Amigo o enemigo de los números, una dicotomía que ya no existe

El análisis numérico puro da lugar a una interpretación cada vez más rica?de los fenómenos que hay detrás de las ciencias duras
Jorge Mosqueira
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11 de diciembre de 2016  

Los números no sirven. Bueno, no es el caso de las disciplinas llamadas “duras”, porque mal destino tendrían los puentes o los túneles o cualquier otra construcción. Cuando se unieron los equipos de excavación de Francia e Inglaterra, tuvieron un error, en el punto de encuentro, de tan solo 35 centímetros. Muy poco, en relación con los 35 kilómetros de recorrido bajo el mar. No obstante, es significativo más allá de los números. Habla también del desempeño de los ingenieros y operarios que la construyeron.

A este tipo de situaciones se refiere una nota del licenciado Sergio García Mora, en una publicación difundida a través de LinkedIn, bajo el título “Miremos los datos en vez de los números”. Comienza con una anécdota personal: “Cuando ingresé a la carrera de Relaciones del Trabajo y le spreguntaba a mis compañeros por qué habían elegido la carrera, la gran mayoría respondía: porque no había que lidiar con matemáticas y números, y que «padecer» dos cursos de estadística a lo largo de la cursada no era algo tan traumático”.

Es un error frecuente. La aversión por los números produce una profunda ignorancia sobre lo que nos pueden brindar en la comprensión de los fenómenos sociales. En tiempos del “Big Data” o el “Data Minning”, estamos invadidos por información y números que, en sí mismos, no dicen nada. Por ejemplo: 1789 y 1816. Podemos restar el menor al mayor (27), sumar todos uno por uno (41) y realizar todo tipo de operaciones algebraicas sin que tengan demasiado sentido. Ahora bien, si identificamos que el primero pertenece al año de la Revolución Francesa y el segundo a la independencia en la Argentina, el asunto empieza a tomar otro color, pero no es suficiente.

El significado de ambas fechas no se agota en la memorización de cuándo ocurrió, sino que se extiende a entender su significado.

Las empresas, en su mayoría conducidas por ingenieros, contadores o administradores, se apegan al idioma que comprenden. Cuando surgen otras cuestiones que no pueden trasladarse a números puros y se convierten en datos, se empieza a complicar. Por esto mismo es necesario tender otro puente entre los que manejan datos y los que manejan números, entendiendo que los primeros no tienen el mismo grado de certeza como para desviarse 35 centímetros en una distancia de 35 kilómetros.

Por el contrario, una mala interpretación puede producir desvíos enormes y profundos, donde la dotación (entiéndase, la gente) va por un lado y la dirigencia por otro, muy diferente. Tal vez, en sentido contrario.

El asunto nos envuelve de la misma manera respecto de la información que disponemos. Es tan enorme que la cualidad esencial ya no es la misma que las de comienzo del siglo XX. De aquí que Umberto Eco (el extraordinario filólogo, novelista y filósofo), señalara que “Internet proporciona un repertorio extraordinario de información pero no los filtros para seleccionarla, y la educación no consiste solo en transmitir información, sino enseñar los criterios para su selección (De la estupidez a la locura)”.

Este enfoque debería cambiar radicalmente los procesos de capacitación y selección. Un talento pasaría a ser aquel que relaciona conceptos extraídos de datos –es decir, que piensa, reflexiona– en vez de lucir una acumulación de títulos en donde fue expuesto a una memorización de contenidos que puede reemplazarse por Google o Wikipedia. Naturalmente, es un cambio de paradigma que, a su vez, hay que comprender.

jorgemosqueira@gmail.com

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