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"Llevé a mis hijas a ver pruebas de salto y me dieron ganas de volver a montar, pero ya tengo decidido que no corro más. Es más, voy a emprender otras actividades en el campo, pero descarto seguir ligado directamente al turf." Con esas palabras, el jockey Rubén Laitán anunció su retiro de la profesión después de veintisiete años, lapso en el que se convirtió en uno de los mejores en el arte de conducir caballos de carrera.
Hace casi un año, el jinete rodó en las pistas de entrenamiento de San Isidro, sufrió fracturas de cúbito y radio, con salida, en su mano izquierda, y desde entonces, ante la demora en rehabilitarse completamente, la idea de abandonar reflotó. "En realidad, antes del accidente venía pensando en largar, salvo que surgiera un contrato con alguna caballeriza, pero eso no sucedió, la recuperación de la fuerza no fue total como para correr y no me encuentro capacitado para arriesgar", admite quien brilló sobre los pura sangre desde aquel primer éxito en Palermo, en 1976, sobre la cruz de Litio.
"Era un caballo de Juan Carlos Bagó. De esa carrera, al igual que de tantos clásicos y ejemplares importantes que corrí, no me voy a olvidar nunca", sostiene Laitán, que obtuvo alrededor de 1500 triunfos, entre los que se destacan los conseguidos sobre Mountdrago, al ganar la Polla de Potrillos y el Jockey Club de 1980; Juez de Pan, con el que se adjudicó la Polla de 1984; Potrillazo, al vencer en el Nacional de 1985; Larabee, que se quedó con el Pellegrini de 1987 y, en pruebas de similar relevancia, sobre las yeguas Salt Spring, Sea Girl y New Real Deal, entre otros.
El jinete, que en la década del 80 fue primera monta de los studs La Quebrada y Tori, por ejemplo, reconoce que le hubiera gustado retomar la competencia este año, "pero daría una ventaja del treinta o cuarenta por ciento con la mano, que para un jockey es tan importante como para un futbolista son las piernas", explica. Además, aclara que "esta profesión, porque está en riesgo la vida, ya es peligrosa estando bien, por lo que sólo con las ganas no alcanza".
Laitán siente que cerró su ciclo montando caballos a más de 60 km/h. "Quiero mucho al turf y lo voy a seguir queriendo, ya que le debo todo, pero ahora me espera el campo. De mi paso por las carreras me quedan los mejores recuerdos", afirma.
Claro que, se nota, él también integra esos mejores recuerdos en la memoria de los aficionados, los que llevan ya casi una temporada extrañando la habilidad, la precisión y el coraje de un gran jockey.



