Tras un grave accidente, Roberto Vaccaro volverá a domar ilusiones

El Indio habla distendido después de que un potrillo se le cayó encima y su pierna se fracturó en 19 partes
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20 de mayo de 2003  

Algunas profesiones dentro del turf no tienen tanta publicidad como aquellas que están más expuestas al público, como la de jockey o entrenador.

Una de ellas es la de domador, tal es el caso de Roberto El Indio Vaccaro, quien el año último sufrió lo que él denomina un accidente de trabajo y como resultado su pierna derecha se fracturó en 19 partes. Educó caballos clásicos como Savage Toss, Octante, Oh Toss, Southern Filly, Overspeed y Valenti, por nombrar algunos.

Vaccaro, 48 años y 23 como domador, actualmente se recupera de ese percance en su casa de San Isidro y promete que pronto volverá a estar arriba de los caballos.

"Cuando los médicos vieron cómo me había quedado la pierna, desde la rodilla al empeine, se pusieron serios y me dijeron: "Gaucho..., no sabemos cómo va a salir de ésta". Pero por suerte, todo salió bien", y no se ahorra agradecimientos para el Dr. Jorge Romanelli -jefe de traumatología de miembros inferiores del hospital Fernández-, que sólo se encarga personalmente de casos especiales o graves como lo fue el de Vaccaro.

"Fue en Palermo y con un potrillo del stud Five and Me al que montaba. Se cayó y me aprisionó contra el suelo. Se levantó conmigo encima y volvió a caerse de nuevo, pero lo hizo justo dentro de la zanja que separa las canchas. La pierna me quedó como dentro de una morsa. Si no se hubiese ido al piso por segunda vez no me pasaba nada. Ni la bombacha me manchaba. Fue un gaje del oficio. Al caballo no le pasó nada, lo mío se arregla", dice, y le pone una cuota de buena onda a su situación. La época de no poder dormir por los dolores quedó atrás y ahora mira hacia adelante.

Casado con María Elisa Penna, hija del fallecido entrenador Julio Felix, y padre de María y Santiago, El Indio comenta que es partidario de la doma tradicional aunque no critica la otra escuela, denominada doma racional.

"Al principio los dos estilos son parecidos, porque se trabaja con mucho manoseo. Pero luego se diferencian porque el método de Martín Hardoy, por ejemplo, trabaja mucho los caballos en corrales y yo los domo en libertad", distingue.

Aunque no hay una regla fija, Vaccaro entiende que domar un caballo "es un trabajo de dos meses, como promedio, Pero hay potrillos que necesitan un poco más de paciencia. Además, un caballo mal domado después tendrá problemas con su entrenamiento. También están los que se avispan más tarde y hacen parecer que el trabajo se hizo mal".

A pura bicicleta para acelerar su recuperación, Vaccaro se jacta de que es uno de los pocos que puede vivir directamente de su oficio y recuerda a Claudio Barros como uno de sus maestros.

Alguna vez, el preparador estadounidense Ronald McAnally dijo que el ejemplar argentino es bueno, pero está mal educado, un concepto que Vaccaro no comparte en absoluto.

"Acá se educa bien y la doma de allá es diferente. Por ejemplo, los caballos norteamericanos no tienen boca y los nuestros sí. Por eso, aquél sale a correr fuerte desde abajo y el nuestro es tan dúctil que puede tener desarrollo", afirma Vaccaro y asegura que en nuestro país hay buenos en su oficio.

"Los caballos con calidad ya se muestran diferentes desde la doma. Son mansos, superan enseguida los problemas propios del desconocimiento, se adaptan a todas las circunstancias y aprenden rápido".

¿Cuántos caballos disciplinó? Hace memoria el hombre nacido en Moreno, pero se pierde en la cuenta. Acaso, para él, sea un dato menor porque forma parte del pasado y lo que le importa son aquellos que domará en el futuro.

De estilo tradicional

"A los potrillos hay que darles tiempo. A los palos no se consiguen buenos resultados" afirma Vaccaro, que trabajó ocho años en el haras La Biznaga y es colaborador directo de Roberto Pellegatta y Jorge Mayansky Neer, entre otros entrenadores.

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