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Suenan los bocinazos y es sinónimo de festejo por algún gol; es alegría, que desatan los pichones de crack; todavía deben recorrer un largo camino, pero por un día son las estrellas.
Las copas Potrillos (hasta 14 años) y Potrillitos (hasta 11 años) son la convocatoria para que los más pequeños vivan su fiesta; y en el escenario, el club Los Indios, en San Miguel, 140 chicos agrupados en 35 equipos -récord en el torneo- se dan el gusto y sueltan la rienda de la ilusión; tambien le dan forma a un torneo que, desde hace mucho tiempo, se convirtió en un semillero del que surgen los futuros cracks del polo argentino.
De los 35 equipos, fue muy grande el esfuerzo de los chicos de Brasil, que ganaron la rueda de perdedores de Potrillitos. Claudemir Siquini, el capitán del team proveniente del Centro Helvetia, de San Pablo, señaló: "Decidimos inscribirnos hace dos meses. El polo no es un deporte tradicional en nuestro país y poder estar aquí nos brindará experiencia. Nos vamos contentos, porque esto es muy enriquecedor".
Por ahí andan las chicas de La Quinta. No les fue bien: fueron eliminadas rápidamente. Lía Salvo, de 12 años, toma la palabra: "¿La verdad? No esperábamos ganar. Nos fue remal, pero igual nos divertimos". La acompañan Celina Fernández Ocampo (10) y Valentina Zubia (11).
Los grandes acompañan con gusto. Incluso, y a pedido de los chicos, Erasmo Mito Goti y Alberto Pepe Heguy deben cumplir la función... de jueces. También están Eduardo e Ignacio Heguy, Milo Fernández Araujo, Gonzalo Pieres, Benjamín Araya.
Algunos comienzan la retirada; el sol cae en el horizonte y, a pesar del frío, todavía se sigue jugando. Es la final de la Potrillos. Ellerstina, que había arrasado en los primeros encuentros, no puede con La Martina, conducida por Guillermo Caset (h), el mejor jugador del certamen. Están 1-1 y las sombras cubren toda la cancha. Con el último segundo de luz natural, Magoo Laprida se escapa y le da el triunfo a Ellerstina. Es el último festejo de la jornada el que prolonga la alegría de un día que tuvo a los chicos como protagonistas.
Es tiempo de abrazos, de confraternidad; los pequeños no saben de rivalidad; en esa pureza de espíritu se cimienta el futuro del mejor polo del mundo.



