
Afirman que si la Argentina repite la estrategia que tuvo durante la Guerra del Golfo, habrá una recompensa de EE.UU.
Pero, a diferencia del conflicto con Irak, los beneficios no serían tan inmediatos
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Hace unos 10 años atrás, un presidente norteamericano llamado George Bush lanzaba la operación Tormenta del Desierto contra Irak.
La Argentina se sumó a esa coalición aliada contra el régimen de Saddam Hussein y, según un nutrido grupo de analistas políticos y económicos, parte de los buenos resultados económicos que obtuvo durante esa década se originaron en esta participación bélica y simbólica.
En estas horas, otro presidente llamado George Bush ha lanzado otra declaración de guerra, y aunque el enemigo en este caso es más difuso el gobierno argentino comprometió su apoyo para combatir al terrorismo.
En este sentido, el vicepresidente del Banco Central, Mario Blejer, consideró que "si la Argentina toma una posición clara se va a beneficiar" en términos económicos. "Claro que -admitió- a diferencia del Golfo, en este caso casi todos los países se van a alinear con los Estados Unidos."
A pesar de esta generalización, Blejer dijo que la Argentina tiene motivos para exhibir un sello distintivo.
"La Argentina ha definido una posición política muy clara y es el país de la región en más riesgo, al haber sufrido actos terroristas parecidos, como los atentados contra la embajada de Israel y la Amia", explicó el funcionario.
En este sentido, Blejer indicó que "si hay caos acá, los norteamericanos verán que tienen un talón de Aquiles", frente a sus enemigos.
El ex ministro Roque Fernández consideró que las ventajas de un nuevo alineamiento no son tan claras como lo eran hace 10 años, pero aclaró que la Argentina no tiene otra opción.
"Si no participamos, perdemos imagen internacional, porque se repetiría una postura como la que hubo en la Segunda Guerra; por otro lado, sentar una posición clara nos mantiene dentro del statu quo, pero no significa que vayan a venir inversores al día siguiente", opinó Fernández.
Para el ex ministro, "después de algunos años, estas cosas van a impactar muy favorablemente por el alineamiento con Occidente".
Como contracara, Fernández admitió que la Argentina podría perder mercados para sus productos agrícolas en los países islámicos, tal como ocurrió durante el conflicto del Golfo.
El diputado Jorge Remes Lenicov también planteó diferencias entre ambos conflictos. "Más allá de que Estados Unidos nos pueda prestar atención porque somos sus aliados, este ataque proviene de una suerte de fundamentalismo que cambia todos los planteos internacionales", explicó.
El economista Roberto Frenkel prefirió enfocar la estrategia desde otro punto de vista. "No se trata de alinearse o no con Estados Unidos, sino del interés que tenemos en combatir el terrorismo porque nosotros lo sufrimos la década pasada", indicó Frenkel.
Según Frenkel, el ataque de la semana pasada dejó en claro la ingenuidad del planteo inicial de la administración republicana, que pensaba que podía desentenderse de algunos asuntos globales. "En el mundo globalizado Estados Unidos no puede rehuir a su papel de líder, no sólo en el nivel de seguridad sino también en términos financieros. En este campo hacen falta reglas y una conducción que ellos pensaban que no era necesaria", concluyó.






