Un estudiante de medicina indio se dedicaba a la venta de imágenes y videos falsos online; le llevaba entre 30 y 50 minutos por día
5 minutos de lectura'

En los últimos meses, una mujer llamada Emily Hart acaparó la atención de millones de usuarios en redes sociales. “Si querés una razón para dejar de seguirme: Cristo es rey, el aborto es asesinato y todos los ilegales deben ser deportados”, decía uno de los posteos de esta joven enfermera de rasgos similares a la actriz estadounidense Jennifer Lawrence.
Sus posteos acumulaban millones de likes y comentarios en cuestión de segundos, especialmente entre hombres alineados con las ideas del actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Sin embargo, Emily Hart no era una persona real, sino una influencer creada con inteligencia artificial (IA) por Sam, un estudiante de medicina indio de 22 años, según revela un artículo de Wired.
La creación de Emily Hart surgió como respuesta a una necesidad económica: el joven, que recibía dinero de sus padres y había gastado buena parte en exámenes de habilitación, buscaba emigrar a Estados Unidos luego de graduarse. Fue allí cuando decidió investigar sobre cómo ganar dinero extra online.
En un principio, hizo shorts de YouTube y vendió apuntes a estudiantes de medicina, pero el dinero aún no era suficiente.
Tras pasar horas en redes sociales, Sam detectó una tendencia capaz de aumentar sus ingresos: la creación de chicas generadas con IA. Al poco tiempo, comenzó a publicar fotos genéricas de una mujer atractiva —generadas con Nano Banana— en Instagram. Sin embargo, el contenido no lograba los niveles de engagement esperados.
“Si creás una ‘chica sexy’ genérica, estás compitiendo con un millón de otras modelos”, le dijo Gemini a Sam tras consultarle por qué su experimento no había dado resultado. El joven le presentó al chatbot diferentes opciones para que su modelo destacara. ¿La respuesta final? El “nicho MAGA/conservador”.
En detalle, Gemini explicó a Sam que “la audiencia conservadora (especialmente hombres mayores en EE.UU.) suele tener mayor ingreso disponible y es más leal”. No obstante, un representante del Gemini aclaró que la herramienta “está diseñado para no dar una opinión particular a menos que se le pida”. Por el contrario, su objetivo es “ofrecer respuestas neutrales que no favorezcan ninguna ideología o punto de vista político”.
Chicas MAGA, ¿un fenómeno en expansión?
La recomendación de Gemini fue solo el primer paso para que Sam se convirtiera en un experto de la ideología MAGA. “Todos los días escribía algo pro-cristiano, pro-Segunda Enmienda, pro-vida, antiaborto, anti-woke y antiinmigración”, contó. En cuestión de semanas, la cuenta “explotó”.
“Cada reel que publicaba tenía 3 millones, 5 millones, 10 millones de vistas. Al algoritmo le encantaba”, aseguró el joven. Específicamente, Emily Hart alcanzó los 10.000 seguidores en Instagram, así como también una gran mayoría de ellos se suscribió a su contenido softcore generado por IA en Fanvue, un competidor de OnlyFans.
Entre las suscripciones en Fanvue y la venta de remeras con temática MAGA, Sam estima que ganaba unos miles de dólares al mes. “Le dedicaba entre 30 y 50 minutos por día, y ganaba buen dinero para un estudiante de medicina”, señaló. Y agregó: “En India, incluso en trabajos profesionales, no podés ganar este monto. No vi una forma más fácil de hacer dinero online”.

Perfiles falsos como el de Emily Hart abundan en redes sociales. El patrón es claro: mujeres rubias y blancas con una fuerte inclinación hacia ideologías de derecha.
Tal es el caso de Jessica Foster, una supuesta militar rubia que se volvió viral luego de publicar una foto con Donald Trump y Vladimir Putin. En solo cuatro meses, obtuvo más de un millón de seguidores.
Valerie Wirtschafter, investigadora del Brookings Institution, sostiene que, si bien los perfiles falsos no son un fenómeno nuevo dentro del ecosistema digital, “la IA los ha vuelto más creíbles”.
En esta línea, si bien las plataformas exigen a los usuarios indicar si su contenido fue generado con IA, la norma no suele aplicarse de forma regular. De hecho, los posteos de Emily Hart no contaban con estas etiquetas.
Además, el algoritmo favorece las opiniones controversiales. En el caso de Emily Hart, no solo recibía comentarios de sus fanáticos, sino también de usuarios en contra de su postura. “Es una situación en la que ganás sí o sí, porque obtenés engagement y tu contenido se vuelve viral”, comentó Sam a Wired.
Incluso, en el último tiempo detectó que el contenido “pro-nazi” está generando mucho engagement en plataformas, y aventuró que una influencer IA con estética nazi “rompería todos los récords”. Al respecto, un portavoz de Meta dijo: “Prohibimos el contenido que glorifica, apoya o representa al nazismo, y lo eliminamos cuando lo detectamos”.
En febrero, la cuenta de Emily Hart en Instagram fue suspendida por actividad “fraudulenta”, aunque su perfil en Facebook continúa activo. Sam, sin embargo, no se arrepiente de haberla creado. “No siento que haya estafado a nadie”, expresó. Ahora, volvió a enfocarse en sus estudios.








