Alpargatas continúa su crisis con el concurso preventivo

Solicitó la convocatoria de acreedores por la deuda que no había renegociado
Alejandro Rebossio
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27 de diciembre de 2001  

El peronismo volvió al poder, pero Alpargatas no está de fiesta. Con una crisis de la deuda tan larga y agónica como la de la Argentina, la tradicional fabricante textil y del calzado se presentó ayer en convocatoria de acreedores.

Alpargatas optó por renegociar ante la Justicia la deuda de 33 millones de dólares que mantiene con tenedores individuales de bonos, quienes rechazaron en 1999 la reestructuración del pasivo. La deuda financiera reestructurada representa otros 85 millones. Mientras tanto, la compañía suspenderá los pagos de sus obligaciones, tal como establece la ley en los concursos preventivos.

Las seis fábricas que cerraron al comenzar el año y fueron reabiertas con el correr de los meses seguirán funcionando. Una séptima planta, ubicada en Catamarca, permanecerá cerrada. También continuarán trabajando los 1500 empleados reincorporados.

Otros 3500 han sido suspendidos porque la empresa ni siquiera cuenta con el dinero suficiente para abonarles la indemnización por despido. Los gobiernos nacional y provinciales vienen entregando subsidios a los trabajadores afectados para paliar su situación.

La compañía fundada en 1889, que pertenecía a las familias Gotelli, Clutterbuck y Zavalía Lagos, comenzó su declive cuando en los noventa debió enfrentar la competencia de productos importados de China y Brasil. A fines de 1998, Alpargatas inició una reestructuración de una deuda que ascendía a 638 millones.

La mayoría de los acreedores -incluidos Newbridge, la Corporación Financiera Internacional (CFI, brazo de crédito al sector privado del Banco Mundial) y los bancos- aceptaron recibir el 93% de las acciones de Alpargatas a cambio de los títulos de deuda. Los antiguos accionistas y tenedores de obligaciones negociables se quedaron con el restante 7%. Este acuerdo privado, sin intervención de la Justicia, se cerró en diciembre de 2000.

La licenciataria de Topper deberá renegociar otra vez el pasivo. En un comunicado, la empresa explicó los motivos de la convocatoria: el estado de depresión ecónomica del país (el consumo de indumentaria y calzado cayó en los últimos cinco meses un 16% en centros comerciales y el 13% en supermercados); el alto crecimiento de las importaciones brasileñas, que ahora representan el 45% del mercado de calzado y el 60% del textil; el aumento del comercio desleal (contrabando, marcas falsas, etc.), que abarca hasta el 40% de las ventas; la deuda de 22 millones del Estado por reintegros a las exportaciones (la ex ministra de Trabajo Patricia Bullrich había prometido pagarlos a cambio de la reapertura de plantas), y la imposibilidad de obtener fuentes de financiamiento de capital de trabajo.

Pero la facturación (337 millones en 2000) subió 9% en el tercer trimestre. Se lanzaron nuevos productos de Topper y se decidió la aplicación de contratos de licencias de corto plazo, pero la principal producción de la empresa está concentrada en trapos de piso, frazadas, toallas y, por supuesto, alpargatas.

Un último informe de la calificadora de riesgo crediticio Fitch, de septiembre, la había puesto en perspectiva negativa por los pedidos de quiebra por la deuda pendiente de reestructuración, el flujo insuficiente de fondos, la alta competencia de Brasil y Asia, y la demanda sensible al ingreso de los consumidores y las tendencias de la moda.

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