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Con Anjiz Star, el turf ganó una notable velocista, pero estuvo cerca de perderla. O de ganarla el polo. La vencedora del clásico Panamá, en Palermo, suele tener a Pablo Falero en su montura, pero si se hubieran dado ciertas circunstancias, podría haber conducido a Marcos Di Paola, por caso, a pegar backhanders y a llegar como la luz a los mimbres rivales en cualquier torneo del mundo. Faltó un paso tan corto como cruzar la avenida del Libertador.
Algo parecido pensó Nicolás Roberts cuando comenzó a domar a la hija de Anjiz en el campo de su padre, Jorge, veterinario, director técnico de un par de haras, entrenador y, claro, criador de la yegua. "La domé porque nadie lo hacía, de corajudo nomás. Me costó; se me quemaron los papeles con ella. Era mansita pero se empacaba y en cuanto la rigoreaba se enojaba", dice Nicolás desde Maiden Head, Berkshire, a 45 minutos de Londres, donde está trabajando como asistente de... Marcos Di Paola, en plena temporada de polo en el hemisferio norte.
El jinete, de 20 años, le había echado el ojo a Anjiz Star y la subió pensando en los palenques antes que en el box de una caballeriza de San Isidro. "Era muy inteligente, aprendía rápido, enseguida te dabas cuenta de que era una yegua de carrera. Yo le decía a mi papá «dejala para polo»; por suerte no me hizo caso. Anjiz imprime mucho polo y ella hacía muchas cosas de polera." Entonces viene a la memoria la figura de Nureyev, el padre de Anjiz, compacto y de mediana alzada, pero armonioso.
La relación del turf con el deporte en el que la Argentina es líder mundial es bien conocida. Se comparten pedigrees, tradiciones, campos y dirigentes: hoy, Antonio Bullrich, presidente de la comisión de carreras de Palermo, es vocal de la flamante comisión directiva de la Asociación Argentina de Polo, por mencionar una muestra apenas. Y entre los caballos basta repasar la lista que se difunde en cada Abierto Argentino para observar los nombres de Southern Halo, Ultrasonido o Rainbow Corner en el rubro padrillo. En el último certamen, ganado por Indios Chapaleufú II, el sudafricano Sugar Erskin jugó a una tal La Veterinaria, que en las pistas de carrera fue Sister Cecy, hija de Parochial, abuelo materno de Anjiz Star.
Viene la Copa de Oro en Inglaterra y Nicolás tiene más trabajo como piloto o manager de Di Paola, que juega con Ernesto Trotz y Henry Brett para Max Gottschalk. La temporada empezó en los Estados Unidos y para el jinete terminará en España el mes próximo. "En general hago los caballos, los juego hasta que aprenden: en la Argentina soy algo así como un intermediario entre el jugador y los petiseros; organizo el fixture y si viene un polista extranjero le enseño y le hago los caballos. Es un trabajo bastante agotador."
En España, Roberts piensa jugar un par de certámenes. Tiene handicap 0 en el Reino Unido y prefiere quedarse así, aunque pueda merecer más. "Ahora estoy haciendo una especie de pasantía. El año que viene vengo a jugar a Inglaterra", asegura.
Nicolás empezó con los sangre pura desde muy chico, en Tres Pinos, y no reniega de haberse enamorado del animal al que todos aman por ese lado, aunque con sinceridad diga ahora que "no tengo nada que ver con los de carrera".
Una visión al menos discutible. Y si no, que lo diga Anjiz Star.
Anjiz Star corre para el stud América por un acuerdo entre Jorge Roberts, su criador, y Norberto Pisano, titular de aquella divisa. Super Sister dio luego de esa cría dos machos, hermanos enteros de la velocista. Uno de ellos, Anjiz Super, también está al cuidado de Juan Carlos Maldotti.


