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Para un caballo de Dany Etchechoury no hay nada peor que otro caballo de Dany Etchechoury. Eso podría explicar parte de la derrota de Quartier Latin a manos de Don Valiente, en la Polla de Potrillos, ayer en Palermo.
El caballo de Andrés Basombrío que entrena Dany le ganó por medio cuerpo al de Juan Garat, que también prepara Dany. Los dos caballos abrevan de la misma fuente; todo lo que sabe, aprende, descubre o inventa el cuidador está puesto al servicio de cada uno. La misma mañana en la que prepara al candidato, Etchechoury también le saca filo a su enemigo. Juega a dos puntas, pero bien. Intenta que ninguno tenga ventajas y con eso demuestra fidelidad a sus patrones.
Garat es uno de los primeros que así lo entienden. Por eso, pronto le fue a tender la mano a su cuidador-amigo para felicitarlo por el triunfo que había alcanzado en la carrera que él había perdido. Garat debe ser la cuarta persona que Dany ve cada mañana después de su esposa e hijos, y la primera con la que desayuna: en Marotes o Chully, frente a la cancha de vareo, en una mesa donde Jorge Valdivieso no necesitaba pedir permiso para sentarse.
Con Basombrío, la hermandad no es tanta, pero es idéntica la honestidad profesional que le dedica. Basombrío también es uno de los suyos.
Hay que preguntarle de varias maneras a Daniel para que en alguna respuesta admita que ganar con Don Valiente no era lo que más esperaba. Y sólo porque el potrillo no tenía la experiencia en los clásicos que sí cargaban Quartier Latin o San Livinus.
En la redonda, a Don Valiente le faltaba el marco; era una pintura del caballo de carrera. Quartier Latin lucía conectado y Dany, mientras tanto, ya le confesaba su nerviosismo a unos pocos.
Largaron y pasaron pocos segundos hasta que Quartier Latin se fue para adelante. No era apuro; era estrategia. El cuidador le había pedido a Rodrigo Blanco que no lo tironeara de las riendas para contenerlo.
La tropilla pisó la recta con el caballo de Garat en la punta, dispuesto a ganar por varios cuerpos, aprovechando que a Don Valiente le costaba correr derecho. Pero cuando tuvo que rematar, no pasó de insinuación. Fue pura espuma. Atrás, Julio César Méndez ya había enderezado al suyo y lo largaba para entrar por la puerta grande a la historia.
El caballo que salió de perdedor por catorce cuerpos y el que dejó su invicto el día de un Argentina-Brasil se sumaron para darle la alegría grande a Dany, el hijo de Pochi, el hermano de Carly y de Javi; el Etchechoury que se gana a sí mismo.

