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Tranquilo, aliado del perfil bajo y enemigo de las exteriorizaciones ampulosas, dueño de una imagen que irradia paz. Acaso la procesión vaya por dentro para Jorge Berendt, si se elige atenerse a su propia confesión de lo tenso que se sintió en la definición de ayer en Cannes. Con ese carácter apaciguado está ahora procesando su primer gran triunfo este formoseño de 37 años (nació el 19 de julio de 1964), de origen humilde y laborioso como la gran mayoría de sus colegas compatriotas que por estos tiempos cosechan satisfacciones en el exterior.
Para el Coqui, llegó la hora de agregarse a ese círculo tras una carrera que empezó siendo muy pequeño, cuando antes de los diez años ya era caddie en el Golf Club Argentino. Esa actividad, a la que asomó en medio de un par de traslados familiares entre Formosa y Buenos Aires hasta el afincamiento definitivo en la Capital, le permitía aportar a la economía hogareña.
Pero sus primeros trazos en el juego los dio guiado por Eugenio Renda, que se desempeñaba en ese club como master caddie y le daba clases a Adán Sowa. Cuando éste comenzó a viajar y el profesor se quedó sin alumnos, Berendt se anotó como su pupilo. Tenía 12 años y en sus preferencias el golf ya comenzaba a dejar en segundo plano al fútbol (“Jugaba de siete”, recuerda), un deporte que siempre lo apasionó y que llegó a practicar en los equipos infantiles de Platense. Con la ayuda de Elcido Nari quedó como aspirante y más tarde trabajó como profesor en el club.
Años de trabajo sin pausas precedieron al tiempo de los primeros torneos, a la época en que se lo distinguió como revelación, al primer éxito, en el 89, en Rosario. “Desde entonces mantuve un nivel parejo. Salvo por un par de años en los que no conseguí triunfos, en promedio ganaba un torneo por año”, cuenta el flamante vencedor en Cannes.
Ahora que parte de sus sueños comenzó a corporizarse, para Berendt son horas de agradecimiento hacia quienes sostuvieron su esfuerzo en aquellos días. En primera fila, Sonia, su esposa, y sus tres hijos: Leandro, de 14, Erica, de 11, y Brian, un bebé de dos años y diez meses. Los mismos que por estas horas festejan con él a la distancia, desde su casa en Villa Urquiza.
“En lo único que pienso ahora es en la forma de darles las gracias a todos los que me ayudaron en los buenos y los malos momentos. Esto es para ellos. Para mi esposa, que fue la que más me apoyó; mis hijos, que siempre estuvieron contentos de que yo juegue al golf aunque por eso los tenga que dejar solos muchas veces... Para mis padres, que aún sin ser conocedores de esto siempre me acompañaron y me alentaron en esos tiempos en los que les ayudaba a parar la olla, cuando empecé a jugar... Y tambien mis siete hermanos, que nunca dejaron de bancarme.”
Y en ese recuento no quiere que falten sus amigos de siempre, como Hugo Vizzone –tenaz ayudante para la práctica de un approach que al final fue clave en la victoria–, José Cantero, Ricardo González (el que tras su victoria en el Abierto de Suiza, el mes último, recibió una lluvia de champagne de parte de Berendt en pleno green) y Gustavo Rojas.
Se dio el gran gusto Jorge Berendt. Inscribió su nombre en Europa, donde los argentinos vienen pisando fuerte. Pero lo hizo en silencio, como a él le gusta.


