Otras ocho comunidades barajan sumarse a la medida para frenar unos sistemas que amenazan la credibilidad de los exámenes
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Las alarmas están sonando y las universidades empiezan a reaccionar ante la amenaza que supone para la credibilidad de las Pruebas de Acceso a la Universidad (PAU) el aumento en el uso de dispositivos tecnológicos para copiar aprovechando la potencia de la IA. Cuatro comunidades autónomas emplearán en la próxima convocatoria de la Selectividad, en junio, detectores de frecuencia para descubrir a los alumnos que utilizan aparatos como los nanopinganillos que no se ven a simple vista (hay que sacarlos del oído con un imán) para escuchar las respuestas que les dictan desde fuera del aula, usando el teléfono móvil como antena: Galicia, Murcia, Cataluña y Aragón.
Ocho autonomías también estudian aplicarlo en esta edición de la PAU. Se trata de Andalucía, Asturias, Baleares, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Comunidad Valenciana, Navarra y Euskadi, que ha advertido a los estudiantes que el personal que vigila la prueba “en todo momento puede hacer uso de detectores de frecuencias que fácilmente localizan dichos dispositivos no autorizados”. El castigo que los tribunales de la PAU prevén aplicar a quienes sean descubiertos con estos sistemas es, en general, el más severo: la anulación de toda la prueba, no solo del ejercicio en el que el estudiante haya sido sorprendido.
Los responsables universitarios de la PAU en Madrid, Extremadura y Canarias aseguran que este año no usarán detectores, aunque sí se plantean hacerlo en próximas ediciones, y que, de momento, extremarán la vigilancia tradicional. Las universidades de La Rioja y Cantabria no han contestado a las preguntas de este diario.
“Es un problema que estamos viendo también en las carreras, y tenemos que poner controles, porque es muy asequible. En las páginas web que hemos detectado se venden pinganillos, gafas de todo tipo a precios muy baratos. Calculadoras que parecen calculadoras normales y resulta que están conectadas a internet y con la IA resuelven cualquier examen de matemáticas”, afirma Jesús Ángel Miguel, delegado para la PAU de la Universidad de Zaragoza. La institución académica ha comprado los detectores, ha informado a los institutos aragoneses de su uso para que se lo trasladen al alumnado, y se dispone a aprobar la normativa necesaria para desplegarlos.
Hasta el año pasado solo los usaba Galicia, que empezó hacerlo en 2019. “Se comenzaban a conocer casos de estudiantes que utilizaban pinganillos para tener una ventaja, y para nosotros es fundamental intentar garantizar la igualdad de oportunidades. Siempre que voy a hablar a los institutos les explico que cuando una persona copia no se está beneficiando a sí misma, está perjudicando a todos los demás”, dice Iván Area, responsable de la PAU en la Universidad de Vigo. El distrito universitario gallego posee, prosigue, numerosos detectores, con los que el profesorado recorre “de modo aleatorio” todas las aulas de las 37 comisiones delegadas donde se realizan los exámenes. Si el aparato capta una señal, se localiza al alumno y se levanta un acta. “Para nosotros es muy triste ver que a pesar de las advertencias lo siguen intentando”, dice el catedrático de Matemática Aplicada, que cree, no obstante, que las advertencias y las sanciones para quienes son sorprendidos ―“anulación completa de la PAU”― tienen “un efecto disuasorio”. Los detectores usados en Galicia cuestan unos 2000 euros la unidad, apuntan fuentes universitarias.

Los pinganillos se venden con frecuencia acompañados de un micrófono (oculto, por ejemplo, en un bolígrafo), a través del cual el alumno le cuenta las preguntas a alguien que está fuera del aula que le dicta las respuestas. En internet pueden encontrarse anuncios de distintos tipos de kits (algunos, con cámaras), y en redes sociales, estudiantes que explican cómo hacerlo. El auge de la IA permite que el colaborador externo facilite rápidamente la información, e incluso prescindir de dicho ayudante humano, o que la propia aplicación de inteligencia artificial escuche las pregunta y diga las respuestas, prescindiendo del colaborador humano.
Para intentar frenar esta vía de agua en la PAU, que algunos profesores también están intentando combatir en institutos y facultades, Galicia prohíbe que los estudiantes entren con el celular o cualquier aparato electrónico a las aulas donde se realizan los exámenes. La misma prohibición que las universidades catalanas acaban de trasladar a los centros de secundaria en el correo donde anuncian que van a empezar a implantar los detectores de frecuencia en la Selectividad: “Con el fin de evitar situaciones de estrés o confusión, agradeceríamos que informen a su alumnado que no pueden llevar, en el momento de la prueba, teléfonos móviles, relojes inteligentes o pulseras electrónicas, auriculares —tanto visibles como ocultos—, gafas inteligentes ni ningún otro dispositivo electrónico con conexión o capacidad de comunicación”.
En la PAU del curso pasado, Murcia ensayó “el rastreo de redes y frecuencias”, explica Joaquín Lomba, coordinador general de la prueba en la región. “Y este año se generaliza el procedimiento en las 12 sedes y para los 8.000 estudiantes que tenemos. Además, se vigilarán especialmente gafas y bolígrafos electrónicos, cuyo peso y ciertos rasgos físicos los pueden delatar, aunque la publicidad diga que no. Están prohibidos móviles y relojes inteligentes, que han de estar apagados, no en modo avión, y depositados en un espacio delimitado del aula. Por eso hay relojes en las paredes de todas las aulas”. Copiar, o ser sorprendido con material para hacerlo, agrega, “supone un cero en todos los exámenes de esa convocatoria”.
Encaje normativo y coste
Las ocho autonomías que todavía no han decidido si introducir los detectores en la convocatoria de junio están analizando cuestiones como “su encaje normativo y los diferentes tipos de dispositivos disponibles”, señala Isidro Peña, coordinador de la PAU en Castilla-La Mancha.

Los tres territorios que ya han descartado hacerlo, admiten, por su parte, su inquietud. “Nos preocupa, como al resto de compañeros de los distintos distritos”, afirma Antonio Adelfo Alberto Delgado, vicepresidente de la comisión organizadora de la Selectividad en Canarias, que afirma que quizá los utilicen en 2027. “Hay que entender que los detectores de frecuencia son caros, la PAU tiene muchas sedes y aulas, y significa para nuestras dos universidades un esfuerzo inversor. Esperamos que la autoridad educativa, la Consejería de Educación, como titular de la prueba, nos ayude a afrontar dicho gasto”.
José Antonio Pariente, responsable de la PAU en Extremadura, reconoce, por su parte, que el año pasado sorprendieron a un estudiante con el imán que se utiliza para sacar el nanopinganillo. “No nos dejó que se lo viéramos, pero fue calificado con un cero en esa materia”, afirma. Pese a ello, de momento, no van a utilizar detectores. “Lo que tenemos pensado es pedir a los vocales del tribunal que aumenten la vigilancia. Es muy difícil controlar el intento de copiar con el avance tan rápido de las nuevas tecnologías”, añade, un tanto derrotista.
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