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A mediados de 2001 devolvió los pocos caballos que aún entrenaba, le puso llave al stud y se fue a su casa. El nombre de Ever Perdomo, entonces, desaparecía de la escena hípica. El cuidador que por los años 80 fue sinónimo de éxito constante en San Isidro, por decisión propia, daba un paso al costado y se apartaba de las carreras.
En rigor, no era la primera vez que lo hacía. Ya antes, cuando dejó de ser jockey y analizaba convertirse en cuidador, pasó la transición lejos de las pistas y cerca del surtidor de una estación de servicio que montó junto con un amigo.
Pero por aquello de que los caballos aún le tiran, Perdomo decidió ahora pegar la vuelta al stud y hoy, en La Plata, volverá a ensillar un puro de carrera.
"Vuelvo por cuestiones económicas, porque tenía que hacer algo; pero también porque sé que puedo", dice quien con ocho caballos del stud El Cartujo tratará de reinstalarse en el mundo de las carreras.
"Ante la alternativa de seguir o continuar trabajando a pérdida, un día opté por dejar de cuidar. Me habían quedado pocos caballos y con la crisis ya no se daba para más. Además los propietarios perdían plata", recuerda el entrenador de Paseana, Wooden Girl, Romanza Mora, Ierón, El Sabi y tantos otros caballos clásicos con los cuales ganó grandes carreras.
Se siente cómodo el uruguayo Perdomo en la austeridad de la pequeña oficina de su stud en San Isidro; recinto de paredes peladas de cuadros o trofeos que remitan a victorias recientes. Apenas un escritorio, tres sillas y un cenicero donde alguien, poco antes, encendió carbones e inciensos completan la escenografía.
"Mi idea era irme a Montevideo por la reapertura del hipódromo de Maroñas; pero como lo de allá todavía no está listo y me habían hablado para hacerme cargo de estos caballos, lo analicé, vi que cerraba y acepté cuidarle a El Cartujo. Quizás ocho caballos no sea mi número ideal, pero sirven para comenzar", dice quien supo tener una caballada de 50 ejemplares y asegura que no extrañó las victorias o los reconocimientos durante su ausencia tanto como los aromas y sonidos de un patio de stud.
"No extrañé el hipódromo para nada, pero sí esto -y señala la caballeriza-. ¿Si cuándo uno deja de estar en el candelero la gente lo olvida? Sí, pasa. Tengo un amigo que decía algo muy cierto: cuando estás arriba el teléfono te suena cada diez minutos, y cuando estás abajo, cada diez días. Es normal."
Considerado en su mejor tiempo como un entrenador de los más seguros, principalmente por el alto rendimiento competitivo de sus caballos, Perdomo no tiene dudas de que uno de los secretos para vencer es adaptarse a cada caballo. "Los éxitos son un accidente de trabajo", define.
Desde un box, afuera de la oficina, se escucha el relincho de un caballo. Pero no es el de Lady Tactic´s, la yegua que el entrenador hoy llevará al hipódromo de La Plata para correr en la cuarta carrera del programa. "Ella debuta y yo repriso", dice Perdomo y sonríe, como quien marca que para los dos será un día importante en sus vidas.


