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Devenida en objetivo principal para River en un final de temporada que le fue retaceando otras metas, la Copa Mercosur amenaza con provocarle el último trago amargo del año al equipo de Núñez. Imposible no considerar esa perspectiva después del inesperado 4 a 1 que Vasco da Gama le asestó anoche en el Monumental, en la primera semifinal. Es que, si bien no se pueden ignorar los recursos potenciales de River, la empresa que afrontará la semana próxima en el Sao Januario, en Río de Janeiro, no podría presentarse ahora más complicada. Más que nada, porque descorazona a cualquier equipo irse con una goleada en contra después de noventa minutos que desnudaron tanta voluntad y empuje como desequilibrio.
La ventaja de dos goles que los brasileños consiguieron en ese primer tiempo a corazón abierto -producto de la propuesta de los locales- fue insólita si se considera que el conjunto de Américo Gallego dispuso de alrededor de una docena de situaciones de gol. Oportunidades no concretadas, en proporciones parecidas, por ineficacia propia y por una noche formidable del arquero Helton.
River mostró en ese lapso algunas señales elogiables y otras, negativas, que recibieron un castigo exagerado. Entre las primeras, la vocación de llevarse por delante a Vasco, algo que logró en muchos pasajes. Y en el otro rubro, en parte consecuencia de lo anterior, una retaguardia descuidada. Yes demasiado riesgoso mostrar semejante desequilibrio -ya había aparecido ante Flamengo, hace dos semanas- si enfrente hay brasileños.
Vasco, que salió claramente a esperar, con cuatro en el fondo, tres volantes de contención y un único hombre -Romario- sin compromisos defensivos, hizo uso de esas ventajas sin ninguna restricción. Golpeó sin miramientos cuando tuvo la oportunidad, y tuvo, también hay que decirlo, algo de suerte. Romario anotó casi en su primer contacto con el balón -en la jugada hubo un taco de Clebson, un buen elemento- y después fue Junior Bahiano el que aprovechó en el área un rebote tras un intento de Juninho Pernambucano que dio en el palo.
Mientras, River buscaba por todos los medios y desperdiciaba oportunidades de todo tipo. Intentó con el desequilibrio de Ortega por la derecha, el de Aimar por el otro extremo y un Saviola que inquietó;no contó, esta vez, con Angel, el único notoriamente apagado entre los Cuatro Fantásticos. El menú de ocasiones dilapidadas incluyó un remate en el travesaño de Trotta y varios mano a mano ahogados por el casi inexpugnable arquero. Pudo haber sido un 6-3, sin exagerar, y fue un 0-2. Tan atrapante como injusto.
Para mal de los Millonarios, poco cambió en la segunda etapa. Y lo que lo hizo fue para peor: más ansiedad, más impotencia y más nervios, que terminaron por dibujar una imagen de equipo caótico. Tanto que hasta el entorno se volvió extraño; los hinchas canalizaron su resignación en mofas a Bonano, desde que el arquero se hizo el tercer gol, en contra. El cuarto tanto, de Pedrinho, y el descuento de Saviola poco agregaron a la escena.
Más allá de aquella sorna, la gente, parte de la cual en algún momento agitó el recuerdo de Ramón Díaz, despidió con aplausos mayoritarios al equipo. Reconoció la entrega por encima de las fallas y de un resultado que manchará la estadística de River: el equipo de Núñez no sufría una goleada en el Monumental desde el 23 de septiembre del año último, cuando Cruzeiro lo venció por 3 a 0, también por la Mercosur. Y no recibía cuatro goles en el mismo escenario desde el 98: un 4-0 de Lanús (17 de febrero, por el Clausura) y un 4-3 de San Lorenzo (30 de agosto, en el Apertura). Demasiados datos adversos para afrontar un desquite a todo o nada.
Sin autocrítica, tratando únicamente de irradiar optimismo, el DT de River, Américo Gallego, le echó la culpa a la mala suerte y cree que todo puede revertirse en Río de Janeiro, el miércoles próximo. "Fue un resultado injusto y quiero agradecerles a mis jugadores por la entrega que tuvieron. Estoy convencido de que podemos darlo vuelta, porque observé varios partidos de Vasco de local y creo que no es imposible llegar a los penales. Tal vez allá tengamos mejor suerte que la de esta noche", señaló Gallego.


