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El año que termina será difícil de olvidar para Gastón Balbi. Tras un primer semestre que lo vio involucrado en el caso de doping que alcanzó al entrenador Carlos Daniel Etchechoury, en el segundo la historia fue diferente y su nombre sólo se relacionó al éxito que tuvieron los caballos nacidos en su haras Arroyo de Luna: Forty Licks, Gold for Sale y Strawberry Lake.
De la mano de Gold for Sale disfrutó de un éxito en la Polla de Potrillos y, casi sin pausa, como si tomara una posta, irrumpió Forty Licks, con sus triunfos en los grandes premios Jockey Club y Nacional y su tremenda demostración en el Carlos Pellegrini, donde finalmente perdió por apenas una cabeza ante Storm Mayor, en una notable actuación.
Poco afecto a las entrevistas, Gastón aceptó la invitación de LA NACION para charlar sobre el presente y el futuro de su haras, entre otros temas.
-¿Qué balance hacés de lo que viviste en 2005?
-Empezó muy mal. La situación que pasé cuando la suspensión de Dany y de Arroyo de Luna me dejó muy triste. Teníamos una relación amistosa, muy cercana, y las cosas que se dijeron me afectaron mucho. Después, afortunadamente todo cambió y el presente es pura felicidad para mí y para todos los que trabajan en el haras.
-¿Te quedó bronca de todo lo que se dijo del doping de tu caballo?
-Claro que sí. Me hicieron a mí responsable de cosas que de ninguna manera era culpable.
-Las cosas no andaban bien, los resultados no se daban y yo le dije a Dany que me parecía que había que cambiar algunas cosas de la organización, entre ellas el veterinario. El no puso ninguna objeción y manejamos varios nombres que, por distintos motivos, descartamos. Me dijo que trajera al profesional que yo creyera adecuado y así fue. Resultó un error, pero de ahí a decir que yo fui la causa de la suspensión, eso no lo acepto. Además el tiempo me dio la razón de que algo no funcionaba y las cosas no se estaban haciendo bien. Los resultados están a la vista.
-No estoy enojado, es un episodio terminado. Aunque para algunos no. Todavía sufro algunas provocaciones [no de Etchechoury, aunque no especificó de quiénes], pero no las tomo en cuenta .
-Criar un caballo como Forty Licks es el sueño de todo cabañero y a Arroyo de Luna le llegó muy rápido. ¿Qué se siente?
-Una alegría enorme. Hace sólo cinco años que estamos en esto y criar un caballo de este calibre te llena de orgullo. Hace seis meses era impensado... si hasta había preparado un remate para liquidar toda la producción. Quería vender incluso a Not for Sale [padre de Gold for Sale y Forty Licks]; la idea era empezar de cero. Menos mal que Ernesto, mi padre, que siempre creyó en el padrillo, me convenció de que no lo hiciera. En esto, una mala gestión tira abajo todo el esfuerzo; eso sin contar las pérdidas económicas.
-¿Perder el Pellegrini te dejó mal?
-De ninguna manera. Estoy muy contento por los resultados; más no puedo pedir. Además te confieso algo, cuando estaba recibiendo el premio por la victoria de Strawberry Lake en el Anchorena, tuve el presentimiento de que no iba a ganar el Pellegrini. Sentía que era demasiado.
-¿Esperabas el triunfo de Strawberry Lake?
-En mi interior yo pensaba que la carrera le quedaba grande y tenía dudas de correrlo. Pero Roberto [por Pellegatta, el entrenador] me convenció y acertó. Pensar que el caballo estaba corriendo en 1000 metros; todo el mérito es de él.
-Le dedicaste la victoria a tu papá y se te vio muy emocionado. ¿Hubo algún motivo en especial?
-Lo habían operado y no estaba en el hipódromo; por eso el recuerdo.
-Arroyo de Luna está creciendo, ahora compraste por completo a Sultry Song. ¿Que esperás de él?
-Lo compré por consejo de Nicolás Elustondo, que es veterinario y amigo. El me llevó a Millenium Farm, en Kentucky, Estados Unidos, donde estaba el caballo, y me lo mostró. Me gustó mucho su tipo y sus índices de eficacia son muy buenos. Lo trajimos por el sistema de shuttle el primer año y ahora lo compramos definitivamente. De todas formas, nuestra realidad es Not for Sale. Durante dos años no le dimos oportunidades porque no tenía buenos resultados. Ahora tenemos 60 yeguas en el campo y va a tener un gran apoyo; se lo ganó. Además tenemos una participación en Lucky Roberto, un padrillo que ya mostró que es muy rendidor.
-¿Y para el futuro cómo te preparás? Va a ser difícil repetir lo que viviste en 2005.
-Esta es una actividad que exige estar permanentemente inviertiendo para mantener el nivel y eso estamos haciendo. Compramos en Estados Unidos yeguas de excelente origen en las que tenemos muchas esperanzas. Hijas de A.P. Indy, Theatrical, Belong to Me y Mr. Greeley, entre otros padrillos consagrados.
-¿Te queda algún sueño por cumplir?
-Poder seguir creciendo en el turf, una actividad que me apasiona con locura. Confío en que de la mano de mi viejo y de Roberto lo vamos a hacer.

