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En el turf, el relato de las carreras está íntimamente ligado a la competencia en sí. Es difícil imaginar un clásico en Palermo o San Isidro sin el vértigo y la emoción que le imprime el característico " laaargaron " que pronuncia cada vez Pedro Pipi Alvarez, jefe de relatores de los dos hipódromos más importantes del país.
En una charla con LA NACION, Alvarez relata, esta vez, su propia historia: "Yo trabajaba en el hipódromo de La Plata, estaba a cargo del sector que atendía a las agencias de turf, y a veces teníamos problemas con la transmisión televisiva. Entonces llamaban de la agencia de Vicente López diciéndonos que no recibían la imagen y yo agarraba el teléfono y les iba transmitiendo la carrera tal cual la veía". Esos problemas eran moneda corriente a comienzos de la década del 70 y Alvarez fue tomando práctica con los relatos de emergencia que se veía obligado a hacer.
Un día, sin buscarlo, tuvo la oportunidad que marcó su destino. "En el hipódromo se iba a jubilar un relator y necesitaban alguien para reemplazarlo. Al gerente le dijeron que yo relataba, pero en realidad le hacía el favor a la agencia nada más. Me hicieron una prueba en vivo y en directo, y ese día terminé relatando tres carreras", recuerda Pipi .
Diez años después, San Isidro lo convocó para que se hiciera cargo de los relatos más importantes. En esa época las reuniones de La Plata se superponían con las del hipódromo del Jockey Club y la faz económica hizo que Alvarez tomara la decisión de cambiar de aires.
En la década del 90 fue convocado por Palermo y de esa cabina es de la que habla ahora. "Las carreras de la recta las empiezo mirando en el monitor porque el alero de la tribuna nueva me tapa los primeros 300 metros; de ahí en adelante sigo con los prismáticos", confiesa.
-Ahí hay que mirar el monitor también. Estamos 200 metros detrás del disco y cuando vienen juntos varios caballos se pone bravo.
-¿Cómo resuelve el tema de la pronunciación de los caballos con nombres extranjeros?
-Ese tema lo solucioné con un diccionario. A veces a un mismo caballo me lo nombran con tres pronunciaciones diferentes. Por eso, consulto el diccionario y listo.
-¿Tiene otra predisposición para el relato en los grandes premios?
-Sí, claro. Me preocupo por estudiar bien las chaquetillas y además el entusiasmo de la gente te contagia los nervios. Uno no quiere meter la pata justo ese día.
Como se dijo en las primeras líneas, la voz de Pipi Alvarez está íntimamente ligada a las carreras de caballos. Cualquiera que alguna vez haya pisado un hipódromo seguramente sintió que su ritmo cardíaco se aceleraba y la piel se le erizaba cuando los competidores llegaban a los metros finales. La velocidad con la que pasan los caballos frente al público tiene mucho que ver, pero gran parte de la "culpa" la tiene el señor que está en la foto que acompaña esta nota.


