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Al promediar agosto, la actividad en los establecimientos de cría se intensifica. Ya comenzaron a nacer los potrillos y potrancas en los que están cifradas tantas expectativas, como asimismo se inicia la temporada de servicios, el primer paso en ese apasionante circulo que terminará, no sin afrontar antes muchos riesgos, en las pistas de carreras de todo el mundo.
Y uno de esos obstáculos que los productos encontrarán en el camino es el de superar un paso tal vez traumático pero imprescindible para su futuro y ése es el de la doma, más aún en las actuales condiciones, donde el calendario obliga a que cada vez más rápido estén en condiciones de competir.
Muchas veces se escucha decir en las pistas de entrenamiento que un potrillo no tiene boca o que le falta educación. De eso se trata la doma: lograr que el ejemplar sea dócil y obediente a las órdenes del jinete. Roberto Vaccaro o simplemente El Indio, como se lo conoce en el ambiente de las carreras, hace más de 30 años que es uno de los más caracterizados domadores de nuestra hípica. Con muchos golpes en su cuerpo y experiencia acumulada en tantos años, es una voz autorizada para definir cómo se consigue ese objetivo.
"Lo fundamental es tener mucha paciencia y darles el tiempo necesario; no es cuestión de mayor o menor rigor, ni pegarle, sino hacerle saber quién ordena. Hay que andar arriba, manejarlo, enseñarle y que pierda los miedos naturales que tiene ante el contacto con el hombre, no hay otro método", inicia la charla Vaccaro.
"Hacerle la boca, es decir que obedezca a las riendas, es fundamental, y eso se consigue logrando que el potrillo sea dócil de cogote ; si se logra esto con seguridad va a tener buena boca. Además hay que enseñarle a caminar, retroceder, cambiar de mano y todos los movimientos a que va a ser sometido durante el entrenamiento". Vaccaro es un apasionado del tema y casi no hace falta hacer preguntas.
"La doma influye en el desarrollo físico y mental del animal. Un caballo mal domado con seguridad va a complicar el trabajo del entrenador; va a tener mal carácter y llevará mucho más tiempo ponerlo en condiciones de competir. Y esto del tiempo es importantísimo, más ahora que debutan cada vez más temprano. Si a un potrillo que aún le falta desarrollo lo apurás y no le das el tiempo necesario, que va entre 60 y 70 días de trabajo, según el temperamento, se corre el riesgo de frustrarlo o poner en peligro su futura campaña. Yo conozco muchos casos de caballos con muchas condiciones que no lo pudieron demostrar por no haber tenido un doma correcta", detalla Vaccaro.
La conversación gira ahora acerca del medio más apto para domar un caballo y el Indio es contundente: "Yo prefiero el campo. Si bien en los hipódromos se encuentra una mejor superficie para trabajar, el entorno que ofrece el campo es muy favorable para el potrillo; tienen menos estrés y en espacios amplios es más fácil manejarlos, además de reducir el riesgo ya que en los hipódromos hay mucho caballo transitando".
-¿Puede un domador anticipar si un caballo va a ser bueno en la competencia?
-Los buenos caballos demuestran sus condiciones apenas se empieza a trabajar con ellos. Aprenden más rápido, lo que para algunos es difícil lo hacen fácil, ponen mucha garra y son muy vivos.
Vaccaro tiene bastante trabajo y el deber lo llama; el tiempo lo apremia para entregar unos productos que ya se encuentran en la última etapa de aprendizaje y, para terminar, deja un consejo: "El peón también es fundamental en la vida del caballo y muchos cuidadores no toman en serio este dato. Si el peón no tiene paciencia y es agresivo, los resultados no van a ser buenos a pesar de haber tenido una doma correcta. Muchos, por falta de capacidad, hacen que el caballo se ponga malo, desobediente y se desgaste por los nervios y eso después se nota en el entrenamiento".
Palabra de domador.



