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A veces, los números alcanzan para dar la noción exacta de un logro deportivo. Con su juego académico y esos golpes de máxima pureza, David Nalbandian le cortó al enorme Roger Federer una racha de 24 finales consecutivas ganadas. Con su cuarta derrota en el año, le negó la temporada histórica de 82-3 que buscaba el suizo para igualar a la de McEnroe en 1984 y, de paso, se convirtió en el tercer argentino en ganar un Masters, el primer varón después de Vilas en Australia 74 (Gabriela, perdón por tanta exigencia y gracias por tanto tenis. Nunca olvidaremos tus hazañas de 1988 y 1994 en el Madison Square Garden).
En un deporte donde siempre los mejores llegan hasta el final, el último partido del calendario lo ganó un argentino. “Vamos Argentina”, escribió el rey David cuando cumplió con el ritual de firmarle un autógrafo a la cámara. El definitivo ranking del año (aguante la Carrera de Campeones, mucho más precisa que el interanual Ranking de Acceso para reflejar la furiosa actualidad) muestra a tres nacionales en el Top Ten: Nalbandian, sexto; Coria, octavo, y Gaudio, décimo.
En 2005, nueve torneos terminaron con festejos argentinos. Gastón Gaudio, el hombre que juega al tenis y disfruta de la vida sin morir en el intento, ganó cinco y volvió al Masters cuando muchos creían que era solista de único gran éxito, Roland Garros 2004. En Shanghai levantó un increíble partido con el chileno González y se metió en las semifinales donde hizo historia. Sólo el gran Gattone puede irse en bicicleta contra Rogelio y decir “olvidate, me dio una clase y estando adentro da lo mismo perder 6-0 6-0 que 6-2 6-2”.
Coria tuvo su alegría en Umag. Tras la operación en un hombro, su temporada tenía subrayada la palabra transición. Pero fue el único argentino que llegó a Shanghai en el original grupo de los ocho, que incluía a los desertores Safin, Roddick y Hewitt. Hizo ajustes en su juego, que aún no ha consolidado como el traicionero saque. Esa “condena” a ser el N° 1 del mundo (desde muy chico cuelga esa injusta y pesada mochila) todavía lo condiciona en sus partidos más importantes del circuito y la Copa Davis.
Mariano Puerta ha vivido su año más intenso. Protagonista de una auténtica resurrección, pasó del puesto 440º a la final de Roland Garros. Festejó en Casablanca y dio clase de dobles sobre el césped de Sydney en el espectacular triunfo ante Mr. K-Mon y compañía por la Copa Davis. Luego explotó la bomba del supuesto doping en París. Su estrategia ha sido negar, callar y seguir jugando ya que aún no hay proceso abierto. El tiempo dirá si el hasta ahora no desmentido L’Equipe inventó o simplemente difundió una información que la Federación Internacional de Tenis quería archivar con secreto de sumario. Tras los cuartos de final en Roland Garros, Guillermo Cañas empezó a cruzar golpes contra la ATP por un supuesto doping en Acapulco. Suspendido hasta junio de 2007, presentó la apelación ante la Corte Arbitral del Deporte en Suiza. Pero hubo más controversias. Hasta el Niño Hood, gran doblista y gran tipo, fue manchado por el doping, culpa de una sustancia que lo ayudaba a mejorar su rendimiento… capilar.
El tenis ha vuelto a ser deporte masivo. Semana a semana, seguimos a los profesionales y practicamos como amateurs. Todos los indicadores (jugadores, canchas, raquetas, ropa) han crecido exponencialmente. La rivalidad Coria-Gaudio ya es futbolera y genera apasionadas discusiones. Cualquiera habla de tenis, sepa o no. Un programa de TV muestra la intimidad del circuito. Magistralmente conducido por Zabaleta y Chela, Tenis Pro nos acerca un mundo desconocido en el que la máquina Nadal es un pibe sencillo, amigo de los argentinos y mediocre jugador de PlayStation. El chico Del Potro saltó del puesto 1000 al 159 y es la esperanza de la nueva generación. Cuatro argentinos invadieron Shanghai. Y David Nalbandian ganó el Masters, al ganarle en la final al número uno del mundo. Por todo esto, 2005 ha sido el año del tenis argentino. A veces, sólo los números no alcanzan…
