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No hay un Gastón Gaudio con el micrófono encendido y otro sin él. La lente de la cámara lo captura tal cual es: sincero, desfachatado, a veces jocoso, otras hilarante, pero siempre cristalino. Estas múltiples facetas de su personalidad despierta devoción y antipatía en iguales proporciones en el tan particular público de tenis.
Su carrera será siempre recordada por el triunfo en Roland Garros, ante Guillermo Coria, en 2004. Pero, también, por la cantidad de anécdotas que comparte cada vez que un micrófono captura y transmite las inolvidables historias que Gaudio atravesó a lo largo de 15 años en el circuito. Ocurrió cuando canchallena.com le propuso evocar la victoria ante Rafael Nadal, e n el ATP de Buenos Aires de 2005 (0-6, 6-0 y 6-1). Allí, el Gato reveló un costado oculto del joven Rafa (18 años), que apenas cuatro meses más tarde ganaría su primera de las seis coronas en París.

Luego de un primer set arrasador, Rafa apenas ganó uno de los siguientes trece juegos y se marchó furioso del court central del Buenos Aires Lawn Tennis. En el vestuario, Gaudio entendió que ese muchacho, que rompía con furia todas sus raquetas, tenía una verdadera sed de hambre por la gloria. "'¿Qué le pasa a este pibe, está loco?', pensé. No perdió con cualquiera. Yo más o menos jugaba en polvo de ladrillo y había ganado Roland Garros, pero Rafa la sintió como un fracaso la derrota en cuartos." Esa sensación de vacío le duró poco al mallorquín, ya que de inmediato comenzó a alzar trofeos: ganó 8 de los 9 torneos sobre polvo que disputó, incluidos dos Masters Series (Montecarlo y Roma, ambos a Coria en la final) y el Abierto de París, en el que superó a Puerta en la definición .
Así como nunca se borrará el recuerdo del título de Grand Slam, tampoco olvidará el karma del césped. En su último Wimbledon (2006), luego de ser eliminado en segunda rueda, Gaudio soltó: "Es una vergüenza que me dejen entrar acá."
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Por más talento que tenía, nunca pudo adaptarse al juego sobre césped. Así cuenta cómo padecía dentro de la cancha: "Yo tenía ganas de jugar; el torneo es espectacular, la ciudad es hermosa... estaba todo para jugar bien, pero lo único que fallaba ahí era yo."
El golf, un deporte que lo frustró. "Estábamos en Indian Wells 2006 jugando al golf contra Franco [Davín, su entrenador], que me ganaba siempre. Y le dije: 'Te juro por Dios que no juego nunca más si me volvés a ganar'. Perdí, como siempre, y tiré los palos a la mierda, los dejé y nunca más volví a jugar. Me sentí derrotado; me ganó el golf."
El encuentro Federer-Batistuta. "Una vez, fui a jugar el torneo de Doha (2005). Y ahí estaba jugando Bati [Gabriel Batistuta] en Qatar. Le conté a Federer, que es fanático del fútbol, que estaba Bati, y me dijo que lo quería conocer. Arreglamos para cenar, pero no le avisé y caí al restaurante con Bati. No sabés la cara de Roger: parecía un nene, se emocionaba como si viniera el Mesías, no sé... Le dio la raqueta, le pidió fotos, todo. Ahí nos hicimos amigos. Hablábamos de todo menos de tenis."
La lección del Loco Bielsa. "Estábamos jugando un challenger en Chile con Zabaleta, y queríamos conocer a Bielsa. Yo soy amigo del Toto [Berizzo], así que lo llamamos para ir al entrenamiento del seleccionado. Bueno, lo vimos, lo saludamos... y, cuando empieza a hablar, es como que te va enamorando. Empezamos hablando de la presión en el deporte y nos terminó enseñando las cinco formas de ser feliz." (A Basta de Todo, FM Metro)


