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LA PLATA.- Luis Alzamora tiene 23 años y lleva el turf en la sangre, pero sólo por casualidad se dedica a montar caballos desde 2002. Es que pese a que fueron jockeys su abuelo Rafael, fallecido hace poco más de 6 meses, y su padre, del mismo nombre, muerto en un accidente automovilístico hace dieciocho años, hasta entonces no pensó en emular a sus antepasados y su decisión de inscribirse en la Escuela de Aprendices fue algo insólita.
"Yo iba al hipódromo como aficionado y muchas veces fui al stud de Cleber Sanguinetti [casado con su madre], pero para nada me entusiasmaba dirigir un caballo. Me gustaba ver el espectáculo, jugar un boletito y nada más", recuerda Alzamora. De pronto, todo cambió: "Mario Leyes y Juan Rajoy me entusiasmaron en una charla; Cleber fue mi padrino en la escuela y allí, a medida que pasaban los meses, mi interés crecía. Hoy nadie me cambia esta profesión".
-¿La familia no te presionó para que corrieras?
-Nunca. Mi primer objetivo fue estudiar y alcanzar el título de bachiller. Luego formé un hogar con mi compañera, Solange, y tengo una hija de 4 años, María Paz. Papá falleció cuando yo tenía cinco años, pero he visto algunas películas con sus triunfos. El abuelo, pese a toda su pasión por el turf, no me dijo nada hasta que le avisé que había ingresado a la escuela. Ahí recuerdo todo lo que lloró, pero después me apoyó. Lástima que no me vio debutar.
-¿Cuánto te costó conseguir el primer triunfo?
-En la cancha gané el 15 de diciembre, con Don Delito. Pero antes había entrado segundo con Vendetta, que luego se transformó en vencedora porque el primero fue distanciado por el servicio químico.
-La emoción que experimentaste con Don Delito fue contagiosa.
-Cuando crucé el disco, sólo miré al cielo y pensé en papá y en el abuelo. No soy muy demostrativo, pero en ese momento lloré y también después en el pesaje, abrazado a mamá, a Cleber y a mi familia. Soy muy tranquilo y no me desesperaba por ganar.
-¿Ya te sentís seguro?
-Sí. Pienso siempre en aplicar lo que me decía el abuelo y también Cleber: trabajar mucho en las mañanas, incluso los domingos, hacer caso a los entrenadores y correr siempre tranquilo, evitando cualquier contratiempo para el caballo. Y si no gano, llegar segundo o tercero, lo que no es para amargarse.
-¿Es mayor la responsabilidad por el apellido que llevás?
-Es un orgullo ser otro Alzamora que está en las pistas. Tal vez mi presencia hace que muchos recuerden aún más a papá y al abuelo, pero la responsabilidad es siempre la misma. Felizmente, por Leyes y Rajoy, encontré una profesión divina.

