
Alain Coumont, fundador de Le Pain Quotidien: “Hay mucho para aprender de las dificultades”
El empresario belga, que encabeza una red de 240 restaurantes, sostiene que “lo mejor que le puede pasar a un emprendedor es tener un inicio difícil”; por qué recomienda empezar en un nicho
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“Lo mejor que le puede pasar a un emprendedor es tener un inicio difícil”, asegura el belga Alain Coumont, que en 1990 fundó en Bruselas la cadena de comidas Le Pain Quotidien, que cuenta con 12 sucursales en la Argentina. Hoy devenido en un empresario global, que gestiona 240 restaurantes en 18 países, el chef inició su proyecto con una primera tienda en Bruselas siguiendo un interés personal. “Me resultaba difícil encontrar buen pan, y la única forma era hornearlo yo mismo”, recuerda.
“Empecé Le Pain Quotidien como un hobby. Algunos se van a pescar los fines de semana y yo decidí hornear pan”, relata Coumont, que ahora viaja alrededor del mundo para supervisar el servicio de cada tienda y explorar oportunidades de expansión.

“Creo que el éxito de la cadena tiene que ver con que de alguna manera llegué al negocio del pan desde mi aspiración como consumidor. Como tal, me hubiera gustado tener este pan para el desayuno y básicamente traté de crear ese producto”, describe.
Para Coumont, la clave del crecimiento de un emprendimiento es “trabajar en un nicho”. “Si uno es emprendedor, tiene que ir a lugares donde las grandes empresas no quieren ir, y así el nicho se va haciendo cada vez más grande”, relata.
A su vez, el fundador de Le Pain Quotidien recomienda moderar las expectativas y no frustrarse ante el primer traspié. “Uno aprende poco de sus éxitos y hay muchas más lecciones para aprender de las dificultades y las catástrofes. Mi consejo es que no tengan miedo al fracaso. Si yo fuera un doctor de emprededores, recomendaría un pequeño fracaso en el comienzo”, asegura, e insiste: “El éxito no es el destino final sino la travesía. Si dejás de mejorar hoy, ya no vas a ser bueno mañana”.
En ese recorrido, aprender a lidiar con el crecimiento del proyecto también representó un desafío. Según Coumont, “ir de un restaurant a cinco o diez es fácil, porque como un hombre orquesta lo podés hacer”. “La cosa se pone difícil después, cuando pasás de 10 a 100, porque eso no lo podés hacer solo”, dice el empresario, cuya compañía tiene presencia en 18 países.

Además de supervisar la operación cotidiana, esa expansión impone desafíos administrativos y financieros. “Hay que salir a buscar dinero. Los bancos no te lo dan cuando necesitás y cuando no lo necesitás, intentan darte. Podes encontrar inversores privados pero aunque parezcan buenos tipos en algún punto quieren quedarse con tu bebé. El asunto es como tomar ese dinero y al mismo tiempo seguir teniendo el control”, reflexiona Coumont, aunque asegura: “El gran tema de ser emprendedor es que en el fondo uno no lo hace por la plata. Es la motivación que tiene que ver con cambiar el mundo”.
Por su parte, Nahuel Román, director general de Le Pain Quotidien en la Argentina, describe a Coumont como un “visionario”. “En 1990 en Bruselas armó un restaurante tal cual se puede ver hoy, y lo interesante es que le permitió impulsar el mercado y hablar de productos orgánicos cuando todavía no eran tendencia. Es un big fan de su marca”.
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