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CORDOBA.- No se durmió en la casa de los Bardach, en el barrio cordobés de Quebrada de las Rosas. Al menos, si se intentó hacerlo, nadie lo consiguió realmente. La familia de Georgina -menos su papá, Georgie, que la siguió desde las tribunas de la piscina ateniense- se convulsionó ante la pantalla de televisión. Mamá María Adela y sus hermanos Jennie, Nacho y Vicky sufrieron y gozaron. Al final, lloraron lágrimas de alegría.
"Estamos todos como cayendo. En la eliminatoria, a la mañana, no había tantos en casa; además de nosotras, había amigas mías, de mi hermana y de mi mamá. Pero en la final éramos como veinte. ¿Yo? Con tantos nervios que ni siquiera pude ver la carrera. Me fui a tirar en un sillón, en mi cuarto, y volví a ver cuando faltaban 50 metros...", confesó Jennie, de 19 años, a LA NACION, todavía excitada.
"Mamá gritaba todo el tiempo. Estaba rara.... Contentísima. Acá todos llorábamos", continuó la mayor de las hermanas de Georgina. Eran cerca de las siete de la tarde y la casa todavía estaba alborotada: el teléfono empezó a sonar sin parar desde las 14.30, apenas terminó la carrera, y la puerta de casa se abrió una y otra vez para recibir amigos, vecinos y familiares que se acercaban a saludar.
"Ella nos llamó después. No contó mucho, pero se notaba que estaba recontenta. Tenía el sueño de entrar en la final, pero cuando vio que quedó tercera en la eliminatoria pensó en una medalla. Y se le dio... Mi papá también llamó, llorando y feliz." Los Bardach, una familia con un motivo más para sentirse orgullosa.

