destacar la idoneidad del médico falso: "Roldán Bonadeo aprendió muy bien lo que hacía. Desde lo técnico, prestó un servicio sin fallas".
Según los dichos de este cirujano, especialistas reconocidos requirieron de los servicios del ficticio profesional y jamás tuvieron quejas, "porque en 30 años desarrolló su actividad de una manera muy diligente e idónea".
"No hay que olvidar que Urquiza no era general y aprendió peleando. Roldán Bonadeo se diplomó en el ejercicio, que no pasó por la facultad", fue la particular visión del cirujano. Por su parte, el director de Registro de Fiscalización de Recursos de Salud, Jorge Antoniak, explicó que el organismo detectó esta irregularidad en una de las tantas investigaciones realizadas.
"Al realizar averiguaciones sobre el personal de dicho sanatorio nos encontramos con que la matrícula de Roldán Bonadeo no coincidía con su nombre. Ese número pertenece a otro profesional del que no se sabe si vive o no, porque en la actualidad tiene más de 70 años", explicó Antoniak.
-¿Es usual descubrir a personas que ejercen ilegalmente la medicina?
- Sí. En lo que va del año, detectamos cuatro o cinco casos similares.



