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Yolanda Dávila ya está para un Salón de la Fama. Fue la primera jockey argentina que pudo vencer en la Polla de Potrancas, con Star and Stripes; ahora es la primera en ganar un Derby, el uruguayo en este caso, con Café Silver, el tordillo que entrena en Maroñas.
Se la escucha emocionada 24 horas más tarde de establecer su nueva marca. Y es probable que la emoción le dure toda la vida, porque no son cosas, éstas, que se olvidan facilmente.
¿Qué es más noticia? Que Yolanda, una mujer, haya ganado un Nacional o que lo haya hecho Café Silver. La entrenadora es la que evalúa y en su respuesta ubica a los dos sucesos a la misma altura, con lo que deja ver que no se pone por encima. En el barrio dirían que no está agrandada.
"El lunes pasado fue mi cumpleaños y el Nacional fue el mejor regalo", dice, y enseguida revela que va por los 39. "Ya estoy media viejita. El domingo nos quedamos festejando con Mery y Antonio [los dueños del tordillo] hasta que se terminó el programa de carreras. Después, a las doce de la noche ya estaba en la cama y hoy [por ayer] comenzamos a trabajar a las seis y cuarto en la cancha." Queda visto que Yolanda no se duerme en los laureles.
Hace seis años dejó de correr, tras aquel accidente en una carrera de La Plata, cuando terminó en el hospital y tardó varios días en salir de un coma. "Recién ahora comencé a acostumbrarme a no montar más, pero igual sigo extrañando. Es más difícil cuidar que correr. Como entrenador tenés que estar todo el día atento a los detalles. Correr era más lindo", compara.
Dávila comenzó a entrenar en Montevideo después de que su pareja de entonces, Javier Etchechoury, dejó Maroñas para radicarse en Palermo. "Al principio lo ayudaba y aprendía, y cuando Javier volvió a Buenos Aires y yo me quedé acá, recibí todo el apoyo del haras de la Pomme, quienes hicieron mucho por mí. Después, empecé a recibir caballos de otros propietarios. Casi como que no lo podía creer. Un día vi que tenía cerca de 37. Acá la gente me hizo sentir muy bien; me encanta cómo me tratan."
A Café Silver lo entrena desde que el potrillo salió de la doma. "Perdimos la Polla, porque estaba ocho puntos y en el Jockey Club venía corriendo muy lejos y arriba no alcanzó. Pero eso, ahora le pedí al jockey que viniera un poco más cerca. Ya en los últimos 700 metros pensaba que ganaba."
Yolanda ama a los caballos. "Son lo que más quiero", apunta, y no lo dice de la boca para afuera. Si hasta una vez aceptó irse a montar a los Estados Unidos sólo porque sabía que allí podía volver a ver a Star and Stripes. "Pero cuando llegué ya la habían mandado a otro país."
Y continúa: "Me puse muy contenta porque me llamó toda la familia Etchechoury para saludarme; también hablé con Javier. Los dos quedamos muy bien". Habla de su ex novio, de quien la separa en el afecto sólo el Río de la Plata.

