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RIO DE JANEIRO (De un enviado especial).- Quedó al borde del bochorno. Tal vez, la noche de River no fue más negra porque Vasco da Gama bajó los decibeles en el momento justo y evitó florearse ante un adversario que poco tenía para recuperar y ganar en el terreno de juego.
Todo no hubiese pasado de una simple anécdota si River mantenía una postura de luchar permanente en busca del triunfo para acceder a la final de la Copa Mercosur. Pero ante el gol de Juninho Paulista, el equipo dirigido por Américo Gallego equivocó el rumbo.
River empezó a perder la compostura. Y no precisamente la futbolística. Si bien la expulsión de Eduardo Coudet y de Juninho Paulista por agredirse sólo puede atribuirse a una reacción en un partido caliente, lo que siguió después fue bastante más grave y rozó el escándalo.
Apenas el árbitro uruguayo Jorge Larrionda le mostró la tarjeta amarilla para cada uno de los involucrados, varios futbolistas quisieron golpearse. Hubo amenazas y algún que otro manotazo, pero la serenidad de los más calmos, como Roberto Bonano y algunos jugadores de Vasco da Gama, le pusieron paños fríos, momentáneos por cierto, a esa repudiable situación.
No obstante, algunos de los protagonistas no volverían a encarrilarse en toda la noche. Molesto ante el mínimo amago de la gambeta rival, Roberto Trotta tomó a Euler como blanco de su ira por un resultado negativo y le pegó una patada descalificadora. Su falta de profesionalismo quedó en evidencia tras la infracción, cuando, con el delantero aún en el piso y con reconocidos signos de dolor, el capitán de River agredió nuevamente al brasileño y se ganó justificadamente la tarjeta roja.
Esta reacción resultó inadmisible para un hombre de la trayectoria de Trotta y no sirve como justificativo decir que los jugadores de Vasco lo cargaron o algo por el estilo.
Con esa acción se temió lo peor, pues entre los 15 y los 30 minutos de la segunda etapa, los argentinos no sólo perdieron la brújula futbolística, sino que no tuvieron serenidad para calmar su impotencia. Ariel Ortega (que debió ser amonestado) reaccionó varias veces como si hubiera cuentas pendientes con quienes lo marcaban.
Marín Cardetti, que reemplazó a Javier Saviola, y Gustavo Lombardi perdieron el control durante algunos pasajes y también pudieron irse antes a los vestuarios, si no hubiese sido por la permisividad del árbitro.
Este escandaloso panorama tuvo un prólogo escrito por una parte del público local situado en una de las plateas bajas, que le arrojó cerca de 40 latas al árbitro asistente Carlos López, porque éste sancionó un offside en contra de su equipo en la primera etapa. Increíblemente, ninguno de los objetos hizo blanco en él y el partido continuó normalmente cuando de normal tenía muy poco.
Igual actitud tomaron los hinchas brasileños cuando se fue expulsado Trotta, cuya salida hacia los vestuarios estuvo acompañado por la gran cantidad de latas que le arrojaron.


