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Aún emocionado por el mojón de su retiro, el tenista ruso Marat Safin dejó escapar un sentimiento de alivio. "Ahora no tengo horarios, agenda, prácticas, nada. Pertenezco a mí mismo, tengo toda la libertad para mí", dijo. Fuerte, si se tiene en cuenta que se trata de alguien que supuestamente tuvo la suerte de hacer lo que mejor le salía en la vida y, a la vez, lo que más le gustaba.
Decir "pertenezco a mí mismo", significa que Safin sentía que no era el duelo de su vida. Hablamos de uno de esos tenistas supertalentosos, capaces de hacer las más increíbles maravillas en una cancha, pero siempre cuestionado en su dedicación, cuestión que solamente Safin podrá poner en balance con su conciencia.
En todo caso, el ruso nunca ocultó que por su cabeza no pasaba sacrificarse a sí mismo por una carrera en el tenis. La búsqueda del equilibrio en la vida bien podría ser el símbolo mismo de la búsqueda de la felicidad. Y Safin, como tantos otros, la buscó a su modo.
Esa forma nunca fue estar siete horas por día en una cancha y otras tantas fuera de ella pensando en el rival de mañana o en la temporada que viene. Para Guillermo Vilas, en otra época, este método fue la base de la fortuna en todo sentido. Para un tenista de hoy podría ser un suicidio.
Pero, ¿qué lleva justamente a alguien como él a decir una frase como la del comienzo del artículo? Hace años que el dinero en juego se multiplicó tanto como las obligaciones y las presiones, convirtiendo a los circuitos masculino y femenino en lo que todos llaman "picadoras de carne".
"Estás completamente estresado 24 horas por siete días. Esto es lo que odio. Simplemente es demasiado. No hay descanso para el cerebro. En el fútbol, el hockey o el baloncesto firmás un contrato y no importa cómo jugás. Lo hacés decentemente y tenés tu dinero. Aquí todo depende de tu momento. Un día sos top 10 y luego caés al 150. Y remontar es durísimo, es una vida muy complicada. Si lo hacés bien, lo lográs. Si lo haces mal, te aguantás y básicamente cambia el estilo de vida", explicó Safin.
Como una contradicción, ni Safin ni ningún tenista desconoce que el tenis, en la elite, ofrece una forma y un nivel de vida al que de otra forma sería más complicado acceder. Por eso también dijo que sería feliz si en esta nueva etapa tuviera "el 10 por ciento del éxito" que tuvo en el deporte.
Pero todo, dicen, tiene su precio. Nuestra Pitu Salerni reconoció que le fue difícil manejar el salto de estrella mundial junior a profesional. Coria reventó. Gaudio también. Ejemplos sobran. La búsqueda del equilibrio, esa quimera.
mboso@lanacion.com.ar

