La incorporación de inteligencia artificial en redacciones reconfigura el trabajo periodístico y abre un debate profundo sobre calidad y ética
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Recientemente, The Plain Dealer —el diario más grande de Cleveland, Ohio—comenzó a incluir en los artículos firmados por sus periodistas una particular leyenda: “Advance Local Express Desk”. ¿El significado detrás de esta mención? La noticia fue escrita por inteligencia artificial (IA).
Para Chris Quinn, editor jefe de The Plain Dealer, esta tecnología representa “el futuro” de las redacciones. “Si la IA puede hacer parte de nuestro trabajo, ¿por qué no dejarla y que las personas se encarguen de la parte que no puede hacer?“, planteó Quinn en una de sus columnas semanales.
En sintonía con esa visión, el medio decidió avanzar en la adopción de esta tecnología. Entre sus principales innovaciones, se destaca un modelo capaz de generar borradores completos de artículos, que luego son revisados y editados por editores humanos antes de su publicación. En ese proceso, los periodistas realizan sus respectivas coberturas y cargan la información en el sistema, según explica The Washington Post.
El objetivo es que los redactores focalicen su trabajo en tareas clave del oficio, como estar presentes en el lugar de los hechos y establecer vínculo con fuentes, mientras las máquinas automatizan el proceso de escritura. A su vez, Quinn espera que los periodistas aumenten su producción a cuatro notas por día con esta nueva metodología. “Al eliminar la redacción de la carga de trabajo de los reporteros, les hemos liberado efectivamente un día de trabajo adicional cada semana”, sostuvo Quinn.
La herramienta se encuentra en fase de experimentación y se utiliza únicamente para “historias breves y directas” de los suburbios de Cleveland. “Yo sigo esbozando la historia. Yo sigo decidiendo cuál es la noticia y cuál debe ser el tono”, aseguró a The Washington Post Hannah Drown, redactora del Cleveland Plain Dealer.
The Plain Dealer también registró mejoras en el tráfico de su sitio. En detalle, Quinn afirmó estar conforme con una herramienta de IA que transforma podcasts en artículos para la web y que durante 2025 generó 10 millones de pageviews.
IA, ¿aliada o enemiga?
El caso funciona como una muestra del silencioso —pero profundo— cambio que la IA impulsa dentro de las redacciones, tanto a nivel estructural como de negocio. De hecho, el estudio Journalism in the AI era: Opportunities and challenges in the Global South and emerging economies, realizado por la Thomson Reuters Foundation, en el que participaron más de 200 periodistas de más de 70 países, indica que el 52,4% de los encuestados consideró que la IA tiene un impacto significativo en su trabajo.

Sin embargo, el uso de esta tecnología aún genera resistencia e incertidumbre. “Un editor de un periódico que fomenta ‘reducir la redacción de la carga de trabajo de los periodistas’ debería dimitir”, expresó el editor de HuffPost, Philip Lewis. En tanto, el exeditor del Financial Times, Lionel Barber, calificó las ideas de Quinn como “una auténtica estupidez”.
Las inquietudes también tuvieron lugar puertas adentro: cuatro periodistas de The Plain Dealer —que decidieron mantener el anonimato— señalaron que la “creciente dependencia de la IA” afectó de manera negativa la calidad de los contenidos, así como también que los controles previos a su publicación son “mínimos”. Además, varios empleados manifestaron que adoptar IA a su trabajo no es sencillo, ya que las reglas “cambian constantemente”.
La investigación de la Thomson Reuters Foundation pone bajo la lupa esta problemática: el 79,3% de las redacciones encuestadas reconoció la falta de una política establecida para la IA. En este escenario, el 57,6% de los profesionales reveló ser autodidacta, lo que indica una mayor necesidad de formación, según el informe.
“El uso de la IA en las redacciones se va a asentar. La cuestión es cómo las redacciones trabajan en un uso oficial de estas herramientas, y no tercerizan decisiones en cada periodista que las componen porque esa no parece una buena estrategia en casi ningún sentido”, analiza Natalí Schejtman, directora de la licenciatura en Ciencias Sociales de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT).
