

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
PARÍS (De un enviado especial).- El tiempo no lo ha cambiado. Sigue siendo el tipo manso, casi de estilo campechano. Al que le gusta el tenis, pero también la tranquilidad y la vida familiar de Rosario, su lugar en el mundo. Alberto Mancini vuelve a estar en Roland Garros y por su cabeza pasan los tiempos de junior, de profesional, de coach, de capitán de Copa Davis cuando venía a ver y a hablar con los jugadores. A los 44 años, y luego de una prolongada pausa, como entrenador del uruguayo, oriundo de Concordia, Pablo Cuevas.
-Cuando dejaste de ser capitán, dijiste que no querías ser coach porque viajar te pesaba. ¿Qué cambió?
-Bueno, pasaron cuatro años... Estaba sintiendo el desgaste. Fueron 10 años, con Coria, con Lapentti, con la Davis. No estaba para seguir, a pesar de que podía: el ofrecimiento más concreto fue el de Nalbandian. Hablamos dos veces, no se dio. Y cuando te alejás y saben que no estás para trabajar, no te llegan ofrecimientos. Surgió la posibilidad con Cuevas en el 2011, pero sus lesiones fueron bravas, y lo dejamos stand by hasta ahora.
-¿Y qué pasa cuando volvés a París?
-Es especial, un revivir, en uno de los torneos más lindos, sobre todo para los argentinos. Son sensaciones lindas.
-Pasaron más de cuatro años y la Argentina sigue sin ganar la Davis. ¿Se aprovechó a la Legión o no se llegó a exprimirla?
-Se la aprovechó a medias. Llegamos a tres finales, varias semifinales, el tenis argentino creció en ese momento. Lamentablemente, no se generó una base sólida, no se capitalizó eso y que sirva como plataforma para seguir generando jugadores. Ahora, si lo ves desde el lado de que con la cantidad y calidad de jugadores que tuvimos no la ganamos, es un saldo pendiente gigante.
-¿Por qué no se apostó a fortalecer la base pensando en el recambio?
-No lo sé, pero es una tarea de la Asociación. Igual, si fuera tan fácil, Australia, Inglaterra y Estados Unidos, con el poderío económico que tienen, sacarían jugadores seguido. Pero nos falta esa solidez. Antes teníamos un Centro Nacional, al que los jugadores iban con sus entrenadores, y hoy no existe más en Buenos Aires. De ese centro salieron Coria, Nalbandian, Salerni. Esa estructura dio sus frutos. Hoy hay algo parecido, pero que no es ni parecido.
-¿Te sigue dando vueltas la final de 2008 en Mar del Plata?
-Siempre será una espina clavada. En cada partido que veo me trae recuerdos. Ésa fue la chance. Claramente. Pero más allá de la controversia que se armó, con la sede y la política, la Davis se gana y se pierde dentro de la cancha.
-¿Pero no los desenfocó el tema de la sede, de la plata?
-Eso genera ruido. Como capitán, lo único en que quería pensar era lo deportivo. Apareció el tema político, y eso se tendría que haber manejado políticamente, no con los actores deportivos. No se tendría que haber mezclado. Pero se termina perdiendo en la cancha. El jugador quiere ganar su partido. Si no, Vilas y Clerc, sin hablarse, no habrían llegado a la final en el ´81. Lo que no se termina de entender es por qué se repite el mismo error. Seremos así. Los argentinos no podemos congeniar para el objetivo.
-¿Cómo quedaste con la AAT?
-La dirigencia no me respetó para nada. Al otro día salieron a decir que pensaban que tenían un capitán dentro del vestuario y que se dieron cuenta de que no. Dijeron cosas duras, quizá sacándose responsabilidades. Se me criticaba que era muy allegado a los jugadores, y yo me preguntaba, ¿no es bueno eso siendo capitán? Si dio resultados: dos finales, una semifinal, un cuarto de final. Decían que David me manejaba el equipo. Y Nalbandian lo aclaró mil veces que teníamos pensamientos diferentes en muchos puntos. Decir esas cosas con la herida abierta no estuvo bien.
-¿Hay algo de lo que te arrepientas?
-No, deportivamente no. Uno tiene en carpeta muchos datos, sabe lo que le pasa a cada uno, los factores que median. Las decisiones tomadas fueron las que creíamos mejores como cuerpo técnico. Entonces, no me tengo que arrepentir de lo que hice.
-¿Volverías a ser capitán?
-No sé, hoy no creo. Quizá con el tiempo, con otra situación, otra generación.
-Como coach, tengas un top 10 o un top 100, ¿le recomendás que juegue la Davis siempre o que elija y le dé prioridad a su carrera?
-Viví la Davis y las sensaciones que me dio no las puedo equiparar con nada del circuito. A la Davis la amé como jugador, como capitán. Y como coach voy a querer que la jueguen siempre. Es algo que uno lo siente o no lo siente.
-Te pregunto por Del Potro. ¿Qué creés que le falta para pelear más arriba, para meterse en el top 5?
-Tiene que ganar en estos torneos, en un Grand Slam, en un Masters Series, vencer a los top 4 o 5. En estos torneos largos es cuando lo siente. Son jugadores que lo desgastan mucho. Del Potro domina al resto con su potencia, no le bancan el ritmo. Los 4 primeros sí lo pueden bancar y se torna medio previsible, lo tienen estudiado. Estoy seguro de que está en plena búsqueda de variantes.


