Alumnos y profesores renovamos la magia de las aulas
Quienes piensan que la inteligencia artificial puede reemplazar al aula no tienen la menor idea de lo que están diciendo
6 minutos de lectura'


Algunas ya empezaron, otras están por comenzar. Me refiero a las clases, en escuelas primarias, secundarias, terciarias y universidades. Algunas son presenciales, otras virtuales; en cualquier situación, cuando quien está al frente entiende de qué se trata, la magia aflora. Pienso en mis maestros y profesores (García, Sastre, Valsecchi, Tami, García Olano, Panzone, Haberler, Dorfman, Leontief, Musgrave, Houthakker, Gerschenkron, Hirschman, Eckstein), supongo que algunos de mis ex alumnos se acuerdan de mí. Quien piensa que la magia del aula desaparecerá con la inteligencia artificial no sabe lo que dice.
Al respecto, conversé con el argentino Rogelio Tomás Pontón (1942 - 2013), quien estudió en la Universidad Nacional de Rosario (UNR). En aquel momento se leían los libros de texto escritos por Francesco Vito y Paul Anthony Samuelson. Cuando estaba cursando el tercer año, Antonio Margariti le facilitó Más allá de la oferta y la demanda, de Wilhelm Röpke. Enseñó en la Universidad Católica Argentina (UCA) de Rosario, y en UNR. Entre 1992 y 2000 fue rector de la Universidad del Centro Educativo Latinoamericano (UCEL), una entidad de la Iglesia Metodista Argentina, iglesia que tiene una orientación no muy inclinada al libre mercado. En 2007, Rafael E. Beltramino y Pablo F. Marchetti publicaron La crítica como método. Ensayos en honor de Rogelio T. Pontón.
– Según Ivo Sarjanovic, usted introdujo la Escuela Austríaca en las casas de estudio de Rosario.
– Hoy (2011) Rosario debe ser la ciudad del mundo con mayor densidad de Escuela Austríaca. Los profesores de la UCA son austríacos, en la UCEL también se puede estudiar la escuela austríaca, hay grupos en la UNR que estudian la Escuela Austríaca. Siempre me interesaron aquellos autores que no estaban en el estrellato. Eso pasó con los economistas austríacos, en especial con Ludwig Heinrich Edler von Mises. Bastó que en la facultad ni siquiera se lo mencionase para que mi interés en él fuera mayor. Lo que más me llamó la atención de dichos economistas era que planteaban una visión global de la economía.
– ¿Qué pasa en las aulas; no estará idealizando la realidad?
– Las aulas, como “la juventud”, constituyen conceptos heterogéneos. Mi experiencia como profesor es universitaria, pero quiero rescatar la idea que Guillermo Jaim Etcheverry le atribuye a Domingo Faustino Sarmiento, quien dice que el maestro de la escuela primaria no tiene que ser un genio. Suficiente que le enseñe al alumno a leer y lo induzca a hacerlo, para que le “abra la tranquera” al mundo, superando muchas veces al propio maestro.
– ¿Qué quiere decir con lo de heterogeneidad?
– Que si tengo 30 alumnos en el aula, tengo 30 personas con sus ideas, pasiones, limitaciones; de manera que tengo que ir a buscarlos allí dónde están.
– Me suena a clases individuales.
– No tanto, lo importante es que cada alumno sienta que está participando, no sólo los más aventajados. Para lo cual la interacción es crucial. Las clases magistrales no sirven para nada; lo que sirve es que el alumno tenga que enfrentar situaciones incómodas, y se prepare para pensar y debatir. No sólo con el profesor, sino también con los compañeros.
– ¿Es cierto que más de la mitad de lo que aprende cada alumno no lo recibe de sus profesores sino de sus compañeros?
– Definitivamente, según mi experiencia. Con más razón el profesor tiene que plantear debates, explicándoles a sus alumnos que se trata de un experimento controlado. Debatir el asesinato no es una invitación a salir a matar; debatir el aborto no es una invitación a salir a interrumpir un embarazo.
– No todos los profesores se atreven a esto.
– No importa. Algunos buenos profesores son prolijos, explican de manera didáctica, los alumnos toman nota y listo; otros buenos profesores son muy desordenados, pero también enseñan a pensar. La formación del estudiante resulta de la combinación de todo tipo de profesores; y nadie puede pretender que en una universidad no haya algunos malos profesores. No es para suicidarse, es para completar la formación, luego de la graduación.
– ¿Qué consejos les daría a los profesores?
– Que dicten personalmente las clases, que hablen de lo que verdaderamente sienten, y que expliquen la versión de los teoremas que entienden. Los alumnos semblantean a sus profesores: el que no viene a clase, dice una cosa y hace otra, o pretende explicar un tema que no entiende, podrá tomar examen pero perdió el respeto (y por consiguiente el interés, que es peor) de los alumnos.
– ¿Clases presenciales o virtuales?
– Las clases presenciales son mucho mejores que las virtuales, sobre todo para los alumnos, porque como dije, la interacción entre ellos es muy importante. Pero aunque las clases virtuales pueden ser peores que las presenciales, son mejores que nada. La geografía manda. No todos los alumnos viven cerca de los lugares donde se imparten clases presenciales. Ejemplos: ¿cómo hace una joven que vive en la ciudad X, para tomar un curso que se dicta en Buenos Aires; cómo hace otra que vive en la Argentina, para tomar un curso que se dicta en Boston, Varsovia o Nueva Delhi? Los horarios también son importantes.
– ¿Cuál será el impacto de la inteligencia artificial sobre las aulas?
– En el proceso educativo, todo está al servicio de la interacción, para aprender a pensar. Que quiere decir observar los hechos, calificarlos como problemas, explicarlos causalmente, para luego imaginar alguna solución. Cómo se prepara un alumno para un debate, si se mira al espejo, consulta con su tío o se conecta con algunas de las páginas web que, según algunos, “saben todo”, no es ningún problema. Porque tiene que concurrir al aula con todo el material, y explicárselo al profesor y a sus compañeros. Para lo cual tiene que entenderlo. Hace algunas décadas calcular la raíz cuadrada de un número era engorroso, hoy cualquier calculadora lo hace en un segundo. La clave está en saber para qué sirve el resultado.
– Usted habla de enseñar a pensar, pero ¿no existe el peligro de adoctrinar?
– Sí, aunque me parece que se puede estar sobreestimando el problema. Tenemos que enseñarles a los jóvenes que se apasionen por sus ideas, pero que ni maten ni se dejen matar por ellas; y que no hay ningún problema en cambiar de opinión, porque la experiencia enseña.
– Sobre la cuestión de pensar, hay una famosa anécdota entre los economistas.
– Paul Marlor Sweezy, marxista, fue alumno y ayudante de investigación de Joseph Alois Schumpeter. Cuando éste falleció, aquel le rindió el mejor homenaje imaginable, de un alumno a su profesor, cuando dijo: “A Schumpeter no le importaba lo que pensáramos, mientras pensáramos”.
– Don Rogelio, muchas gracias.
1El Gobierno otorga un refuerzo extraordinario a la Ayuda Escolar de Anses 2026
2Plazo fijo: cuál es la tasa de interés banco por banco este viernes 27 de febrero
3Revés para el Gobierno: un juez rechazó el ingreso de carne con hueso a Santa Cruz
- 4
Hay 5749 empleados: aprueban un plan de retiros voluntarios en el INTA y definen las condiciones y plazos





