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Fabio Moli escupió el protector bucal y se desplomó de manera poco decorosa. El público, unas 10.000 personas que colmaron el imponente Olimpiahalle de Munich, no podía entender. Buscaban las pantallas gigantes para poder observar qué había pasado, cuál había sido la causa por la cual ese gigantón argentino de físico poco atlético se había derrumbado tan ruidosamente. Wladimir Klitschko (110 kg) levantó sus brazos tímidamente, como pidiendo disculpas. Sólo había transcurrido 1m49s.
Una izquierda en gancho del ucranio dio en la sien de Moli (117,5 kg). No pareció una mano de definición, aunque es posible admitir que pudo haberlo desequilibrado. El árbitro, Armando Alonso, comenzó la cuenta que, para sorpresa de todos, llegó a 10 con el cordobés aún sobre la lona, sin la mirada perdida, sin signos de turbación. La Mole, esa que pareció achicarse hasta un grado de pequeñez absoluta, pareció resignado a esperar la burocrática coronación de su adversario y marcharse cuanto antes de allí. Sin pena ni gloria. Klitschko -que en su interior no debe de haberse tomado en serio el triunfo- se acomodó el cinturón internacional de la AMB que estaba en juego y palmeó a Moli con una mueca casi de lástima.
Fue un final lamentable, sin el fuego sagrado que Moli y su entorno habían prometido. Una actuación tan reprochable que volvió a nublar la imagen del boxeo argentino: Moli apenas tiró una derecha tibia, una confirmación de la temerosidad que se le notaba en su rostro camino al ring.
En la previa nadie apostaba por una victoria de Moli. Es más, hasta se llegó a la conclusión de que era una empresa casi imposible, teniendo en cuenta las condiciones y antecedentes de uno y de otro. Pero también es cierto que se esperaba una actuación decorosa de un pugilista que, aunque con rivales de un nivel inferior, siempre había mostrado guapeza. Como ejemplo vale insistir con el recuerdo de la recordada actuación de Luis Angel Firpo ante Jack Dempsey, en 1923. El argentino fue derribado en 10 ocasiones y perdió en el segundo asalto. Pero su actitud de pelea, su coraje y aquel golpe que sacó al campeón del ring lo dejaron en la historia.
"Yo hice lo que debía sobre el ring. Para mí lo importante era ganar esta pelea. Lo siento si los espectadores no pudieron saborear más el combate", fue la explicación de Klitschko.
Moli apenas fue una mueca triste, una Mole tan livianita e inofensiva que se desplomó al primer soplido. Nadie apostaba que ganaría. Tampoco nadie creía que todo iba a terminar en un papelón.
MUNICH (Especial).- Otro cordobés participó sin suerte de la reunión en esta ciudad, aunque su rendimiento fue mucho más decoroso que el de Fabio Moli. Se trata de Sergio Martillo Béaz, campeón sudamericano de los semipesados, que fue derrotado por puntos, en ocho asaltos, por el invicto alemán Alexander Petkovic. Martillo lleva perdidos cinco de sus últimos seis combates (entre ellos, ante Hugo Garay y Jorge Locomotora Castro).
Béaz, que fue convocado de apuro hace 10 días porque el rival original de Petkovic no pudo viajar, terminó con una gran hemorragia nasal producto del castigo recibido, pero se mantuvo en pie hasta la campana final.



