
A pesar de que cerraron una fábrica en el país, el ejecutivo de la firma dice: "No estamos nerviosos"
El holandés afirma que el negocio de la empresa está más allá de los problemas coyunturales de la Argentina
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Hace menos de tres meses que Jan Oosterveld asumió como vicepresidente mundial de Philips y gran parte del futuro de la compañía hoy pasa por sus manos, como máximo responsable de la estrategia corporativa y de la política de alianzas del grupo.
El año último Philips cerró su fábrica de lámparas en la Argentina para concentrar la producción en Brasil. La medida cayó como un balde de agua fría y, pese a las aclaraciones de los directivos de la empresa, se tejieron muchas versiones sobre el futuro de la compañía en el país.
Jan Oosterveld volvió sobre el tema y sus afirmaciones fueron rotundas: "La única forma de defendernos de la competencia es con plantas que puedan competir, y eso a veces favorece a un país sobre otro. Pero que quede claro que fue una medida exclusivamente estratégica que nada tuvo que ver con la situación política ni económica del país. Nos va bastante bien con nuestro negocio en la Argentina y si tenemos las mismas dudas que pueden tener también ustedes sobre la marcha del país, les aseguro que no estamos nerviosos".
El año último Philips cerró el balance más exitoso de toda su historia con ventas por US$ 35.000 millones. Está presente en 60 países, ocupa a 226.000 empleados y durante 2000 invirtió alrededor de 2800 millones de dólares en investigación y desarrollo.
- Frente a este mundo globalizado donde la competencia es cada vez más feroz, ¿cuál es la estrategia corporativa de Philips para no perder presencia en los mercados?
-Estamos concentrándonos cada vez más en los puntos fuertes de la compañía y en los mercados más atractivos. La industria electrónica es la más grande del mundo, es muy diversa, crece mucho y la innovación tecnológica es permanente. El secreto es concentrarse y enfocar bien los negocios de la empresa, y es lo que estamos haciendo en Philips. Hace diez años teníamos veintiún divisiones de negocios y hoy sólo hay seis: pequeños aparatos domésticos, consummer electronics (televisores, audio, video y monitores), iluminación, equipos médicos, componentes y semiconductores.
-¿Cuáles fueron las razones por las que, después de 30 años, decidieron cerrar la fábrica de lámparas en la Argentina para llevarla a Brasil?
-Fue parte de la globalización por la que atraviesa el mundo. Hoy es necesario producir en escala, motivo por el cual hemos tenido que cerrar cinco fábricas de lámparas en América latina para concentrar la producción en Brasil. Es una forma de prepararnos para el avance de China, que en los próximos años será un productor fuerte y seguramente un gran exportador. De modo que la única forma de defendernos es con fábricas que puedan competir, y eso a veces favorece a un país sobre otro.
-Desde que cerraron la fábrica son muchos los que se preguntan si es el primer paso de la retirada de Philips de la Argentina...
-De ningún modo. La medida que hemos tomado obedece pura y exclusivamente a una cuestión estratégica que nada tiene que ver con la situación económica que vive hoy la Argentina. Un ejemplo es la inversión de US$ 15 millones que concretamos el último año en el país, entre otras cosas en la renovación de nuestra planta en Tierra del Fuego. Tenemos las mismas dudas que pueden tener también ustedes sobre la marcha del país, pero no estamos nerviosos.
-Si el mercado no lograra reactivarse en el corto plazo, ¿podrían discontinuar alguna otra línea de productos fabricados en el país?
-Por ahora no. A pesar de todo nos va bastante bien en la Argentina y estamos contentos con la marcha de nuestro negocio aquí.
-¿O sea que para Philips la Argentina sigue siendo un país atractivo para invertir?
-Sí, porque hay 35 millones de personas que tienen un poder adquisitivo respetable. Pero además tenemos un buen posicionamiento en el mercado con una marca muy fuerte que no estamos dispuestos a abandonar. No obstante, estas crisis son coyunturales y seguramente pronto se saldrá de la recesión.
-A la hora de invertir los empresarios demandan reglas del juego claras y un marco jurídico estable. ¿Siente que hoy la Argentina le ofrece esas dos condiciones?
-En líneas generales diría que sí. Claro que siempre hay cosas que se pueden mejorar, pero no nos preocupa el país en ese aspecto.
-Si tuviese que armar un ranking de los países más atractivos para invertir en América latina, ¿cuáles serían los tres primeros puestos de esa lista?
-Claramente México, Brasil y la Argentina.
-¿Las tensiones comerciales entre los socios del Mercosur y la floja performance económica de la región pueden frenar el desarrollo de los negocios de Philips en el bloque?