Bajo esa línea, Schejtman advierte que será fundamental ser “muy explícitos y transparentes en el uso de IA” en pos de “no golpear la confianza de las audiencias”.
Etapa de transición
Para Mariano Blejman, director de la ONG Media Party, el ecosistema de los medios atraviesa una “situación inédita”. “No solo las personas producen contenido con fines periodísticos, sino también las máquinas, y muchas de las cosas que imaginábamos que iban a pasar en dos o tres años, pasaron en seis meses”, comenta a LA NACION.
Y agrega: “Estamos ante los estertores de un sistema que se está terminando y que hay uno nuevo que está naciendo y que no sabemos bien cómo va a ser”.
En ese sentido, el experto explica que la IA habilita a los periodistas a tener “superpoderes”. “Se puede usar IA para procesar imágenes, hacer investigación, procesar documentos, saber quiénes están en una foto y quiénes no”, ejemplifica.
El informe Generative AI in Journalism: The Evolution of Newswork and Ethics in a Generative Information Ecosystem de la agencia de noticias Associated Press detalla que, entre los principales usos de IA, se destaca la producción de contenido escrito, como titulares y borradores (69,9%); recopilación e interpretación de información (21,5 %); y generación de contenido multimedia (20,4%).
No obstante, los expertos consultados por LA NACION remarcan que el criterio humano seguirá siendo esencial. “El ojo periodístico es irremplazable cuando se cruza con el territorio, con las fuentes y con los hechos como un testigo privilegiado. Dar por sentado que el periodista puede prescindir del territorio constituye un caldo de cultivo natural para una despersonalización y automatización de cuestiones del oficio periodístico que tienen alto valor”, reflexiona Schejtman.
En tanto, Blejman menciona que el periodista no debe perder su capacidad de contar historias y conectar con las audiencias a través de ellas. “Ese rol es central, pero hay que asumir que la industria está cambiando para siempre. La IA no te va a reemplazar, sino alguien que la utiliza”, profundiza.
Nuevos desafíos
A pesar de sus ventajas, Schejtman teme que la IA contribuya a una “homogeneización de los contenidos”. “La homogeneización, sumada a la abundancia informativa, va generando una especie de anestesia para los lectores: todo empieza a ser lo mismo, se pierde la idea de fuente, y todo aparece en el mismo formato de la red social en donde la mayoría accede a las noticias”, detalla.
Otro punto que preocupa a los expertos es el riesgo de sesgos y errores en los modelos de IA. Para Blejman, todo entrenamiento —de una IA— “tiene una posición, un punto de vista, un lugar en relación al mundo”. Por este motivo, el experto considera fundamental que los medios incorporen ciencias del comportamiento, emociones y neurociencia a sus redacciones.

“Es para entender que detrás de las personas hay máquinas, y detrás de las máquinas hay personas”, dice. Y advierte: “Hay un desafío muy grande para entender cuáles son las herramientas que usamos. Los riesgos son enormes y las capacidades de manipulación son inmensas”.
El proyecto LATAM GPT surge como respuesta a esta problemática: se trata de una iniciativa que tiene como objetivo construir “un modelo de lenguaje hecho en Latinoamérica, para Latinoamérica”, de acuerdo a su sitio oficial. La propuesta también busca desarrollar infraestructura y conocimiento técnico compartido y crear un corpus de datos representativos de la región.
Sinergia entre humanos y máquinas
Tanto para Blejman como para Schejtman, implementar IA de manera responsable y estratégica será, de ahora en más, clave para el modelo de negocio de cualquier medio. “La sinergia entre humanos y máquinas está ocurriendo no solo en las organizaciones, sino también por fuera, con creadores de contenido que empiezan a crear sus propias herramientas”, desliza Blejman.
En esta línea, Schejtman enfatiza la importancia de no perder de vista al lector y sus valores, en especial en tiempos donde “la competencia de contenidos circulantes en la jungla digital es feroz”.
Y concluye: “Los valores del periodismo no cambiaron, pero para ser relevante en la jungla online esos valores tienen que propagarse y materializarse de manera mucho más rápida y en muchos más contenidos que nunca antes en la historia”.
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