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El ATP World Tour, esa suerte de espectáculo tenístico ambulante, regresó esta semana a Bogotá, donde el tren no se detenía, al menos para los hombres, desde hacía 12 años. En diciembre, el directorio de ATP aprobó la venta del torneo de Los Ángeles -de categoría 250- a IMLA, una compañía colombiana de marketing y entretenimientos deportivos, que en su momento organizó en el país cafetero exhibiciones de Agassi-Sampras, Nadal-Djokovic y Federer-Tsonga. La Claro Open Colombia se desarrolla en el Centro de Alto Rendimiento, en los terrenos del Parque Metropolitano, la misma sede donde se disputó el abierto colombiano entre 1997 y 2001. Aquel certamen era sobre polvo de ladrillo, mientras que éste se juega en superficie dura. Pero, claro, existe una característica geográfica que lo distingue: todo sucede a 2600 metros sobre el nivel del mar y es el torneo del circuito con mayor altitud, con todos los trastornos que eso genera. Incluso, supera a Gstaad, en los Alpes suizos, con 1050 metros.
Estas condiciones obligan a los tenistas a modificar la mayoría de sus costumbres en el momento de ingresar en el court. Una de las diferencias principales con los torneos "normales" son las pelotitas. En Bogotá están utilizando pelotas despresurizadas, vulgarmente llamadas "pinchadas" o "fofas". Una pelota convencional sería incontrolable, ya que al haber menos presión atmosférica, los objetos (en este caso la esfera amarilla) se desplazan a mayor velocidad y el pique es superior. La ITF permite usar bolas con menos presión a partir de los 1219 metros. En tanto, la superficie tiene capas de una resina que reduce la velocidad de la pelota en un 30%.
"No es nada fácil jugar acá en la altura. Hay que pegarle a la pelota siempre plano, porque si querés raspar la pelota con la raqueta para darle un poco de efecto, se muere", le explicó desde Bogotá a la nacion el argentino Juan Ignacio Londero, que ingresó en el cuadro principal desde la qualy.
Luis Pianelli, encordador argentino que integra el equipo Wilson en el torneo y que trabajó durante muchos años en el conjunto albiceleste de Copa Davis, aportó: "Los jugadores están muy pendientes de la tensión, todos la subieron más de lo normal ya que necesitan controlar más la pelota. A menor tensión, más se despide. Y acá es difícil controlar la pelota. El primer día los tenistas se entrenaron con una tensión y, al otro día, todos la aumentaron". Y añadió, en un alto en su trabajo en Colombia, sobre las pelotas: "Llaman la atención, porque en el impacto se escucha un ruido impresionante, parece que va a estallar, se hunde más entre las cuerdas".
Los jugadores cambian sus hábitos de comida, de entrenamiento y de descanso. Está comprobado que la altura afecta el alto rendimiento. Miguel Khoury, médico del equipo argentino de Copa Davis, argumentó: "Cuando hay altura, la presión baja y hay menos oxígeno. El esfuerzo del deportista es mayor. Se acelera el ritmo cardíaco y respiratorio. Para estar bien se necesitan de 10 a 15 días, pero claro que los tenistas tienen menos tiempo. Lo bueno para contrarrestar la altura está prohibido, como la hoja de coca o algunos estimulantes. Entonces, la hidratación es fundamental, sobre todo con sales y minerales. Y además, deben comer liviano". Londero contó que hay una ambulancia detrás del estadio central por cualquier problema que los tenistas puedan sufrir y agregó: "Al principio me agité mucho; hasta el primer cambio de aire, se complica. Además, la piel se te seca. A mí se me lastimaron todas las yemas de los dedos". Y Mariano Hood, entrenador de Guido Andreozzi -perdió en la qualy- coincidió: "Los jugadores se cansan más rápido y los puntos son más cortos".
Hay antecedentes de tenis en la altura. Por ejemplo, en junio pasado se disputó la Zona Americana de la Copa Davis en La Paz, Bolivia, a 3650m, y allí también se recurrió a pelotas con menos presión interna y más diámetro de lo normal. Además, entre 1993 y 2000, el abierto mexicano se realizó en el Distrito Federal (a 2240m), hasta que se trasladó la sede para Acapulco, entre otras circunstancias, porque los jugadores se quejaban de los efectos de la altura en el cuerpo; hoy, sobre la playa, es uno de los favoritos.
Bogotá tiene desde 1998 un torneo de WTA (Paola Suárez lo ganó dos veces). Pero ahora realizó una gran apuesta económica y estratégica para recuperar la fecha de ATP. Cumplido su objetivo, utiliza el evento deportivo para promocionar sus atractivos turísticos. El certamen es televisado para más de 155 países y es el ATP que más dinero reparte en premios en América del Sur: 727.685 dólares, más que Buenos Aires (US$ 570.470), San Pablo (US$ 519.775) y Viña (US$ 467.800). Eligió al serbio Janko Tipsarevic (N° 16 del mundo) como principal figura, y sumó las presencias locales de Alejandro Falla (122°) y Santiago Giraldo (96°). Bogotá es, sin dudas, un torneo distinto de tenis. Al menos, más alto que el resto.



