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Andrés Basombrío no se aparta de lo que le sucede a muchos de los que se acercan a la hípica, que entran a ella desde una posición y luego pasan a otra.
Para este veterinario, que junto con su esposa, Pilar Pérez Companc, son los dueños del haras y stud San Benito, todo se explica a partir de la pasión por el caballo. Y en su caso son dos las pasiones, unidas: "Siempre me gustaron los caballos y la medicina", enfatiza. "Empecé en el haras El Padrino, con Fernando Gutiérrez y Roby Schulzen".
Lo que hizo después, ya convertido en criador y propietario, también es algo que los amantes del turf hacen a tiempo completo, eso de tratar de transmitir el sentimiento, para compartirlo. Lo consiguió con su mujer y se lo pasó en la sangre a sus hijos, Ramón (11 años), Manuela (10) y Pedro (7).
"La más aficionada es Manuela; lleva las estadísticas, hace recortes en los diarios, y los tres comentan las carreras", relata Basombrío, y entonces no hace falta preguntarle por qué se los ve juntos a los cinco en el hipódromo, infaltables cuando la chaquetilla azul y rosa aparece en la pista.
El presente, con Don Incauto ganando el Ensayo el sábado último, y Don Cartero arrasando en La Plata, y el pasado reciente, con Doña Arequera, Doña Streaper y Doña Polenta (las tres ya en la reproducción) casi encandila, pero Andrés no se olvida de algunos momentos duros.
"Empezamos en el 96 y el proyecto era tener no más de 10 yeguas, traer otras en pensión, y además hacer training, pero nos fue pésimo. Estuvimos un año y medio sin cruzar; fue duro, hasta que en 2000 volvimos con Dany Etchechoury, con el que ya habíamos cuidado una yegua. Así que no todo fue color de rosa."
No hay padrillos en el campo de San Benito, en San Antonio de Areco, donde cinco yeguas argentinas y cinco estadounidenses iniciaron el camino. "Copiamos el modelo de los haras Bariloche y San Pablo, que atendía Patricio Dufour", explica Basombrío, que elige sementales radicados en la zona. "Queremos tener nostros las yeguas después del servicio. Me encantaría Numerous y seguir con Lode, pero están en Mar del Plata."
Este punto lo lleva sin escalas a elogiar a su equipo, que comanda el veterinario Fernando Gándara y tiene a Julio Giménez como encargado. "Preferimos tener el manejo. El domador siempre nos dice que nota la diferencia de nuestros potrillos con otros; están más manoseados, hay mucha dedicación, y eso facilita la doma."
En menos de 10 años está a la vista lo que consiguió San Benito, cuyos caballos tienen marca: "Lo de ponerles Don y Doña fue idea de Pilar, para identificar el haras; los nombres los ponen los chicos, en lo posible en castellano y respetando la inicial de la madre".
Don Inca y Don Manolo, que se agregan a los ya mencionados, son de los pocos caballos vendidos. "La política es quedarnos con las hembras y vender los machos. El año que viene va a ser difícil, porque se nos murieron dos potrillos por Candy Stripes y una hija de Roy".
La corta historia de San Benito permitiría anticipar que esto apenas será un escollo. Se hace difícil pensar que, con la misma línea de trabajo, haya motivos para preocuparse de más.
Son 18 las yeguas madre que forman el plantel de San Benito. “Tres de las cuatro que trajimos de Estados Unidos al principio nos dieron yeguas clásicas: Doña Arequera (Airbound, por Damascus), Doña Streaper (Student of Prague, por Vigors) y Doña Polenta (Handle With Care, por Woodman). Se agregaron Inspiration (dio a Don Inca y Don Incauto), Della Signoria (Doña Deseada), Caieta (Don Cartero y Don Manolo) y ahora compramos a Nova Era (Mutakddim). La idea es incorporar buena genética y campaña”, detalla Andrés Basombrío. La cabaña participa en la sociedad del padrillo Thunder Gulch y también utilizará servicios de Honour and Glory e Intérprete, entre otros.


