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LONDRES.- "La vida te da y la vida te saca. A mí la vida me dio mucho, así que sería injusto quejarme", filosofa Guillermo Coria, tras perder por 6-2 y 6-4 con el chino Yen Hsun Lu, en la segunda rueda del torneo de Queen’s. Una victoria sobre césped le hubiera dado aire después de la amargura del domingo, cuando Roland Garros se le escapó entre los hilos de la raqueta y los calambres de las piernas y el corazón, pero no pudo ser.
Tras el partido, el N° 3 del mundo parece más introvertido. Quizá porque la herida por la derrota ante Gastón Gaudio aún sangra. Un encargado de prensa advierte por lo bajo que "Coria sólo hablará del partido con Lu, no de Roland Garros", y empieza el malabarismo verbal para hablar del tema sin mencionarlo.
Pero Coria saca el tema, como buscando exorcizarlo. "Tengo garra, soy fuerte", dice, y enumera sus victorias, como recordándose lo bueno que es, lo lejos que ha llegado desde que agarró la raqueta por primera vez.
-¿Cómo te sentiste en tu primer partido después de París?
-A pesar de haber perdido, estoy bien. El aprovechó los break-points y juega muy bien en esta superficie; no lo conocía y le pegó muy firme. Pero siento que jugué mucho mejor que el año último en Wimbledon, y sabía que iba a ser difícil ganar, porque llegué anteayer de París, y después de dos meses jugando en polvo de ladrillo, pasar a césped es un poco difícil.
-¿El estado anímico te afectó más de lo que pensabas?
-No, estaba bien. Cuando entro a jugar me olvido del partido anterior. Hoy me encontré con un rival que no me dio chance de nada. Pero me sentí mejor que en Wimbledon. Por lo menos, esta vez no me caí (se ríe). Fijate que a Henman le sigue costando -ayer perdió ante el eslovaco Karol Beck-, pese a que es un especialista aquí.
-También dijiste que después de Roland Garros te dolía todo. ¿Pudiste recuperarte?
-Físicamente me encontraba bien. Sentía los dolores de los calambres en las piernas y tengo una inflamación en el hombro (derecho), pero quería jugar para empezar a olvidarme.
-Wimbledon empieza en once días. ¿Tenés tiempo de prepararte?
-Sí, ya tenía pensado venir acá para trabajar en eso. El año último me quedé muy decepcionado porque volví a la Argentina, no tuve tiempo para entrenarme bien y la pasé muy mal, no me veía bien jugando sobre césped. Si quiero ser el N° 1 tengo que jugar bien en todas las superficies y en todos los torneos.
-¿Tenés miedo de que se repitan los calambres?
-No, los calambres no me agarran más. Esa fue la ansiedad por tener el partido tan cerca y no lo pude controlar. Es la primera vez que me pasó algo tan fuerte. Jugué varias finales y nunca me pasó nada, y contra los nervios no hay nada que se pueda hacer.
-Y la revancha, en 2005...
-En realidad, quiero sacarme la bronca lo más rápido posible: en Wimbledon, en los Juegos Olímpicos, en el US Open o en el Masters, si llego a entrar. Fue un golpe muy duro, pero mi meta es y sigue siendo ganar Roland Garros y ser el N° 1.
LONDRES.- Coria dice que no ve la hora de sacarse la bronca. De ganar un torneo para borrar de una vez el recuerdo negro de la final de Roland Garros. Ayer, ante el chino Lu, 102° del ranking, la bronca le brotó por los poros.
Durante el partido, haría caras de fastidio y hasta insultaría por lo bajo al árbitro, que no comprendía el español. Se lo veía sufriendo en cada game y sus sonrisas eran tensas, irónicas. Cuando se acercó a tomar agua mineral, miró a su colega, que se secaba la cara satisfecho, y murmuró: "Qué cara de bol... que tiene este tipo".
Al final, salió como un rayo hacia los vestuarios. Esta cronista se le acercó, se presentó y se encontró con una furia ciega: "¿Qué car... me querés preguntar? ¿No ves que estoy recaliente porque perdí?" Un nenito inglés, de unos cinco años, lo miraba asustado de la mano de su padre. Le había extendido un papel para un autógrafo, pero enseguida bajó el bracito. Después, Coria se disculpó: "Esperá, dame un rato, me recupero, y te contesto todo lo que quieras". Y cumplió su promesa.




