Rossi saltó del tablón a la cuida

Juan José Martínez
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13 de julio de 2003  

LA PLATA.- Está lejos de pelear los primeros puestos de la estadística. Y vaya a saberse si algún día lo logrará. Pero Diego Hernán Rossi, 26 años, entrenador, tiene el impulso de los jóvenes, sueños por cumplir y por ahora ni piensa en abandonar sus ilusiones.

Nacido bajo el signo de Escorpio, la suya es la historia de un preparador que encontró su destino de tanto acompañar a su padre, Dardo, a los hipódromos, a los studs, donde tenía sus caballos -como Otro Día y Bako Diego-, allá por los 90.

Al pibe Rossi pronto le picó el bichito de las carreras, esas que veía desde el tablón. Entonces pregunta va, comentario viene, visita al hipódromo va, fija viene, Hernán se dio cuenta de que el turf sería lo suyo y trascendería el plano del aficionado común. El lo relata:

"Siempre anduve con los caballos acompañando a mis padres a los studs donde entrenaban sus ejemplares y de a poco me dieron ganas de aprender, de observar todo, de asimilar lo que pudiera escuchar. De muy chico me dije que al terminar la secundaria me dedicaría a la cuida."

Y lo hizo. Finalizó el colegio y avanzó sobre lo que más le gustaba. Hoy, en una caballeriza de la calle 119, Rossi tiene ocho caballos a su cargo, entre ellos, a la potranca Cissy, reciente ganadora del clásico Miguel Luis Morales, en el Bosque.

¿Correrá la Polla?, se le pregunta, y el cuidador responde que estará allí, aunque en el fondo sabe que lo mejor de su potranca vendrá cuando las distancias aumenten; acaso para el Selección.

En 1997, con Victory Light, un caballo que pertenecía a un socio de su padre, Rossi se dio el gusto de tener su primer ganador, y ya con patente de entrenador, Evaristo le dio su primer éxito oficial.

"Sé que el camino por recorrer es largo, difícil y con altibajos propios de una profesión muy competitiva", define, y agrega que está conforme con su pequeño escuadrón de ocho caballos, "pero, seguramente, podría también atender correctamente a otros más. Estas son épocas bravas, por eso tengo que agradecer a todos aquellos que confiaron y confían en mí".

Rossi ya superó los veinte éxitos y la mayor parte de sus días la pasa en su caballeriza.

"Me encanta supervisar todo y estar encima de los caballos. A mí siempre me encontrarán acá." Y ese acá es su stud, al que siente como un laboratorio de victorias.

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