-No, porque hay muchos consumidores. No olvide que nuestros productos representan necesidades bastante básicas: equipos médicos, iluminación, televisores, equipos de audio. Para ser más preciso puedo decirle que en el 60% de los televisores en el mundo hay chips de Philips, o que en el 70% de todos los teléfonos móviles hay un componente producido por nuestra compañía. Si a esto le sumamos que el Mercosur tiene una población en aumento con mucha gente joven, una economía que debe crecer y un poder adquisitivo que no es del todo malo, para nosotros resulta un negocio interesante. Es más, le diría que lo consideramos entre los bloques económicos más importantes del mundo por la cantidad de gente que comprende.
-¿Qué significa América latina dentro del negocio global de Philips?
-Representa el 7% de nuestra facturación, algo así como US$ 2500 millones.
-La globalización es un campo fértil para las fusiones y adquisiciones. ¿Está en la estrategia de Philips comprar alguna empresa del sector?
-Sí, estamos comprando empresas. En este mismo momento, mientras usted y yo estamos aquí, Philips está cerrando una operación por US$ 1100 millones, que es la adquisición de Marconi Medical Systems, una compañía de equipos médicos. Sólo en este negocio hemos comprado cinco empresas, con lo cual hoy Philips es la compañía más grande del mundo en este sector. Ahora bien, si hablamos del negocio global de la compañía, en los últimos tres años adquirimos empresas por cerca de US$ 13.000 millones.
-¿Están en favor de las alianzas?
- Tenemos un programa estable de alianzas corporativas y estrategias con las diez empresas más importantes del sector. Un claro ejemplo es Sony, si bien somos competidores feroces, antes de lanzar el CD al mercado trabajamos juntos en este proyecto. También hemos compartido el desarrollo de sistemas de otros productos con Hitachi, Matsushita y Panasonic.
-Hace pocos días se concretó una alianza entre Sanyo y Sharp para producir electrodomésticos, ¿cuál será la respuesta de Philips a esta movida de la competencia?
-Lo que está pasando en Japón es un tema interesante. Hoy en día hay alianzas que hace tres años eran impensables: Hitachi y Matsushita trabajan juntos, igual que Toshiba y Panasonic. Esto pasa porque la industria japonesa tiene problemas de falta de escala, costos altos, recesión y competencia extranjera, todo lo cual hace que tengan que juntarse para evitar males mayores. Esta concentración se ve sobre todo en electrodomésticos grandes, donde la competencia de China es feroz y está obligando a construir matrimonios que uno jamás hubiese imaginado.
-China es un fenómeno para tener en cuenta porque se perfilan como grandes competidores del futuro...
-Sin duda. China pronto será nuestro más fuerte competidor, incluso más fuerte que los coreanos. Porque si bien estos son importantes, no tienen un mercado local, cosa que sí tienen los chinos. Para defendernos de esta situación hemos hecho nuestro contraataque muy temprano y hoy por hoy somos el inversor más grande de Europa radicado en China. Allí trabajan 45.000 personas para Philips y calculamos que en cinco años será el país más importante en ventas para nuestra compañía, superando a Estados Unidos y Alemania, que hoy ocupan el primero y segundo puesto en importancia, seguidos por China.
-¿Alguna vez pensó que puedan ser víctimas de un "take over"?
-Podría pasar, pero me cuesta creerlo...
-Hoy en día se concretan muchas operaciones increíbles.
-Es así, pero también es cierto que un "take over" se puede evitar si la empresa marcha bien, porque entonces es tan cara la operación que nadie la puede sostener. De todos modos, como usted dice, uno nunca sabe...
Máxima, una buena reina
Jan Oosterveld es un holandés de 57 años, 30 de los cuales lleva trabajando en Philips.
Se casó y tuvo tres hijos con una española, hija de un empleado de la compañía. Uno de sus hijos es médico pediatra y fanático de la Argentina, donde estuvo algún tiempo realizando una pasantía en Córdoba. Su perfecto español no es sólo producto de su matrimonio. Antes de ingresar en Philips vivió en Barcelona, donde obtuvo un master en administración en el Instituto de Estudios Superiores de la Empresa (IESE). La ciudad catalana fue, también, su primer lugar de trabajo cuando ingresó en la compañía.
Amante del esquí y del golf, se autodefine como una "víctima" de la globalización que no le da tiempo para practicar deportes. "No pasa un día -comenta- que no suceda algo en el mundo que directa o indirectamente no afecte a Philips. Hoy tengo la obligación de leer cada día más y de hablar cada vez con más gente en cualquier parte del mundo. Ya no hay fronteras para los negocios, y nosotros tenemos que estar allí."
Después de haber dialogado durante más de una hora con el ejecutivo holandés la pregunta era inevitable: "¿Cómo la ve a Máxima Zorreguieta como futura reina de su país?"
-Muy bien. Se acaba de presentar en una conferencia de prensa por televisión y se ha ganado el corazón de los holandeses. Lo hizo muy bien, y lo más meritorio es que habló un holandés perfecto, con lo cual ya es casi la más popular de la familia real. Estamos contentos porque creemos que será una buena reina.





