He Runs Away, tan campeón como Blanco, el jockey que innovó con su entrenamiento

El potrillo que ganó ayer el último paso de la Triple Corona en Palermo fue una pieza clave para que el jinete recuperara la motivación
Carlos Delfino
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13 de noviembre de 2016  

He Runs Away, el ganador del Nacional
He Runs Away, el ganador del Nacional Crédito: Hapsa

Para que ninguno siguiera asociando su imagen con la del potrillo que el mes pasado dio la sorpresa en el Gran Premio Jockey Club, He Runs Away conquistó ayer también el Nacional y se puso el traje de campeón. Por si alguien osaba encorsetarlo como un especialista para el césped de San Isidro, donde había logrado sus dos primeros éxitos, esta vez el caballo ganó en la arena de Palermo, y lo hizo más fácil. Enlazó el clásico más antiguo del turf argentino y la prueba más selectiva, las dos últimas gemas de la Triple Corona, para cambiar su perfil competitivo y la vida de los que lo rodean.

Uno de éstos es Rodrigo Blanco, el jockey. Se paró en los estribos de He Runs Away casi 50 metros antes de llegar al disco con cuatro cuerpos de ventaja sobre Grand Soho, una de las revelaciones, y el único que resistió el ritmo –entre los líderes– de los 2500 metros de competencia. El ganador salió a buscar el triunfo ya en el último codo y cuando aceleró no tuvo compasión con los punteros ni les dio margen para soñar a los que atropellaban. Uno de ellos fue Don Archi, desde el fondo, para meterse tercero, a un cuerpo del escolta y la cabeza delante de Distinto Rye, el cuarto.

“Aunque le tenía mucha más fe esta vez que en el Jockey Club, antes de la carrera prefería que lo vendieran al caballo. Tenía la presión de correr al favorito, con todo lo que eso implica. Pero ahora que ganó otra vez no quiero que se venda para poder correrlo también en el Carlos Pellegrini”, dijo Blanco, un cordobés de pura cepa al que la emoción lo llevó a ponerse unos lentes negros después de que se bajó del potrillo y se abrazó a todo aquel que se cruzó en el camino al escenario en el que recibiría su copa. Y se descargó, entre molesto y risueño: “Se estuvieron diciendo demasiadas pavadas de mí en los últimos tiempos. Que me drogaba, que era vago, qué se yo, cualquier cosa... De todo lo que estuvieron hablando, lo único cierto es que tomo fernet con coca. Tal vez, mucho, sí, pero porque soy cordobés”. Le puso una sonrisa el jinete, el socio ideal de He Runs Away para convertir al zaino colorado en el mejor 3 años de la generación. Juntos fueron dinamita.

Gracias a Put Right pude comprar a He Runs Away y vivir todo esto"
Walter González, propietario

En la carrera en la que antes de abrirse las gateras todos tenían motivos para creer en las posibilidades de sus ejemplares, sólo una de las quince ilusiones era un cheque en blanco cuando pasaron frente a la primera de las tribunas, allí donde dos minutos antes habían largado. El final fue descontracturado, para sellarse en 2m38s51/100, un registro que no pasará a la historia, pero en un terreno cansador. Dan fe de ello casi todos los que corrieron en el lote de avanzada: Dubai Blue, Mateco, Bou Seattle y Puerto Escondido.

Entonces, Blanco siguió exteriorizando sus sensaciones. “Hace unos meses me había dejado de sentir un jockey profesional. Tenía problemas familiares y estaba como desmotivado, pero apareció en mi vida Walter [González, el dueño de He Runs Away] y me puso en contacto con Martiniano Orazi”, revela el cordobés. Nada menos que un preparador físico que trabajó con Juan Martín Del Potro en los tiempos en los que Franco Davin era el entrenador del tandilense. “Orazi, con Juan Manuel y el Rastra Ale, sus colaboradores, me sacaron de la rutina a la que estamos acostumbrados los jockeys, a eso de trotar para perder peso. Nos dieron orden, entrenamiento, diversión...”, asegura Rodrigo, e involucra a Gustavo Calvente, su colega y vecino, que le siguió los pasos. Al menos en lo que se refiere al físico, porque ayer, a He Runs Away y a Blanco no los podía seguir ninguno.

Dos especialistas en mantenerse vigentes

Para Eragon y Sassagoula Springs, la vida es eso que pasa mientras ellos ganan carreras utilizando su velocidad. El primero, un caballo del stud Juan Antonio, la aplica en el final, como ayer en el Gran Premio Hipódromo de Palermo, donde estuvo escondido antes de atropellar en la recta y lograr su décima victoria, tercera de Grupo 1. La yegua de Heritage Stud no sabe especular y saca de ritmo a sus rivales desde el comienzo, como lo hizo unas horas más tarde en el Maipú, su noveno triunfo, ochos de ellos clásicos. A Eragon, un especialista en la media distancia, lo describe muy bien su entrenador, Roberto Pellegatta: “Es un caballo oportunista. La cancha está cansadora y había varios punteros, por lo que se iba a dar un desarrollo movido y ese tipo de carreras son ideales para él”. En la semana, el jockey Gustavo Calvente había dudado del estado del más veterano del lote, pero anteayer se convenció que era el mismo de siempre. También lo explica Pellegatta: “Desde que era potrillo tiene una cicatriz en una mano y cuando le tira, el que lo monta puede sentir que no está bien. Pero los caballos buenos, cuando entran a las gateras se olvidan de todo”. De esto último puede dar fe también Diego Franceschini, propietario de Sassagoula Springs, que brilló de potranca en 2015 y una lesión la sacó de carrera nueve meses este año. No hay rastros que atenten contra el vértigo que imprime entre velocistas.

El último ganador del Nacional, el invicto Hi Happy, está próximo a debutar en los Estados Unidos, el 26 del actual, en el hipódromo de Del Mar. Ayer hizo otro trabajo fuerte: 1m41s20/100 los 1600m en la arena de San Luis Rey.

cd

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